Piquilin PDF Imprimir E-Mail
Por Isaías Medina-Ferreira   

Le decían "Piquilín", cariñosamente "Piqui", vivía en el barrio el Rincón, era de profesión "Chofer", y manejaba un camión de don Miguel Peña, su cuñado. El banano y el arroz eran los principales productos del Mao de los años de 1950 y 1960. La producción y transportación del banano era entonces un negocio rentable y don Miguel participaba en éste en pequeña escala; digo pequeña, porque en esos tiempos la Grenada Company, con asiento en Mao y Montecristi, dominaba el negocio en toda la línea.

Casi todas las semanas llevaba Piqui su camión atiborrado de guineos a la capital, que era la mayor plaza de actividad y consumo. Piqui era jovial y un hombre decente, pero le gustaba “empinar el codo” y cuando lo hacía no consideraba una falta abusar de la confianza de su cuñado, quien al fin y al cabo, tenía cuartos. Debido a esa manera de actuar y pensar de Piqui, era una preocupación constante de don Miguel que éste borracho se fuera a accidentar, o que, como había pasado anteriormente, se fajara a beber una vez vendidos los guineos.

Las andanzas de Piqui tenían a don Miguel más que molesto, hasta el punto de que lo había despedido hacía ya dos semanas, cosa que Piqui, con una familia que mantener, estaba dispuesto a cambiar, por lo que se desvivía en promesas para que don Miguel borrara cualquier pensamiento negativo que pudiera haber generado su más reciente borrachera en el Casino Bar de don Faustino Rodríguez,  en el Rincón, lo que causara retraso de un día en el último viaje que debió dar a la capital y por lo que don Miguel registró pérdidas.

Los razonamientos de Piqui hacían sentido: “Miguel, nadie conoce el camión y la carretera mejor que yo”; “yo me sé to’ los trucos; tú lo sabe… tú sabe que a mi no me engañan como engañan a Cristino”.

"Está bien, Piquilín", le dijo don Miguel al fin, resignado, "vas a llevar este viaje; pero eso sí, Piqui, ¡óyeme bien!; este puede ser tu último viaje a la capital en mi camión…  lo primero que vas a hacer cuando hayan desmontado los guineos, es ponerme un telegrama, dándome todos los detalles del viaje y a cómo se vendió".

En eso quedaron y arrancó Piqui de madrugada, feliz de estar trabajando de nuevo, de Mao para la capital, con su cargamento, dispuesto a no faltar a la promesa que había hecho al cuñado.

Pasó el día, y no llegan noticias de Piqui. Llega el otro día, y nada. “Hasta aquí llegó”, decía don Miguel con ira una y otra vez, “¡Hasta aquí llegó el enano ese!”.

Como a eso de las 4 de la tarde del segundo día recibió don Miguel un escueto telegrama que decía: "Miguel: guineo vendío; el Piqui prendío”.

NOTA: El Casino Bar, de Faustino Rodríguez, quedaba en la calle Sánchez #3 o #5, casi llegando al canal Bogaert, en el Rincón.

Comentarios (2)Add Comment
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escrito por Isaías, enero 15, 2008
La calle donde estaba el Casino Bar no era la Sánchez, sino la Mella.
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escrito por Amauris Espinal, junio 06, 2007
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Que risa con esta historia. JAJAJAJAJAJAJAAJAJAA
Socio, la verdad es que existian unos personajes bien pintorescos antes, que pena que ya no esten con nosotros la mayoria de ellos. Usted deberia hablar de alguno de esos que se encuentren con vida tambien, por si uno se los encuentra por la calle y puede reconocerlo.

Felicitaciones por esta sección, me gusta mucho.

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