Las biografías de los grandes hombres y las grandes mujeres de la historia nos hablan de consagración.
Políticos, filósofos, científicos, artistas, etc., han sido grandes por su consagración a lo que han hecho, lo han puesto todo al servicio de la causa que han seguido. Se han podido destacar porque han dedicado sus vidas a una causa que los ha llevado a hacer grandes cosas que los distingue de las demás personas.
Entonces las vidas de los consagrados hace la diferencia. Los que han consagrado sus vidas a algo, no se han conformado con ser igual a los demás, sino que han entendido que deben realizar una proeza única. El significado, importancia y valor de una vida se determina por lo que hace, “por sus frutos los conoceréis” -dijo el señor Jesús refiriéndose a los falsos profetas en Mateo 7: 16.
De todo este razonamiento se desprende que una vida consagrada es una vida que no puede pasar desapercibida, una vida consagrada es una vida dedicada a un propósito, y una vida consagrada es una vida que hace la diferencia.
Para nuestra exposición usaremos el siguiente orden:
- Una vida consagrada es una vida dedicada a un propósito;
- Una vida consagrada es una vida que hace la diferencia;
- Una vida consagrada es una vida que no puede pasar desapercibida.
Naturalmente vamos a hablar de la consagración desde el punto de vista bíblico, de la consagración de la vida a Dios. El término consagración viene del hebreo “kadash” y conlleva la idea de “ser santo” o dedicado, separado para algo especial, en este caso para Dios, como era el caso de los sacerdotes. Este es un término estrictamente del Antigo Testamento, del hebreo, aunque en la práctica el hecho de la consagración es propio de la vida espiritual también en el Nuevo Testamento y es válido para nosotros hoy.
Para el desarrollo de estas ideas vamos a tomar las vidas de dos grandes personajes bíblicos: José y Daniel. La vida del primero está narrada en el libro de Génesis, del capítulo 17 al capítulo 50. La vida de José es de tan grande impacto en la historia de la humanidad que el libro sagrado le dedica 14 capítulos de 50 que hay en el Génesis. Hay mucho que aprender del ejemplo de vida de este hombre.
La historia de la vida de Daniel se relata en su libro profético, Daniel, que lleva su mismo nombre. La figura de Daniel se destaca en la historia, no sólo por su gran claridad visionaria, sino porque este hombre de Dios, vivió una vida ejemplar que es digna de ser imitada, y por ello su influencia ha trascendido el tiempo y el espacio.
Así que nos concentraremos en estos dos personajes para hablar de lo que es una vida consagrada. Siendo así, veamos primero que,
I. Una vida consagrada es una vida dedicada a un propósito. El propósito en la vida de José y de Daniel era: Serle Fieles a Dios. La fidelidad a Dios era lo principal en sus vidas. La fidelidad a Dios debe ser lo principal en la vida nuestra también hoy más que nunca.
¿Cómo se demuestra que José y Daniel eran fieles a Dios? Ellos estuvieron en situaciones muy peligrosas para su edad y para las posiciones tan aventajadas que les tocó administrar. José, como todos recordarán, producto de la envidia de sus hermanos, fue vendido como esclavo, y así fue a parar a la casa de Potifar, un Oficial del Faraón en el gobierno egipcio, que representaba el poder político más importante de ese tiempo; más tarde, José llegó a ser de gran estima en la casa de este prominente hombre, de tal modo que fue puesto como responsable en la administración de toda su casa: “Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía” (Génesis 39:4). La Biblia nos resalta que toda esa simpatía que había despertado José era producto de que “Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano” (Génesis 39: 3).
Daniel, por su parte, fue de entre los cautivos que fueron llevados de Palestina a Babilonia en el siglo VI antes de Cristo. De esta manera fue a dar a la corte del rey Nabucodonosor II de Babilonia, junto a unos compañeros muy particulares, que sería injusto no mencionar aquí, se trata de Ananías, Misael y Azarías, que llegaron a ser famosos por el incidente en el horno de fuego. Estos hombres jóvenes fueron escogidos por tener particularidades muy especiales: “Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en los que no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1: 3,4). Pero lo que hacía a Daniel y a sus amigos destacarse entre los demás, era su fidelidad a Dios: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8).
