Creciendo en Mao (II)Ese mundo mágico del Mao en que crecí era reciente, como he dicho. Apenas unos años atrás, a principios de la década de 1950, el pueblo había comenzado a recibir las amenidades básicas de la modernidad que había traído el Siglo 20 cuando la “yompái” (supongo que era John Pipe) instaló el acueducto. (1)
La electricidad también había llegado al pueblo por esos tiempos, mediante una planta que antes de ser reemplazada por la “luz” permanente que proveía la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), estaba ubicada en la calle Gregorio Aracena; por los alrededores de la escuela primaria Juan Isidro Pérez, cerca de los Rodríguez Rojas: Coplé, Niña y sus hijos; y de Dña. Aleja de Amaro. La planta la regenteaba un señor gordo, llamado Juan. Antes, según me dicen, la misma había estado frente al llamado parquecito “Julia”, ubicado en la bifurcación (o unión, dependiendo de cómo se viaje) de la 27 de Febrero y la Duarte.
La luz no era potente y sólo estaba alumbrado el sector céntrico de la ciudad.
Por vivir en una dictadura, las calles no eran muy transitadas después de entrada la noche. Recuerdo los “cepillos” (2), con dos y hasta tres “calieses” dentro, que como escarabajos de metal se movían lentamente en la penumbra de la luz débil del alumbrado. Según los rumores, los cepillos estaban equipados con potentes receptores y micrófonos tan sensibles que permitían a sus ocupantes escuchar lo que se hablara dentro de las casas. El pánico dominaba, pero ello no era obstáculo para que los muchachos nos divirtiéramos de noche, jugando a las “escondías”, libertad o “camán” (3) dentro de los patios, después que rezábamos el rosario que por ese tiempo difundía la Voz Dominicana, como a las 7 de la noche.
Radio Mao fue inaugurada a principios de los años de 1960. La Voz Dominicana y las emisoras de Santiago suplían el mercado maeño antes de inaugurarse la emisora maeña (que al principio era blanco de relajos como “Radio Mao: la voz antillana que da la vuelta al parque” de parte de la población, por su limitada potencia) y más tarde Radio Santa Cruz. Había algunas emisoras internacionales, especialmente cubanas y puertorriqueñas, que se podían sintonizar en onda corta.
Recuerdo vívidamente las novelas radiales a partir de las doce del mediodía como “Los Tres Villalobos”; “Rafle, el ladrón de las manos de seda”; y alguno que otro libro clásico narrado. Recuerdo, además, los programas de chistes en las tardes en que se destacaban Verdaguer, un cómico argentino (4); el panzón panceco; Manolín y Chilinski; Tin-tán y Marcelo (Mejicanos) y la “Tremenda Corte”, con Tres Patines. Como a las dos de la tarde radiaban el Informador Policiaco, donde a diario Rodriguito recreaba alguna riña de barrio o de provincia: “…y todo marchaba muy bien, hasta que un dííííííaaaaa….”, rastrillaba Rodriguito y ya sabía uno que venía lo bueno de la narración: un pleito a machetazos, a patadas, a cuchillazos o a mordidas en que quedaba una cantidad de heridos que metía miedo. Al final decía Rodriguito: “… yyyy la vida no se detiene… prooosiiiigue su agitado curso…”. El éxito del programa era increíble.
A las seis de la tarde le tocaba el turno a “Felipa y Macario”, programa de estampas campesinas. “Heroína, cola ‘e pato, sin zapatos, ay mamá; Heroína cuando venite, Heroína cuando te va; mi compadre yo vine anoche, y me voy poi la madrugá…”, llegué a escuchar en ese programa.
A ese mundo tierno y reciente llegó el teléfono para uso generalizado a finales de la década de los años de 1950. Ya antes, en el Hotel Central de Dña. Tatá, según me cuentan mis hermanos, había un teléfono que ella usaba comercialmente y así se comunicaban los interesados con otras partes del país. El Hotel Central estaba ubicado en la calle Duarte, por las inmediaciones de la Farmacia Bogaert, casi llegando al parque de recreo. Supongo que la Grenada Company tenía su red de comunicaciones privadas, como tenía sus equipos para la producción y cuido del banano, entre los que se contaban helicópteros para fumigar con “perenó”.
Al principio, todos los teléfonos eran negros y nadie tenía número asignado. Para llamar, el usuario le daba a una manigueta que estaba colocada donde más tarde estaría el disco marcador, y al accionar la manigueta se comunicaba con la central, manejada por una eficiente operadora, que conectaba unos hilos gruesos color vino o negro con terminales de metal que parecían balas, (sólo que más largos y más finos), los cuales se enrollaban y permanecían cabeza para arriba cuando no estaban conectados al panel vertical que servía de conmutador comunicador. Recuerdo como operadora a Yanela Reyes, y luego a Claritza Estévez (Claritza de Almánzar), pero no estoy muy seguro. La central la recuerdo ubicada en la calle Duarte, cerca de mi casa paterna, entre el medio de lo que después sería la librería Mao, por un lado, y la Asociación de Ahorros la Noroestana, por el otro. En esa misma casa vivieron los Estévez: Claritza, Roberto, Fanfa, Niurka (o Norca). A principio de los años de 1960 Mao fue dotado de una central automática, con conmutadores de “relays” que permitían la comunicación directa de un teléfono a otro. Bastaban tres números para comunicarse en ese entonces.
