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Sexualidad en la tercera edad PDF Imprimir E-Mail
Hablemos de sexo
Por Rosita Peralta   
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Hola amigos en esta ocasión hablaremos sobre: Sexualidad en la tercera edad

Hoy en día los hombres y las mujeres gozan de una vida más larga y con mejor salud.

Como resultado de esta mejora en la salud de la llamada “tercera edad” muchas parejas continúan disfrutando de la intimidad y de su vida sexual de forma satisfactoria.

 El proceso de envejecer incluye muchos cambios físicos naturales, algunos de los cuales afectan naturalmente a la respuesta sexual, pero la sexualidad es mucho más amplia que el simple enfoque genital. A menudo las parejas pueden encontrar nuevas formas de estimularse mutuamente como la lectura de relatos eróticos o videos. La comunicación abierta y sincera entre la pareja en lo relativo a los deseos sexuales, las fantasías y la experimentación es importante. Algunos hombres notarán que tardan más en sentirse sexualmente excitados y en conseguir una erección y que sus erecciones no son tan potentes. El simple hecho de pensar en el sexo puede no ser suficiente. Se requiere más estimulación física sobre el pene y durante más tiempo. Esto puede deberse a una reducción en la sensibilidad. Algunos hombres también pueden notar que el tiempo que transcurre entre cada erección es más grande con el paso de los años. La sensación que produce la eyaculación puede ser menor, el orgasmo no ser tan potente como antes y la cantidad de semen ser menor. La eyaculación puede tardar mas en producirse siendo un factor positivo ya que puede proporcionar más satisfacción a la pareja. Algunos hombres pueden notar que su deseo sexual disminuye pero otros mantienen su actividad sexual toda la vida.

La respuesta sexual de la mujer mayor es diferente a la de las mujeres jóvenes, porque la edad impone cambios fisiológicos en los órganos sexuales reproductores: se produce una involución de los ovarios, útero, vagina, vulva y senos que derivan en la diferente respuesta sexual.

Con la menopausia se marca el fin de la función reproductora femenina y se producen una serie de cambios físicos y psíquicos. Pero a pesar de los cambios involutivos, la mujer puede presentar una respuesta sexual normal al nivel orgásmico de tensión sexual, en particular si se expone regularmente a una estimulación sexual efectiva. En general, la intensidad de las reacciones anátomo fisiológicas, así como la respuesta a dicha estimulación, se reducen con los años.

A medida que la educación sexual se difunde y aumenta la información sobre los temas antes prohibidos y se abre una comunicación sana, se va dando en la sociedad una aceptación de la actividad sexual en las personas mayores.

La mujer de más de 50 años se encuentra en un especial período de su existencia, en una crisis de vida en la cual, así como en la adolescencia, es muy susceptible de ser influenciada por el medio social que la rodea. La familia, las pautas religiosas, los mitos, influyen de manera negativa para poder realizarse sexualmente y continuar con una actividad placentera que hasta hace poco disfrutaba en forma natural.

Ese entorno social la llena de desaprobación, censura, vergüenza de su cuerpo y su sensibilidad, llevándola a un gran conflicto en que se le hace sentir que la vejez es asexuada y que ya no es lícito ni aceptable el gozar de la sexualidad; que el amor y el romance son derechos sólo de los jóvenes.

Los  medios  han contribuido para que esta edad sobre todo en la mujer la ayuden a adquirir   una nueva imagen, una vida sana, años bien llevados, de jovialidad y alegría de vivir, que en muchos casos va asociado a su compañero de vida.

En este arquetipo, es indudable la presencia de estímulos sexuales positivos que se internalizan y contribuyen al mejoramiento del yo sexual.