Y como resultado de esta determinación: “…y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad…” (Daniel 1:8,9), y además nos dice: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Daniel 1: 17).
Como pueden notar, los períodos históricos de José y Daniel son muy distantes y distintos, pero sus vidas son muy afines, porque ambos servían al mismo Dios. Las vidas de aquellos que son files a Dios en todas las épocas y en cualquier lugar tendrán rasgos similares.
Entonces aquí tenemos el cuadro que nos habla de la prominencia que tuvieron estos jóvenes como producto de su consagración a Dios y las posiciones que los llevaron a enfrentar grandes desafíos en sus vidas y cómo salieron victoriosos a pesar de que toda la apariencia presagiaba un rotundo fracaso. José era asediado constantemente por la esposa de su amo para que accediera a sus reclamos lujuriosos. Hubiera sido fácil para José complacer los deseos de esta mujer, pero ¿dónde hubiera quedado su integridad frente a Dios y frente a su señor que lo había puesto al cuidado de toda su casa?.
¿Cuáles hubieran sido las consecuencias para la vida de este hombre si él hubiera obrado de un modo diferente a como lo hizo? La historia se hubiera contado de otra manera y a lo mejor José hubiera quedado en el anomimato. Fue su fidelidad a Dios, que se traduce en su fidelidad a los principios morales, éticos de la ley divina que de manera misteiosa estaba escrita en su corazón, lo que hicieron que José billara en las páginas de la Biblia.
José tenía una determinación, un propósito: ser fiel a Dios, y él fue congruente con ese propósito en su vida: Se negó rotundamente ante esta terrible tentación. Esta decisión de José provocó la ira de esta mujer rechazada, y por eso ella desencadenó una serie de males en su contra como represalia por no satisfacerla en sus pasiones. De esta manera José fue a dar a la cárcel siendo acusado falsamente por esta infame mujer. ¿Se da cuenta del precio que hay que pagar por ser fiel? Cuando uno es leal a Dios tendrá que enfrentar grandes retos y desafíos. Es por eso que la Palabra del Señor nos dice que sólo los de espíritu determinado arrebatan el reino de Dios ( Mateo 11:12).
Daniel, por su parte fue tentado junto a sus compañeros a transigir en su determinación de no contaminarse con la comida del rey.
Aquella comida estaba dedicada a dioses falsos, y ellos venían de una nación que estaba siendo objeto de la ira divina por claudicar en su fidelidad a Dios, participando de costumbres paganas, totalmente desagradables a los ojos de Dios.
Tanto para José como para Daniel y sus amigos no fue nada fácil ser fieles en medio de un ambiente tan hostil. Daniel y sus amigos, lo mismo que José hubieran podido evitarse malos ratos simplemente siendo flexibles en las situaciones que se les presentaron. Pero ellos prefirieron pagar el precio, antes que desobedecer a su Dios. Jesús dijo que cualquiera que quiera seguirle, debe negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle (Mateo 16:24), esa es una demanda superlativa.
Dios está buscando hombres y mujeres que sean fieles a él antes que a las instituciones, antes que a la iglesia, antes que a los ministerios, antes que al salario, antes que a los programas, antes que a las corrientes espiritualistas de moda.
Muchos hombres de Dios están muy preocupados por el éxito en su ministerio, pero es bueno que se sepa, que Dios demanda antes que el éxito, la fidelidad. Dios no viene a buscar una iglesia exitosa, sino una iglesia fiel.
La demanda a la iglesia de Esmirna en Apocalipsis 2:10 es el mejor ejemplo, a ellos el Señor les dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. José y Daniel son ejemplos elocuentes para nosotros hoy de lo que debe ser una vida consagrada al propósito de ser ser fiel a Dios.
