PDF Imprimir E-Mail
Cosas de Mao
Por Isaías Medina-Ferreira   

Velas, velorios, rezadores y Pancho Quezada

(Para Miguel de Jesús Rodríguez)

La muerte, acontecimiento natural, concluyente e inevitable de todo ente vivo, por ser misteriosa, es acogida por los humanos con todo tipo de ritos de despedidas para el occiso. De esos ritos, en la tradición católica en primer lugar están los rezos, tanto en el velorio como durante los primeros 9 días de haber ocurrido la partida, para alivianar y limpiar el alma del “viajante” a fin de hacer su paso por el purgatorio lo más breve posible y allanarle el camino hacia el cielo.

Aunque la muerte es motivo de sentimientos de recogimiento y respeto, es también motivo de irreverencia y por eso decimos que el que muere estericó la pata, pateó la bacinilla, se le vació el “aljibe”, estericó los tenis, firmó con los Angelinos, se lo llevó la flaca, vendió a cuatro, firmó con los Carmelitas, colgó los guantes, se fue pa’l carajo o dijo adiós a este mundo cruel e ingrato.

En Mao, como supongo que ha habido en otros pueblos, esa combinación de respeto e irreverencia muchas veces creaba un ambiente raro en que se juntaban los dolientes, con razón compungidos por la partida del ser querido, los rezadores, y aquellos a quienes les gustaba la chercha y veían en el velorio o los rezos una oportunidad más para gozar haciendo sus chistecitos y riendo, unas veces disimuladamente, y otras, descaradamente, a carcajadas.

Recuerdo que en Mao había rezadores y rezadoras profesionales, no porque cobraran (aunque tampoco decían que no si le mojaban las manos), sino porque eran experimentados o tenían buena voz y cadencia para el rezo. No olvidemos que en ese tiempo el latín era todavía la lengua predilecta de la iglesia Católica y no era cualquiera que podía decir “Per Secula Seculoroum” (1) lo cual las viejas, con razón, confundían con “pero me acecha socorro”. Algunos de ellos eran considerados “estrellas del rezo” y estaban en casi todos los velorios. Además del (o la) rezador(a) central, había todo un elenco de señoras devotas (entre ellas viudas y descuidadas por San Antonio o simplemente almas desdichadas y ajadas por la tristeza de la soledad) que al parecer encontraban aliciente en esos hermosos momentos de comunicación con el Señor y estaban presente en casi todas las novenas y velorios, y una serie de jodones que iban a hacer cuentos y a disfrutar del criollo don Pancho Quezada (pan y queso blanco) o del italiano don Pancho Salami (pan y salchichón) con café (o jengibre) que era parte del rito y una forma de los familiares agradecer a aquellos que los acompañaban en su duelo.

En las “velas” de los nueve días, o del aniversario, por lo regular daban comida. Algunas de esas velas eran verdaderos banquetes en que mataban vacas o puercos y daban “romo”, dependiendo de la situación económica de los dolientes, lo cual añadía otros actores al elenco: los comilones del pueblo como Segueta, Marrañao, Mandufe y René, que a veces armaban su propio show buscando posición de manera que pudieran comer más de una vez.

Aparte de la abundancia de cuentos, las novenas, nueve días y velorios eran un foro de murmuraciones y chismes de parte de las señoras (y hasta señores) presente: “¿Viste a fulanita como estaba vestida? ¡Qué  viuda!…”. “Mira, mira que desfachatez. ¿No pudo encontrar otra cosa para ponerse?” “¿Viste la hija de zutano comiéndose con el novio?”. “Ay, ¿sabes quien quedó encinta?...”. “Coño, ¿cuánto le pagarían a esa pa’que llorara?… ¡con qué gusto lo hacía!... ¡el millero de la viuda tiene unos cuantos kilómetros corridos, pero todavía le queda algo!...  ¿Usted se atreve a hacerle algo?... ¡Qué si me atrevo!, y así sucesivamente.

En Mao había varios rezadores y rezadoras experimentados. De las rezadoras recuerdo a Fefín, creo que la mamá de Ñobo; y de los rezadores recuerdo a Niño y a un muchacho que le decían “el santo”, ambos de El Rincón. El santo era un católico practicante, que por no salir de la iglesia todos creíamos que se había ganado su viajecito sin escala al cielo; Niño, si bien iba a la iglesia, no era tan allá en esos menesteres y era un poco pintoresco y suelto de la lengua. No era raro que en medio de un rezo “… santa María, madre de Dio…”, Niño metiera un “… a perro ei diablo, carajo…” y siguiera como si nada rezando “… ruega poi nosotro lo pecadores…”, o tirara un “… ¿y cuándo e que van a dai ei pan y ei café?”; o si no, “… mira muchacho’ ei diablo, apéate de ahí, infajnate…”. Todo un espectáculo… y que me parta un rayo si miento.