Son varias las ideas admitidas sobre el sexo del anciano, que han originado mitos infelices que aún en nuestros días tienen validez en una sociedad que se supone con un esclarecimiento sexual relativo. Uno de ellos es que la falta de potencial de procreación vaya acompañada de una declinación del interés sexual, hasta llegar a ser mínima o ausente. La capacidad del hombre para el pensamiento abstracto y el placer, ha incrementado la sexualidad básica que en el resto del reino animal conduce a la conservación de la especie. La mujer post menopáusica ya no puede concebir, mientras el hombre mayor puede mantener su poder fecundante hasta los setenta u ochenta años. Pero esto no excluye la continuidad de la actividad sexual como fuente de felicidad y placer, como expresión psicofísica de una relación humana madura y amorosa. Pueden seguir disfrutando de las delicias de la intimidad y del contacto físico, cualquiera sea el estado de fecundidad. La actividad sexual es una fuerza positiva y estimulante en la vida de la pareja. Los profesionales deben aconsejar conveniente y adecuadamente a las pacientes que estén preocupadas por su felicidad sexual, tanto de sí mismas como de sus parejas.

Otro de los mitos es que al ir variando y alterándose las características externas a medida que pasan los años, estos cambios deberían implicar niveles bajos de atracción física, de tensión y de expresión sexual. Nuestra sociedad idealiza la belleza del rostro y cuerpo jóvenes y la asocia con atracción sexual y éxito social. Esta postura ignora los múltiples factores que influyen en que las personas deseen compartir los acontecimientos sociales y sexuales. Los antecedentes educacionales y vivenciales, los puntos de vista culturales y políticos, las creencias religiosas, los objetivos coincidentes, son algunos de los diversos factores que crean la oportunidad de atracción en las parejas, que rara vez excluyen la posibilidad de compañía sexual y social basándose en el ideal de belleza física del momento. Otra idea, es que como el envejecimiento interfiere de diversas maneras sobre las personas, se supone que la libido disminuye en consecuencia, modificándose en cantidad y calidad.

Respecto a la edad, uno de los mitos que todavía se conservan es la diferencia de edad, suponiéndose que debe prevalecer la mayor edad del hombre sobre la de la mujer. Desde siempre es costumbre que la sociedad apruebe que el varón sea no solo un poco mayor que la mujer, sino que también llegue a duplicar y aun triplicar la edad (Charles Chaplin - Oona O´Neill ). Lo contrario sucede cuando una mujer tiene una pareja cinco años menor o más, en que se plantea como una anormalidad, pronosticándosele poco tiempo de duración. Hay un tratamiento veladamente peyorativo hacia la mujer, se la trata de desubicada y al varón poco menos que de gigoló. Si esta situación se traslada a una mujer de la tercera edad, que elige y encuentra una pareja mucho menor, el rechazo de la sociedad se hace más notorio, lo que en definitiva menoscaba la autoestima de la pareja así constituida, creando conflictos de difícil solución.

La histerectomía y la sexualidad son motivos frecuentes de diversos problemas. De acuerdo al informe Kinsey el 54% de las mujeres operadas no experimenta cambios en el deseo sexual, un 17% manifiesta un aumento del deseo y el porcentaje restante dice lo contrario. Aquellas mujeres que antes de la operación sufrían hemorragias, dolores, prolapso, miedo al embarazo, etc., pueden sentir un aumento del deseo luego de la intervención. Las que consideran que el útero simboliza la esencia de su feminidad por la capacidad de procrear, pueden sentirse mutiladas o desfeminizadas. Hay algo concreto: si las mujeres gozaban del sexo antes de la histerectomía, les será más fácil seguir haciéndolo después, a no ser que la operación les sirva de excusa para no tener relaciones sexuales indeseadas y frustrantes. En general se observa que la mujer que resulta traumatizada emocionalmente a causa de operaciones mutilantes, como una histerectomía (vaciado) o mastectomía (cirugía en la cual se le amputa un seno), pertenece a estratos sociales con menor acceso a una información objetiva. Sería recomendable un tratamiento psicoterapéutico pre y post quirúrgico y brindar la mayor información posible para prevenir consecuencias.

