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Por Felipe José Amaro   

San Juan 19,28
Sabiendo Jesús que todo se había cumplido, dijo: Tengo sed.

El divino maestro pende de un madero en el Gólgota, despreciado, humillado, prácticamente destruido anímica y físicamente. Ha pasado las horas más largas de la historia de la humanidad, desde el monte de los olivos inició un largo caminar, lleno de improperios y vejámenes, a un inocente que se entrega voluntariamente a los más crueles de los martirios que jamás haya presenciado la existencia desde la creación. Hemos de imaginar a Jesús luego de salir del lugar de la oración donde le pedía al Padre si es posible pasa de mi esta cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya los que narran los hecho refieren que sudo sangre y que lloró ante lo que habría de pasar.

Desde entonces inicia su martirio físico en camino a entregarse por nosotros para redimirnos del pecado y luego el trajinar injusto con la parafernalia de los juicios y el látigo de sus torturadores y una parte del pueblo aupando ese desastre, despiadado, intolerante, era como una hipnosis colectiva propiciada por aquellos ignorantes sacerdotes que pensaron que el Maestro les quitaría su poder, más El lo dijo en su trayecto “Mi reino no es de este mundo”.

Esta es una Sed de redención a la humanidad, pero también es una sed física su deshidratación es incomparable las horas sin ingerir ni agua solo recibiendo golpes hasta rasgar con los látigos todo su cuerpo donde hubo mucha pérdida de sangre, el largo trayecto con la cruz acuesta con un candente sol, la corona de espinas, los clavos que taladraron sus manos y sus pies, en el momento que gritó tengo sed es porque en verdad el hijo del hombre tenia una fuerte deshidratación. Esta es una sincera expresión de dolor. Esta sed era el tormento propio de los crucificados por eso un soldado al escucharlo puso una esponja en la punta de la lanza y la empapó en agua y vinagre acercando la a los labios resecos del agonizante.

En la santa Palabra no es el único momento donde vemos ha Jesús decir tengo sed, lo vemos en el pozo de Jacob, era casi medio día y venia muy cansado vio acercarse a una mujer que iba a sacar agua del pozo y le dice: “Dame de beber” quien sorprendida le preguntó por ser ella samaritana y El Judío, estos no se trataban con los Samaritanos.   El replicó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice Dame de beber, tu le habrías pedido a El y se te habría dado agua viva. Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed: pero el que beba del agua viva que yo le dé, no tendrá jamás sed; sino que el agua que yo le dé se convertirá en El, en fuente de agua que brota para la vida eterna, para que no tenga más sed” Jesús nos dice a todos “Dame de beber”.

En las palabras del Salmista se trata de sed física, pero en los labios de Jesús la sed entra en la perspectiva mesiánica del sufrimiento de la cruz. En su sed, Cristo moribundo busca otra bebida muy distinta del agua o del vinagre: como cuando en el pozo de Sicar pidió a la samaritana: "Dame de beber" (Jn 4, 7). La sed física, entonces, fue símbolo y tránsito hacia otra sed: la de la conversión de aquella mujer. Ahora, en la cruz, Jesús tiene sed de una humanidad nueva, como la que deberá surgir de su sacrificio, para que se cumplan las Escrituras. Por eso relaciona el Evangelista el "grito de sed" de Jesús con las Escrituras.

No podemos ignorar la anotación del Evangelista, el cual escribe que Jesús pronunció tal expresión "Tengo sed" "para que se cumpliera la Escritura" (Jn 19, 28 También en esas palabras de Jesús hay otra dimensión, además de la físico-sicológica. La referencia es también al Salmo 21/22: "Mi garganta está seca como una teja, la lengua se me pega al paladar; me aprietas contra el polvo de la muerte" (Sal 21/22, 16). También en el Salmo 68/69, 22 se lee:

"Para mi sed me dieron vinagre".

Señor estamos en Semana Mayor…

¿Cuánto significado tiene esta conmemoración-celebración para el mundo Cristiano?

La Semana Santa es el tiempo propicio para la entrega, el recogimiento, la integración familiar, la unidad, la meditación, el Amor..

Es el tiempo para que cada cual sea el símbolo viviente de San Francisco de Asís: un instrumento de tu paz, no un instrumento de violencia e incertidumbre.

La semana mayor es el ocaso ce la cuaresma. Época de entrega y sacrificio del Señor para redimirnos de la maldad y del pecado.

