| Las palabras de Buesa |
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| Por Cesar Sanchez Beras | |
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El Tocadiscos de la RCA Víctor no me deja mentir. El fue el testigo de cargo de muchos desvaríos, el cómplice discreto de muchos amores primerizos, en donde nacería mi amor por el verso, por el buen decir, que para entonces estaba de moda. Yo rozaba la adolescencia y Cupido quería hacer estragos en el botín de mi corazón cual si él fuera el pirata que describe José Espronceda. No tenía entonces conciencia de que autor y declamador a veces son distintas personas, por lo cual Enrique Lizarde era, no solamente el vozarrón que ponía las inflexiones a la voz, como muy pocos, sino que también yo le atribuía en mi ignorancia ese verso llano, pero hermoso, rítmico y simple, abierto como una desgarradura del conuco y prometedor y deslumbrante como una estación de primavera. Yo ensayaba como Lizarde, los versos repetidos hasta grabarlos en la memoria: “Pasarás por mi vida sin saber que pasaste/ pasarás en silencio, por mi amor, y al pasar/ fingiré una sonrisa como un dulce contraste/ del dolor de quererte y jamás lo sabrás...”
“Aquí, solo en la noche, ya es posible la muerte. Morir es poca cosa si tu amor está lejos. Puedo cerrar los ojos y apagar las estrellas. Puedo cerrar los ojos y pensar que ya he muerto. Puedo matar tu nombre pensando que no existes. Ahora, solo en la noche, sé que todo lo puedo. Puedo extender los brazos y morir en la sombra, y sentir el tamaño del mundo en mi silencio. Puedo cruzar los brazos mirándote desnuda, y navegar por ríos que nacen en tu sueño...” El poeta era José Ángel Buesa, quien nació el 2 de septiembre de 1910, en la ciudad de Cruces, actualmente Cienfuegos, en la República de Cuba. Luego supe que José Ángel escribía poemas desde sus primeros años de infancia, influenciado por la naturaleza de su pueblo y por los horizontes marinos que invitan al viaje y al desafió desde las costas de su pueblo. Aquel poeta joven, de vida pueblerina llega a la Habana, capital del sentimiento cubano, meca de los bohemios y poetas, de los músicos que marcarían el ritmo a la música continental. Es aquí, en la Habana, donde el poeta se forja, redobla su pasión por la poesía ante el contacto de otros no menos poetas, ante el bagaje de los clásicos que dan raíz a las alas de sus versos. Para 1932 publica su primer libro: "La fuga de las horas". La suerte le sonríe a los 22 años, todos adoran sus palabras, el poeta que vendría, se anunciaba en este poemario breve que anuncia con su poema “El hijo del sueño”, el gran poeta que sería años más tarde. “…Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más... Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella…”. Quizás el paso más definitorio en la carrera de José Ángel Buesa, fue su llegada a la radio. Su trabajo como locutor, escritor de guiones radiales y su contacto directo con una audiencia heterogénea, le permitió tener el cúmulo de sentimientos diversos que inspira la gente sencilla y de ahí, plantearlo como nadie en los versos apasionados y sencillos con que engalanó el Neo-Romanticismo americano. Sus diferencias ideológicas con la llegada al poder de Fidel Castro, amen de otras circunstancias le hacen emigra de Cuba. Viviría en Centro América, donde dejó el mismo rastro luminoso de caballero de buen decir, de poeta del verso limpio, de la hombría de bien que le caracterizó como poeta y como ser humano, como artista y como ente común. “…Y así, mi amor inútil, con su inútil reproche, se acurrucó en su olvido, que fue inútil también. Como esos pueblos tristes, donde llueve de noche, como esos pueblos tristes, donde no para el tren…” Su obra de un singular romanticismo, fue aclamada por el Premio Nóbel de literatura Juan Ramón Jiménez, quien hiciera algunas antologías de muchos de sus versos, como forma de divulgar su hermosa lira, vertida en las más disímiles estrofas y estilos. . Su vasta obra recogida en números libros ha sido traducida a muchos idiomas, en donde por su calidad y calidez ha sido aclamada como un verdadero portento del Neo-Romanticismo del este continente. Su fama bien ganada de poeta enamorado y celestino entusiasta de los amantes en todo los rincones del continente, contratan con el baldón de cursi que le quisieron endilgar, aquellos que no tenían la estatura de su poesía simple, llana, profunda, humana y aleccionadora. Aunque murió fuera de Cuba, murió en otra patria americana, en República Dominicana en el año 1982. Nosotros, los quisqueyanos que le amamos, lo recibimos y lo despedimos hacia su última morada. Pero el viejo tocadiscos de la RCA Víctor no me deja mentir, todavía quienes oyen a Buesa, en la voz prestada de Enrique Lizarde o de Juan Llibre, saben que están ante un gran poeta de lo simple, que hizo de la palabra vulgar con que hablamos los mortales a diario, unas perlas delicadas colocadas con pericia en el collar de las estrofas. POEMA DEL OLVIDO Viendo pasar las nubes fue pasando la vida, y tú, como una nube, pasaste por mi hastío. Y se unieron entonces tu corazón y el mío, como se van uniendo los bordes de una herida. Los últimos ensueños y las primeras canas entristecen de sombra todas las cosas bellas; y hoy tu vida y mi vida son como estrellas, pues pueden verse juntas, estando tan lejanas... Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita, nos da una sed más honda que la sed que nos quita, pero estoy tan seguro de poder olvidar... Y miraré las nubes sin pensar que te quiero, con el hábito sordo de un viejo marinero que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar. Bibliografía mínima de José Ángel Buesa 1) La fuga de las horas 2) Oasis 3) Nuevo oasis 4) Canciones de Adán 5) Prometeo 6) Alegría de prometeo 7) La muerte diaria 8) Lamentaciones de prometeo 9) Poeta enamorado 10) La vejez de don Juan 11) Odas por la victoria. Comentarios (1)
![]() escrito por Juan Nicolás Tineo, abril 27, 2008
César, me da gusto saber que contribuyes con mis compueblanos. Pese a que crecimos escuchando Buesa, su poesía no es considerada importante en Cuba, quizás por su simpleza y por lo llano de sus versos, pero que lirismo y que sabor a sinceridad hay en sus versos.
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Pero era otro el ídolo secreto, era otro el artífice de aquellas pequeñas perlas, que me llegaban en cuartetas o en sonetos, en pareados o tercetos, pero que tenían esas palabras la magia de hacerme agradable ante las mujeres mayores y hacerme el misterioso antes las muchachas de mi generación. Esas palabras aprendidas del poeta desconocido, me elevaban ante la admiración de los bohemios, porque yo recitaba unos versos, que para mi eran simples palabras bonitas, pero que para ellos eran pedazos de sus vidas, arrancadas a los amaneceres truncos de los bares, a los despechos por amores traicionados, a las traiciones por amigos desleales y que un mozalbete, las traía por los cabellos, para decirlas sin poner el corazón.