Un grupito de adolescentes creíamos una obligación “sacrificarnos” y cumplir con asistir a los velorios, no importa de quién fuera ni cuán distante tuviéramos que ir. Las velas de nueve días y novenas no nos atraían, pues lo de nosotros no era rezar, sino joder. Nuestro líder e informador de las muertes acaecidas en Mao era Papito Rincón, quien en el parque nos informaba “Pancho Quezada en las 300… o el Rincón…o Sibila”, o cualquiera que fuera el lugar. Por supuesto, como sólo íbamos a hacer cuentos y a reírnos, tuvimos más de un problema con familiares que sintiéndose ofendidos se incomodaban y nos llegaron a sacar de mala forma.

Nuestro “sacrificio” en los velorios duraba hasta las 12:00 de la medianoche, a más tardar las 12:30, después que daban el Pancho Quezada, o Pancho Salami, y el café o jengibre. Creo que la última vez que nos “sacrificamos” fue cuando Papito, al ver que era casi la 1 de la madrugada y no hacían el brindis, se paró y proclamó de manera que todos lo oyeran: “Vámonos de aquí, muchachos… estos malagradecidos ni siquiera café tienen para brindar….”. Los del grupo, al ver que a Papito le pararon el discurso en la palabra brindar con un tremendo pescozón en la nariz que lo puso a sangrar profusamente, más por decencia y respeto que por miedo, (¡Unjú!), no queriendo armar allí un lío (¡y era fashi!), sigilosamente comenzamos a evacuar el lugar uno a uno, cuidándonos de no dar a entender que andábamos con Papito, caminando lento primero, trotando después, y al final cogiendo la velocidad de Miguel Diloné al doblar la esquina, sin mirar hacia atrás, jurando nunca más volver a “sacrificarnos” en ningún otro velorio. Al fin y al cabo, ¿para qué sacrificarse por el prójimo si tomaba uno el riesgo de ser agredido? Y de verdad, nos sentíamos ofendidos e incomprendidos.

NOTAS: (1) Frase en latín que quiere decir Por los siglos de los siglos, o eternamente.




Isaias Medina Ferreira
http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html

 

Comentarios (6)Add Comment
...
escrito por Humberto Perdomo, enero 20, 2008
Una corrección Isaias, creo que se llamaba FIFIN, no FEFIN.Se trata de la misma persona, mamá de ñobo.
...
escrito por MANUEL MARMOL, enero 18, 2008
AQUI ..en los cajuiles fue notoria la precencia de BARTOLO[ EPD.] con su hermosa letania, el cual tambien de vez en cuando aprovechaba para lanzarle [cual recta de PEDRO MARTINEZ..en su epoca] un BOCHE al mas bonito.. dentro del grupo de cuentista de amanecida esta vigente todavia el popular VISONTE.. el cual trabaja como los vehiculos de combustion interna..con combustible : ES DECIR HAY QUE BUSCARLE SU POTE acompaÑado de picadera..
...
escrito por Miguel de eJesus, enero 16, 2008
En una oportunidad le pedia que nos realtara algo de rezadores por lo que me siento complacido,conoci a niño,hay una señora pariente de pequeño el abogado,creo que es su madre,vive en las 18 se llama Altagracia,ella conjuntamente con mi tia fallecida de nombre Antonia Rodriguez enfermera de prfesion,Amantina la de ojitos verdes que viva al terminar la bajada del jimenoa,Josefa la madre de Ercilia ,esposa de Betti Reyes,Gengo suegro del musico Ricardo Gutierrez,Bartolo el de los cajuiles que tambien con una campanita sonandola llamaba la atencion de los niños que atraidos por el tilin tilan lo seguian hasta la iglesia para oir misa,ese grupo en los que hay algunos fallecidos formaron una epoca donde brillaron por el estilo peculiar de hacer las horas santas,recordar es vivir,lider me gusto esa columna y en cuanto a los cuentos habia un señor llamado Molina que era una estrella en los velorios,en parte era agradecido por los familiares pues era una forma de que la gente amaneciera
...
escrito por Moncito, enero 16, 2008
Esto está mortal... cuanta risa, mi Dios.
...
escrito por MP, enero 15, 2008
YO ME HE TRASNOCHADO POCO EN VELORIOS,PERO LAS VECES QUE LO HICE,TOME CAFE,PAN,JENGIBRE,RECUERDO QUE UN UNO DE ESOS ALGUIEN SE LE OCURRIO HACER UN ASOPAO DE PICAPICA,EN VERDAD YA HOY EN DIA SON POCOS LOS QUE AMANECEN CON ESTO DE LAS FUNERARIAS,PERO LA MAYORIA QUE ANTES AMANECIA ERA PARA ESCUCHAR EL CENTENAR DE CUENTOS QUE SE HACEN

MARGARITA
...
escrito por Isaías, enero 15, 2008
Humberto, me preguntabas en otro Cosas de Mao si conocía a la vieja Fefín; sí la conocí, era la mamá de Ñobo y si no me equivoco hasta familia mía sale por parte de mi madre, Felicia.

Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley

busy