Para muchos este es el tiempo de la preparación, la oración y el ayuno que nos hacen recordar los 40 días del ayuno de Moisés, antes de que el Padre le hablara en el monte Sinaí. Nos recuerda también los 40 días de ayuno con que Elías, representante de los profetas, también se preparó para ver a Dios en el Monte Horeb  , y finalmente, el ayuno de lo 40 días de Jesús.

La semana Santa no es un simple tiempo de asueto… debe ser algo más significativo que esto; algo que nos ponga en actitud de entrega, en actitud de mejorar, en actitud de dar, en actitud de sacrificarnos, de recogernos, de ser más humanos, de meditar, de encontrarnos con nosotros mismos y con nuestros familiares, de hacer actos de fe y hacer al menos una obra de caridad, en nombre del Señor.

Viernes Santo día en que el Sr. Entrega su espíritu y en su quinta expresión desde la cruz el Señor exclama tengo sed que sufrimiento tan grande y todo por la humanidad, ¿y qué hemos hecho por el Señor?

El presidente de USA, J. F. Kennedy en 1963 dijo estas palabras, “No preguntes que tu patria puede hacer por ti, pregunta que tu puede hacer por tu patria”

Orto pensador ha dicho “para cambiar el mundo tenemos que comenzar a cambiar uno a uno”

Si relacionamos estos dos postulados de la historia de la humanidad podríamos reflexionar diciendo que mientras Jesús ya lo visualizaba desde la cruz cuando dice tengo sed, sed de ti, sed de preguntarte:

¿Qué tu haz hecho por ti para lograr tu salvación como hijo de Dios redimido por mi sangre en la cruz?

¿Seguirá la humanidad este derrotero irrefrenable?

¿No cesará el hombre de destruir, de explotar, de dañar, de blasfemar, de corromperse, de pecar?

¿No habrá un cese a tanto desamor, a tanto egoísmo, a tanto materialismo, a tanta maldad, a tanta violencia?

¿Seguirá el hombre como fiera devorando el hábitat y haciendo inservible el ambiente?

¿Seguirá la violencia avasallando al ser humano, en aras de conquistar lo absurdo y vivir en un mundo vacío, sin sentido y de fantasías?

¿Hasta cuándo seguiremos con la inversión de la escala de valores donde Tu ocupas el fondo y la corrupción y los vicios en el tope?

¿Hasta cuándo viviremos un mundo lleno de miserias humanas como las personas que se dedican sin escrúpulos a destruir reputaciones sin importar lo que se lleven por delante?

¿Hasta cuándo por no ser prudentes siguen aumentado los casos de VIH, los embarazos en las adolescentes, la mortalidad materna e infantil, la mortalidad por accidentes de transito?

¿Seguirán los casos de corrupción campeando por doquier por la flojedad de la justicia?

¿Seguirá la violencia intrafamiliar haciendo estragos en nuestra población más vulnerable como lo son las mujeres y los niños, niñas y adolescentes?

¿Seguirán las luchas intestinas de los partidos políticos ocupando un plano nacional, por encima de los verdaderos problemas que atañen a la nación?

Ante todos estos graves planteamiento, Jesús tendrá que seguir gritando  desde la cruz Tengo sed…

¡Cristo sediento en la cruz! Que por tu palabra “Tengo Sed” surja en el mundo, por la conversión personal y colectiva, una renovación grande en la vida de los pueblos. Que nazca una conciencia nueva para que nos sacuda contra la resignación y nos impulse a la responsabilidad; voluntad de cambio moral, social, y espiritual de todo lo que no se debe tolerar más. Que todos escuchemos el clamor de los que sufren y se ven oprimidos y perseguidos. Que estemos presente en el corazón de la sociedad predicando las buenas nuevas a los pobres.

Señor Jesús, eres el mediador entre Dios y los Hombres; no eres obstáculo sino camino; eres el único maestro. Eres Señor el revelador auténtico del Padre, sin ti nada podemos hacer y nada podremos esperar. Tú eres necesario en nuestras vidas. Tú eres nuestro redentor. Tenemos sed de ti, Jesús hijo de Dios a quién iremos sino a ti que tienes palabras de vida eterna?

Señor somos nosotros los que tenemos sed de ti, danos la oportunidad de siempre estar contigo.

Gloria….   Padre nuestro, ave María.

Dr. Felipe Amaro G., MA.

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