A pesar de que en la capital la Voz Dominicana —canal de televisión y Radio que regenteaba Petán Trujillo, hermano del “perínclito” jefe—, había existido por más de una década, hasta que no se montó una antena repetidora en el Cibao, no pudimos ver televisión en Mao. La Voz Dominicana celebraba su aniversario de fundación con una semana de fiestas para las que traía artistas de todos los confines de la tierra.
En nuestro vecindario, creo que sólo tenían televisores Dña. Jane Bogaert y Lucila Vda. de Bogaert, donde llegué a ver a Tom & Jerry y todos esos muñequitos que hasta la fecha a veces disfruto y uno que otro show de la Semana Aniversaria. Recuerdo a la despampanante actriz italiana Silvana Pampanini darse un “baño de leche” en uno de esos programas. Por los alrededores de 1960 llegué a ver televisión donde el amigo, (más que amigo, hermano), Gregorio Castillo, parte importante de la pandilla de tigueritos del vecindario. Recuerdo que no salía de su casa, pues una de sus hermanas me ponía de remate; aunque ella nunca lo supo. Una de las películas que vi en su casa fue “El corazón no miente”, que nos sacó a todos un río de llanto. El tema musical de la película luego lo grabó Niní Cáffaro. Todos los shows eran en blanco y negro, por supuesto. Después hubo otro canal de televisión, también en la capital, Rahintel, Canal 9, si mal no recuerdo. Color Visión se inauguró en Santiago, mucho tiempo después. (Continuará)
NOTAS: (1) Mi propósito aquí no es la corrección histórica, sino describir el ambiente. Estoy seguro que los miembros del Comité de Historia de Mao podrían dar una versión histórica más correcta de la que presento. (2) El pueblo llamaba Cepillos a los carros Volkswagen, que fueron los preferidos del SIM (Servicio de Inteligencia Militar). Se decía que la preferencia de esos vehículos por parte del grupo represivo se debía a que, como los anfibios, eran capaces de andar en agua y tierra. (3) El “camán” (“quitimani” o arriba las manos), era una combinación de películas de vaqueros y persecución policíaca en que dos bandos se perseguían en la oscuridad, “pistola” en manos; a veces había “pleitos” y se tomaba prisionero al perdedor o perdedores. Un bando era ganador cuando tomaba a todo el bando contrario prisionero. Liberar los prisioneros de un bando era una misión que daba al juego uno de los momentos más excitantes, pues requería planificación, audacia, habilidad y fuerza, por las luchas cuerpo a cuerpo que requería. (4) Verdaguer se caracterizaba por sus chistes secos, a los que había que poner atención para entender, pues los decía en sucesión de metralla, sin inmutarse. “Che, en este mundo, todo está al revés”, decía en su acento argentino. “El pobre quisiera ser rico, las mujeres quisieran ser hombres, algunos hombres quisieran ser mujeres; el soltero quisiera estar casado… y el casado quisiera estar muerto”.
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Estimado Ing. Raposo,
Es un honor saber de usted, muy distinguido ciudadano; espero sinceramente que esté usted bien en todos los sentidos. Como maeño, me siento orgullosísimo de Radio Mao, por lo que es y por lo que representó en un tiempo difícil de nuestra historia. ¿Quién que lo viviera puede olvidar las "Croniquillas de Radio Mao" de Pujols y Sanabia? Es más, Luís Julio Vargas tenía un programa "Así es Mao, alegre y musical", cuyo tema musical, Java, con el trompetista Al Hirt, después de más de 30 años, todavía resuena en mis oídos.
Mi comentario (una ínfima parte del escrito) no fue de manera alguna ponzoñoso. Como cronista me limité a recoger los comentarios (estúpidos quizás) que oí en mis tiempos de muchacho; sepa usted que esas Cosas de Mao que escribo son antes que nada jocosas y producto de las memorias y vivencias que atesoré en mi desarrollo y no deben de manera alguna interpretarse como historia.
Le pido disculpas si ofendí su orgullo profesional y de padre de la radio maeña; no fue esa mi intención. Le prometo que publicaré su aclaración y este comentario que hago en ese otro órgano importante de difusión que es www.maovalverde.com. Gracias por leer.
Ahora que estamos en comunicación, la cual espero no se rompa, pues me merece usted un gran respeto, ¿qué le parece si escribe la historia de Radio Mao y la publicamos en la página? Sería una gran aportación a nuestra historia como pueblo. Anímese.
Una vez más, le pido encarecidamente me disculpe si crucé alguna linea indebida. Espero me pueda tener entre sus amigos. Gracias por tomar de su tiempo para escribir.
Sinceramente,
Isaías Medina Ferreira