La Biblia nos cuenta que Dios tenía un propósito en la vida de José que no iba a frustrar una mujer obsecionada. Después de unos años de cárcel, consciente José de que Dios no se había olvidado de él, porque se lo mostraba por la manera especial como era tratado aún en la prisión, sucedieron cosas que colocaron a José en el sitial de mayor prominencia en Egipto al lado del Faraón.
La Biblia nos relata asimismo que Daniel y sus amigos, por su fidelidad a Dios de no contaminarse con la comida del rey, fueron encontrados, a diferencia de los demás jóvenes de la corte, mucho más robustos e inteligentes y sabios que los demás: “ Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey. …En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los hallo diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino” (Daniel 1: 15,20). Eso lo hace Dios cuando uno es fiel.
Daniel y sus amigos enfrentaron momentos decisivos en sus vidas al igual que José, por ser fieles a Dios. Los amigos de Daniel fueron echados en un horno de fuego por negarse a adorar la estatua del rey, y Daniel fue echado en un foso de leones hambrientos por orar a Dios en medio de una nación pagana; pero a todos ellos los libró el Señor de forma milagrosa.
Estos hombres se atrevieron a desafiar imperios por mantenerse fieles a Dios. Esta es una característica común en los que están departe de Dios. Lo mismo ocurrió en el Nuevo Testamento con la vida de los primeros cristianos, lo mismo ha ocurrido en la historia, como es el caso de Martín Lutero, y lo mismo sigue ocurriendo hoy con los cristianos perseguidos, encarcelados y asesinados en los países musulmanes.
II. Una vida sonsagrada es una vida que hace la diferencia.José y Daniel eran diferentes a los demás jóvenes de su época. El estilo de vida de ellos saltaba a la vista.
José era un soñador, un hombre que veía las cosas más allá de las apariencias, sabía que había algo especial para él y su familia, y que Dios estaba en medio de todo esto.
El no podía concebir el mundo fuera de Dios, por eso, cuando sus hermanos lo vendieron, en el fondo sabía que Dios tenía un propósito en todo esto. !Qué extraordinaria relación tenía este hombre con Dios! Ese es el tipo de relación que hace la diferencia. Dios le hablaba a él por medio de sueños y le mostraba las cosas que habrían de suceder en el futuro. Pero José era consecuente con el don que tenía, no lo desperdiciaba, ni mucho menos lo menospreciaba. Los cristianos tenemos el Espíritu Santo, el más grande don, pero muchas veces no somos lo suficientemente conscientes de esta realidad, y no actuamos de acuerdo al don que mora en nosotros.
José al igual que Daniel y sus amidos, tenía una conducta intachable. Ellos cudraban muy bien con la demanda del apóstol Pablo a Timoteo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (I timoteo 4: 12). Me parece que cuando Pablo escribía estas cosas a Timoteo, estaba pensando en José y en Daniel: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (II Timoteo 2:22). Y esto no es sólo para los jóvenes sino para todos nosotros.
Los que quieren hacer la diferencia en el mundo deben ser diferentes. El apóstol Pablo nos aconseja: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la Buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12: 2).
Es más fácil dejarse llevar por la corriente. Para José, Daniel y sus amigos hubiera sido mucho más fácil acceder a las pretensions de los demás, ser como los demás, pero ellos habían decidido que iban a ser diferentes. Para ser diferente se requiere determinación, valor, sacrificio. Quien no está dispuesto a perder espacios e influencia en ciertos círculos, no califica para ser diferente, y no podrá nunca ser una persona consagrada. No se puede agradar a todo el mundo. Los cristianos debemos preocuparnos por agradar a Dios antes que a los hombres.
José y Daniel no confiaron en su propia fuerza e inteligencia, sino que buscaron el auxilio de Dios para matenerse firmes. La vida de consagración requiere absoluta dependencia de Dios. La dependencia de Dios es el reconocimiento de que todo lo que somos, y tenemos es debido a la providencia del Señor.
