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Por Leandro Gonzalez
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Ya hemos hablado de la fatídica suerte que nos ha tocado a los dominicanos sufrir en pleno siglo XXI, me refiero a los colmadones. Ahora les quiero hablar de las guaguas anunciadoras.
Es bueno que se sepa que todos estos comentarios son producto de una preocupación en favor de la salud física, mental, moral y espiritual de todos los que vivimos en este amado suelo patrio.
Si vamos a seguir viviendo aquí, y espero que así sea, con la voluntad de Dios (aunque mi anhelo más ferviente es que Jesús venga pronto y termine de una vez por todas este orden humano imperfecto y corruptible), se hace necesario que aprendamos a vivir sujetos a leyes que regulen nuestras actividades.
Lo más asombroso de todo esto es que esas leyes existen, pero no se cumplen y no se hacen cumplir. Nuestra democracia está coja, anda renqueando, no porque sea minusválida sino porque no hay autoridad.
Oigo decir que al dominicano le hace falta educación, que si tuviéramos una mejor educación seríamos mejores ciudadanos, pero a mí me parece que sin restarle méritos a esa apreciación, y estando de acuerdo en la necesidad de instrucción en todos los órdenes, lo que a este país le hace falta es que se cumplan las leyes que están establecidas, que haya autoridad.
Con respecto al endemoniado ruido que producen las guaguas anunciadoras, existen regulaciones muy específicas y estrictas, y estudios muy minuciosos respecto del daño que provocan a la salud y al medio ambiente en general los altoparlantes cotidianos que circundan nuestras calles.
La Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Subsecretaría de Gestión Ambiental tienen establecidos los Requesitos Generales Para la Protección Contra Ruidos, fijando los Niveles Máximos Permitidos de los Ruidos Procedentes de Fuentes Fijas y Móviles, y tiene estipuladas las disposiciones y sanciones en ese sentido, pero nada de esto vemos que se cumple.
Muy bonito todo esto en el papel, pero las autoridades brillan por su ausencia. Sólo se sabe de esto cuando uno se preocupa de verdad y comienza a indagar en el asunto, para tener que asombrarse de todo el esfuerzo que técnicos calificados han hecho para elaborar disposiciones y reglamentos que se quedan engavetados. Le invito a entrar en los siguientes enlaces y asombrarse por usted mismo: http://www.medioambiente.gov.do/cms/archivos/legislacion/SGAN07.pdf http://www.idard.org.do/legislacion/normas/RU-CA-01.PDF http://www.idard.org.do/legislacion/normas/RU-FF-01.PDF
Si alguien que no viviera en este país, ni haya venido nunca leyera todas estas hermosas disposiciones, creería que este es un paraíso, pero se desilusionaría al llegar. Es por eso y por muchas otras incongruencias más que hemos sido tildados de “Estado Fallido”. Queremos tener un país, pero queremos también que se nos permita vivir como “chivos sin ley”. Yo quiero plantearle mi punto de vista sencillo y claro: Con respecto a las guaguas anunciadoras, es urgente que se regulen los decibeles a niveles que no molesten la quietud y la salud de nuestros oídos, porque nos estamos volviendo sordos; al paso que vamos, sería bueno que vayamos aprendiendo señas como los sordomudos.
Mi sugerencia, mi humilde sugerencia es: Que hagamos algo para llevar a los límites permitidos por nuestros oídos los ruidos de los altoparlantes de las guaguas anunciadoras. Esas bocinas potentes no son necesarias para que la gente escuche un anuncio bien y claro. Es más, el mensaje se distorsiona con la estridencia que producen estos aparatos; y los que invierten en este modo de publicidad realmente no logran su cometido de manera eficaz. Esos equipos de sonido sólo deben usarse en eventos especiales, en estadios y lugares cerrados que no interfieran con el medio ambiente.
Sugiero que cuando las guaguas anunciadoras tengan que pasar por lugares como una escuela, hospital, biblioteca, iglesia, etc. Disminuyan el sonido o lo bajen al mínimo para no interferir con las actividades que se realizan allí y por respeto y reverencia a Dios.
Que un colmado vuelva a ser lo que era, y que los lugares de expendio de bebidas y de fiesta se limiten a espacios cerrados sólo para los que participan de ese ambiente. Cada persona hace con su vida lo que le parezca (también “cada uno dará a Dios cuenta de sí”), pero no tiene derecho de influir o molestar a los que están a su alrededor.
Se debe respetar el espacio de los demás, no se debe permitir el uso de las aceras para establecer ningún tipo de negocio, ni el cierre de calles para actividades particulares que además lesionan la integridad de los vecinos.
Es tiempo de que las autoridades den la cara, que no esperen que la gente se queje, que salgan de sus oficinas y bajen donde está la gente con sus problemas, y traigan con ellos las leyes que hicieron para que vivamos en un país que sea eso, un país.
Seguiremos hablando de este y otros temas en otro momento.
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Nosotros hemos ido mas lejos que usted ya que en tiempo atras fuimos a la misma gobernacion a buscar el tal encargado de dar los permisos a esos bocingleros del ruido y a mi entender creo que esa institucion tiene un sanitario anexo ya que o nunca estaba o ya se habia ido para su casa. Hermano, solo la unidad de los pueblos hace justicia, sabe usted como acabamos nosotros esos ruidos cuando eramos muchachos?. A pedra limpia, hace mucho tiempo de eso y ya esos metodos no se usan, pero de que daban resultad lo daban. Si no hay quien haga cumplir las leyes, que no la hagan y sa acabo, volvamos a los anos sesenta, a garrotazo limpio como decian nuestros abuelitos y usted vera que aparece el responsable de tan salvaje situacion.