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La celebre frase del gran pensador mexicano Don Benito Juárez que reza “el respeto al derecho ajeno es la paz”, parece que no existe en el diccionario de algunos comerciantes, autoridades y empresarios de Mao. Basta ponerse la ropa de peatón y caminar por algunas calles de nuestro querido pueblo. Oiga, caminar por algunos lugares, ya sea de compra, de visita, en actividad de ejercicio físico o por cualquier motivo, muchas veces se convierte en un verdadero peligro hasta para la seguridad y la vida. Resulta que el espacio destinado para el peatón en las aceras, es utilizado para colocar vehículos, sillas, letreros, chatarras y otros improvisados objetos que obstaculizan el libre desplazamiento de las personas. Niños, jóvenes, adultos, mujeres embarazadas y hasta personas en edad avanzada, tienen que bajar de las aceras y arriesgarse a que los choque una motocicleta o un vehículo, porque el área construida para caminar a pie, está obstaculizada. Siempre hemos sido promotores del progreso y creemos firmemente que la vía más expedita para alcanzarlo es la dedicación al trabajo. Ahora bien, todo tiene sus reglas, incluyendo el mismo trabajo. El derecho que tiene el propietario de un negocio a trabajar y luchar por superarse y alcanzar el éxito, también lo tiene el hombre o mujer que se desplaza libremente por las calles. Todos pedimos que se nos respeten nuestros derechos, bajo el alegato de que deseamos vivir en paz, pero ese derecho que reclamamos, implica deberes que estamos obligados a cumplir. Dejemos libres las aceras voluntariamente y no busquemos el cargo de conciencia que nos crearía el hecho de que alguien sufra un accidente por tener que bajar del espacio que no nos corresponde y tenemos obstruido. Las autoridades tienen una responsabilidad que asumir, en caso de que, a quien le sirva este zapato no se lo ponga. Sólo es asunto de tener voluntad y disponerse a que impere el respeto para todos los ciudadanos.
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