III. Una vida consagrada es una vida que no puede pasar desapercibida.José y Daniel impactaron su mundo, influenciaron de manera positiva a todos los que estuvieron a su alrededor. ¿Cómo estás tú influenciando a las personas a tu alrededor?
Jesús dijo que nosotros los creyentes somos la sal y la luz de la tierra. Estamos aquí no para ser influenciados sino para influenciar, para preservar los valores cristinos y para alumbrar a este mundo que está en oscuridad. Estamos aquí para dejar huellas, no estamos aquí para ser alguien más.
Los creyentes en Cristo no somos simples estadísticas manipulables en tiempos de elecciones políticas, los creyentes en Cristo no somos simples adherentes nominales en la lista de una iglesia; los creyentes en Cristo no podemos pasar desapercibidos.
José llegó a ser de tal influencia en Egipto que fue colocado por el Faraón en la posición más elevada del reino después del Faraón: “Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo, solamente en el trono seré yo mayor que tú” (Génesis 41:39). Esto es algo asombroso, que un esclavo llegase a ocupar tal lugar, parece una cosa de novela, cuando uno está consagrado a Dios ni la ficción supera a la realidad en las cosas que nos ocurren.
De Daniel nos dice la Biblia: “Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia”, “y Daniel estaba en la corte del rey” (Daniel 2: 48, 49).
De los amigos de Daniel leemos: “Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego” (Daniel 2:49). !Qué diferente es todo esto que hemos visto hoy en la vida estos hombres de Dios a lo que escuchanmos y vemos en la vida de muchos que dicen estar consgrados a Dios! Usted los escucha hablar de una vida victoriosa, pero sin dolor, sin sufriento, sin frustraciones y sin tropiezos. Estos hombres eran hombres de Dios, y ellos sufrieron grandes tormentos por causa de ser fieles a sus principios.
Hoy escuchamos decir que Dios nos llama a una vida llena de prosperidad, pero pocos nos hablan de los desafíos espirituales que se necesita estar dispuestos a enfrentar para lograr el éxito en la vida cristiana.
Jesús enfrentó todo lo que José, Daniel y sus amigos enfrentaron y mucho más, y él era el Hijo de Dios, él era Dios hecho hombre. Si Jesús tuvo que sufrir de tal modo la vileza del mundo, los que lo seguimos a él no podemos esperar menos. El dijo: “Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?” ( Lucas 23:31). El dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Hay una lista en la carta a los Hebreos en el capítulo 11 que nos muestra a los héroes de la fe del Antiguo Testamento. Cuando muchos hablan de la vida de Abraham, por ejemplo, sólo hablan de la prosperidad con que Dios lo bendijo, pero no hablan de los grandes tropiezos de su vida y de los grandes retos que tuvo que efrentar y las vicisitudes que pasó.
Podemos tomar la vida de José y Daniel y centrarnos en su tremenda influencia en la época y el mundo que les tocó vivir, pero si nos fijamos bien, veremos que ellos pagaron un gran precio para ser colocados en los lugares más altos. Ellos no buscaron esa prosperidad, Dios se las dio por su fidelidad.
La vida de José y Daniel no se narra en la Biblia por lo prósperos que llegaron a ser sino por sus vidas consagradas.
Ellos dejaron sus huellas en el mundo porque consagraron sus vida a Dios y le permitieron usar sus vidas en la forma que él había determinado para ellos. Fueron capaces de cambiar su mundo.
Tú y yo estamos aquí para que influenciemos a las personas a buscar a Dios y darle la Gloria sólo a él. El mayor logro de un cristiano es hacer que los demás lleguen a tener una experiencia con Dios al través de su influencia. Y para poder llegar a gozar de esa satisfacción uno debe estar totalmente consagrado a Dios. Leandro Gonzalez http://www.maovalverde.com/contact/leandro-gonzalez.html
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