1.¿Quién Es el Espíritu Santo? Esto tiene que ver con su personalidad. Queremos dejar claro que el Espíritu Santo es una persona. Contrario a lo que piensan algunas sectas como los Testigos de Jehová, el Espíritu Santo es una persona, y no una “fuerza activa”. Una fuerza no tiene personalidad porque no posee los atributos que identifican a una persona.
Podemos ver claramente en la Biblia que el Espíritu Santo: a) tiene sensibilidad (Efesios 4: 30), b) posee intelecto (Romanos 8: 27) y c) manifiesta voluntad (1 Corintios 12: 11). Además, cuando nos referimos a las acciones comunes de sus operaciones entre los hombres salen a relucir con indiscutible evidencia, características solamente atribuibles a una persona. El Espíritu Santo: a) reveló a los apóstoles todas las cosas que Jesús dijo (Juan 14: 26) y toda la profecía (2 Pedro 1: 21); b) enseña todas las cosas (Juan 14: 26); c) atestigua (Gálatas 4:6); intercede (Romanos 8: 26); habla (Apocalipsis 2: 7); ordena (Hechos 16: 6-7); testifica (Juan 15: 26); se contrista (Efesios 4: 30); se le puede mentir (Hechos 5: 3) o se le puede blasfemar (Mateo 12: 31, 32).
Se sabe de algunos predicadores modernos que enseñan que el Espíritu Santo puede tener un cuerpo. Esto es una herejía y una falta de sentido común. La Biblia claramente nos revela que la imagen misma de la sustancia de Dios es Jesucristo. Es al través de él que Dios se ha hecho visible al ojo humano (Hebreos 1: 3, Colosenses 1: 15). El Espíritu Santo no está limitado a nuestra dimensión espacio-tiempo; Jesucristo sí se sujetó a esta condición por la naturaleza de su obra en favor de nosotros ( Filipenses 2: 6 – 8). Aunque se utilicen figuras, como la paloma, para representar o simbolizar la presencia del Espíritu Santo, esto no quiere decir que tenga un cuerpo. Su operación es trascendente más allá de los límites de nuestra imaginación y concepción finita. En la Biblia encontramos alusiones al Espíritu Santo que lo identifican plenamente con los mismos atributos de Dios: Es eterno, no tiene principio ni fin (Hebreos 9: 14); omnipotente, que todo lo puede (Lucas 1:35); omnipresente, está en todas partes al mismo tiempo (Salmos 139: 7) y Omnisciente, lo sabe todo (1 Corintios 2: 10, 11). El Espíritu Santo definitivamente no es una cosa de poder, sino una persona. El Espíritu Santo es nuestro Consolador, nuestro compañero fiel, que siempre está a nuestro lado. Es él quien hace posible que la promesa del Señor Jesús sea una realidad en nuestras vidas: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28: 20b). En este sentido el Espíritu Santo nos ha sido dado en el lugar de Cristo, es su presencia en nosotros, con nosotros y por nosotros. El Señor está obrando en nuestras vidas al través de él. 2.¿Qué Hace el Espíritu Santo?En la creación, en el Génesis, la Biblia nos dice que “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1: 2); o sea, que el Espíritu Santo es responsable de la creación. Además, fue el Espíritu Santo quien reveló las Escrituras a los hombres de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (2 Pedro 1:21). Dios ha enviado su Espíritu para que haga la obra de Cristo en el ser del hombre a fin de hacerle capaz de agradar a Dios y llevarle a una relación plena con él. En ese sentido el Señor Jesucristo nos dice que el Espíritu Santo: (1) reveló y/o recordó todas las cosas que Jesús enseñó a sus discípulos ( Juan 14: 26); (2) convence al pecador de pecado, justicia y juicio (Juan 16: 8- 11); (3) guía a toda la verdad (Juan 16: 13). La obra del Espíritu Santo procura nuestra regeneración y nuestra santificación o perfección cristianas. Cuando uno se convierte, hay muchas cosas de la naturaleza pecaminosa que deben ser dominadas; nuestro carácter debe ser sometido a la voluntad de Dios. Para que eso pueda ser posible el Señor nos proporciona por su Espíritu las herramientas necesarias. Estamos hablando del fruto del Espíritu Santo, que se irá haciendo parte de nosotros e irá moldeándonos a la manera de Dios. En Gálatas 5: 22- 23 se encuentra la lista de las virtudes que nos hacen falta, y son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Sin el Espíritu Santo, ningún creyente puede satisfacer a Dios en nada. Según Billy Graham, “todos los cristianos debemos entender nuestra propia relación con el Espíritu Santo: Hemos nacido del Espíritu Santo (Juan 2: 6, 8). Dios nos ha dado el Espíritu Santo (Juan 14: 6; 16: 7). Somos bautizados por el Espíritu (1 Corintios 12: 13). Somos templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6: 19, 20). Hemos sido sellados por el Espíritu Santo (Efesios 1: 13)”. El Espíritu Santo imparte dones a los creyentes para su desarrollo personal y para la edificación de la iglesia. El creyente debe ser capacitado en una serie de actividades que son requeridas para completar la obra de Cristo en su cuerpo (la iglesia). Estos dones son variados y con determinadas especialidades, para ser usados según sea la necesidad de la obra y el propósito de Dios en un momento y lugar específicos. Con relación a los dones podemos decir brevemente que: (1) cada creyente posee por lo menos un don (1 Corintios 12: 7, 1 Pedro 4: 10); (2) todos los creyentes no tienen todos los dones (1 Corintios 12: 28- 30) ; (3) todos los creyentes no tienen que tener el mismo don, pero el don de profecía (predicar) es el único don que todos debemos procurar o desear tener (1 Corintios 14: 23- 26). Con respecto a los dones, existen muchos pasajes que nos dan detalles acerca de cuántos son, el orden en que han sido dados y el uso que cada uno tiene. Pero esto debe ser objeto de un estudio especial. Sin embargo, una cosa es bueno decir: el don de apóstol fue uno especial y determinado exclusivamente para los doce hombres que el Señor Jesús eligió para que anduviesen con él. Aunque los apóstoles hicieron una elección al azar para elegir el sucesor de Judas (Hechos 1: 12- 26) es claro que el elegido por el Señor fue Pablo, según lo atestigua la propia Escritura (1 Corintios 15: 9), porque fue llamado por el propio Jesucristo en persona, como los demás del grupo. Hoy existen predicadores que se hacen llamar apóstoles. Estos están equivocados, puesto que la exclusividad del apostolado se corrobora en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, donde los apóstoles aparecen representando al pueblo de Dios del Nuevo Testamento en la manifestación de la gloria de Dios en el cielo, y el número específico, cargado de gran significado, es aplicable únicamente a los 12 apóstoles conocidos.
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