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A medida que pasa el tiempo, en la República Dominicana, especialmente en pueblos Mao, Valverde, aumenta el número de jóvenes dedicados al oficio de motoconchar. Este es un trabajo tan digno como cualquiera, que le sirve de medio a muchos para conseguir el sustento de sus familias. Ese laborioso obrero del transporte tiene que levantarse temprano, llegar tarde a su casa y llevar lo poco que gana para comer, pagar renta, servicios de electricidad y ni hablar del costo de la salud. Si alguien, ahora que están de moda las encuestas, hiciera un sondeo y preguntara a esos trabajadores del motoconcho sobre su conformidad con lo que hacen, podríamos adelantar que la respuesta sería; “no hay nada más que hacer”. Muchos dicen que se dedican a motoconchar para no robar, porque necesitan recursos para vivir y no encuentran otro oficio que realizar. Justo con un evidente crecimiento demográfico, han emprendido vuelo las pocas fuentes de trabajo que había en pueblos como Mao, en la provincia Valverde y podemos citar los casos del Acueducto del Noroeste, cuyos trabajos terminaron, y el cierre de la Zona Franca, en cuyas alas se fueron centenares de empleos. El campo y la construcción, que todavía son fuentes de trabajo masivo para obreros, pero todo el mundo sabe lo que pasa en esos dos renglones de nuestra economía: los haitianos tienen el dominio, por lo riguroso de esos oficios y su mano de obra barata. Los productos de primera necesidad y las medicinas aumentando sus precios, la familia creciendo, los servicios de luz, agua y teléfono por las nubes y para colmo, pocas fuentes de trabajo, son cosas que deben tomar en cuenta nuestros políticos, tanto del oficialismo como de la oposición. Los honorables legisladores, que siempre logran hacer amistad en los círculos del poder, harían una gran obra si incentivaran la inversión empresarial y la productividad en esta zona, de manera que puedan crear fórmulas de desarrollo que impliquen trabajo y bienestar. El trabajo de motoconcho, que es tan honorable como otro empleo cualquiera, se ha masificado de tal manera, que los beneficios para quienes ejercen esa función, se han reducido significativamente. Es un asunto de lógica: las pocas demandas de servicio se dividen entre las muchas ofertas de transportistas, y esto se traduce en limitados ingresos. La única solución al problema es creando fuentes de trabajo, que permita a muchos de esos padres de familias incursionar en labores productivas distintas y con mejores oportunidades de desarrollo. El reto es para las presentes y futuras autoridades, así como para quienes tienen los recursos y no toman la iniciativa de crear empresas e incentivar la maquinaria de la producción en su propio pueblo.
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