Aún en la actualidad las mujeres reciben con angustia y sensación de fracaso la llegada de la menopausia. Esta situación se traslada también al hombre, que siente que es una etapa desgraciada y difícil de soportar; en este contexto el adjetivo de "vieja menopáusica" se ha convertido en un insulto de uso popular que se pronuncia a menudo con un dejo de grosera picardía. Todas estas consideraciones alimentan el mito de que la sexualidad cesa alrededor de los 50 años. En el mundo occidental se exalta la juventud como único estado ideal en la vida, menospreciando la madurez y la vejez. En oriente se reconoce a los ancianos la sabiduría y además se privilegian de alcanzar placer sexual más prolongado y elaborado, fruto de la experiencia adquirida a través de una vida. En nuestro medio es regla negarles la experiencia y el derecho a la sexualidad. En nuestra sociedad, la función de abuela, es considerada una obligación que deberá cumplir eficazmente la mujer mayor para que los padres jóvenes puedan trabajar o llevar una vida social más despreocupada, trasformándola en una niñera de sus propios nietos, que no es integrada a la familia, no participa de las decisiones familiares, no se le reconoce su trabajo y no se tolera que opine sobre la educación de los nietos. La sexualidad esta tácitamente negada; mas aún cuando se trata de abuelas viudas con deseos de reanudar una vida social, que en ocasiones las pueden llevar a formar una nueva pareja. No es infrecuente que, ante estas circunstancias, los hijos reaccionen con un celo marcadamente injustificado llegando a veces a frustrar el intento que de por sí, dadas las pautas culturales y costumbristas, fue tímidamente iniciado.

Durante mucho tiempo la expresión sexual ha estado estrechamente ligada a la función reproductiva y nuestra sociedad no puede emanciparse fácilmente de su larga tradición de ascetismo. A esto se suma un prejuicio general contra los ancianos y el muy difundido sentimiento de que la vida, el amor y el romance son patrimonio exclusivo de los jóvenes. Por lo tanto los individuos de edad intermedia se comportan y actúan casi compulsivamente como si aún fueran adultos jóvenes. Se visten, maquillan, y conducen como si pertenecieran al grupo generacional de sus propios hijos y niegan su edad como si así pudieran asegurar la perduración de su potencia sexual, la cual, según sus convicciones, está condenada a desaparecer con la edad.

Otra creencia común de la que se han valido tradicionalmente los moralistas antisexuales estipula que el agotamiento del organismo mediante la masturbación o el coito en la juventud producen impotencia precoz, en contraposición del individuo que practica la abstinencia, que se reserva para más tarde. Otro mito de antigua data sostiene que la eyaculación del semen es debilitante y tiende a acelerar el envejecimiento y la muerte. En contraposición, hoy se sabe que ni el coito ni la masturbación debilitan el organismo. La conducta de la sociedad suele ser contradictoria. Cuando la "mujer-abuela" abraza o acaricia los niños, su actitud es y parece natural. Pero cuando estas acciones son ejecutadas por un hombre, suele decirse que es un "viejo cochino". Se tiene la creencia de que los hombres viejos son más propensos a vejar criaturas y a incurrir en violaciones sexuales.

Un mito muy arraigado en todas las edades, pero particularmente en aquéllas con más cantidad de años, es que ciertos alimentos o vitaminas tienen cualidades estimulantes o afrodisíacas capaces de mantener o aumentar la sexualidad. Lo que sí puede aceptarse es que algunas sustancias, por su propia naturaleza o origen, son capaces de surtir un efecto por el poder de sugestión sobre las actitudes psicológicas y emocionales, que imparten al hombre la confianza necesaria para desempeñarse con eficacia. Contrariamente, la potencia sexual depende de una vida sana. Finalmente, se podría decir que mitos hay tantos como fantasías sexuales tienen los hombres y en todas las épocas y todas las sociedades han existido.

Hasta pronto

Dra. Rosita Peralta
http://www.maovalverde.com/contact/rosita-peralta.html



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