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La cultura de los colmadones |
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Por Leandro Gonzalez
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¿Qué es un colmadón? Es la metamorfosis que ha sufrido un colmado, un lugar de expendio de comidas, al transformarse en una barra, un lugar de expendio de bebidas alcohólicas. O sea, un colmadón es lo que antes era una barra; y una barra era un lugar de mala muerte, donde la gente amargada iba a ahogar sus penas oyendo bachata, que eran canciones de amargue, cuyo contenido evocaba la queja de un hombre o una mujer despechados.
Esas cosas de las que les hablo las veíamos cuando éramos muchachos los que ya hoy tenemos más de cuarenta años. Y eso no era nada bueno en esa época, era un ambiente que invitaba a la vida licenciosa, fácil, barata. Allí iban sólo personas que tenían poca estima por la vida y que buscaban sólo el placer pasajero y mezquino. Las barras fueron sacadas del ámbito urbano por considerarse ofensivas a la moral y al pudor, y un mal ejemplo para niños y jóvenes. En ese tiempo la gente pensaba en el futuro, en lo que sus hijos debían heredar como fortuna espiritual.
Aquellos lugares llegaron a ser sitios de citas impropias, encuentros pecaminosos y escándalos que mostraban la falta de vergüenza de la sociedad de entonces. Veo que los famosos colmadones de hoy corren vertiginosamente ganándole la carrera a las barras de entonces.
Pero los colmadones tienen una particular característica que los hacen más peligrosos, y es el camuflaje de colmado. Allí se tienen que mezclar las mujeres y los hombres de cierta reputación con personas de malas costumbres, teniendo que soportar infinidad de veces situaciones muy desagradables. Y lo peor de todo es que todo ese ambiente se propicia ante la mirada indiferente de las autoridades, las mismas que tienen la obligación de impedir que uno tenga que soportar tanto desatino. Ojalá que no le estemos pidiendo peras al olmo.
Pero alguien tiene que ponerle freno a esta poca vergüenza e irreverencia social que son los famosos colmadones, una cosa rara que molesta desde que uno se levanta hasta que uno se acuesta y más allá, rompiendo el sosiego y la paz. Me he estado quieto, sufriendo esta cosa molestosa que invade mi ciudad (porque yo también soy ciudadano de este país y tengo derechos), y que maltrata mis tímpanos y ofende mi sagrado espacio donde tengo que vivir.
Sería muy fácil irme, mudarme, pero tal vez no es tan fácil como parece, o quizá no es lo que deba hacer. Quien abandona pierde, y quien calla otorga. Por eso quiero decirlo, por si acaso alguien se une a mi preocupación. ¿Qué clase de país estamos permitiendo que se geste con todo este desenfreno?
Y lo peor de todo, y lo triste es que existen leyes que regulan todo esto, pero como ocurre con muchas cosas en este nuestro raro país: las leyes están ahí, pero no se cumplen, y las instituciones están constituídas por funcionarios que no funcionan. Tengo muchas otras cosas que decir, pero por ahora creo que está bueno.
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Todos los barrios estan lleno de estos asquerosos sitios, que no permiten la tranquilidad para que los ciudadanos decentes puedan dormir tranquilos, pero la verdad que el que más rabia produce es el que se refiere Isaias, a dos casas de Don Vitalino y a media cuadra de la gobernación provincial. Quién lo hubiera dicho hace 20 años atrás, una barra de mala muerte en el centro de la ciudad?
Por la indiferencia que muestran las autoridades,creo que
tendremos que apelar a Chapulin Colorado y su consabida frase "Y AHORA QUIEN PODRA DEFENDERNOS".