| Aprender a decir "NO" |
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| Por Francisca Paniagua | |||
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En esta nueva entrega queremos compartir con ustedes mis amigos/as lectores un nuevo artículo sumamente interesante. La vida es un constante aprender y desaprender. Algunas personas no conocen la palabra NO y esto le trae como consecuencias temores, miedos, angustias, inseguridades, estrés y sobre todo muchas insatisfacciones. ¡Qué difícil resulta a veces decir NO! Día a día nos vemos involucrados en situaciones a las que tenemos que negarnos, o que no nos apetecen, van en contra de nuestros principios… en el trabajo un jefe nos exige más de lo que podemos dar, un amigo abusa de nosotros y nos pide demasiado, un vendedor insiste repetidamente en que compremos algo que no nos convence… y nos cuesta decir que NO porque ¿qué pensara de nosotros esa persona? ¿Cómo quedaremos ante los demás si decimos que NO? ¿Y si por negarnos perdemos el favor de esa persona? Hay que estar muy seguro de lo que se quiere y no se quiere, a la vez que dominar una serie de técnicas para poder decir tranquilamente “No, gracias, no quiero (o no puedo)”. Las personas que manejan ambas cosas (seguridad en sí mismo y habilidades para decir NO) pueden considerarse muy afortunadas, aunque, realmente, no hay nadie que pueda decir que nunca le cuesta negarse a algo. Y si no, vamos a ver algunos ejemplos que, seguramente, nos sonarán a la mayoría de nosotros, sacados de diferentes situaciones de la vida y cuyo denominador común es la necesidad de tener que decir que NO. Lidia, una mujer de 46 años, desesperada. Se sentía completamente agobiada con su vida. Ella se ocupaba de la casa y de sus tres hijos, sin recibir ninguna ayuda externa, no descansaba ni los fines de semana. El marido, muy perfeccionista, le exigía una completa limpieza de la casa, una buena comida, los hijos bien educados y silenciosos. Mostraba muy frecuentemente su insatisfacción, culpabilizándola o criticándola. Pero además ella tenía que estar siempre guapa y arreglada para gustarle. La palabra que repetidamente decía Lidia eran: “estoy agotada, no puedo más; cuando por fin termino las tareas de mi casa, tengo que ponerme guapa y estar animada para irme con él a la cama. Sin embargo, nunca había intentado seriamente cambiar la situación. ¿Por qué lo hace?Ante la pregunta sobre los motivos que la empujaban a no intentar un cambio y negarse a continuar llevando esa vida tan agobiante, Lidia siempre decía lo mismo “es que si no, YA NO ME QUERRA”. Ella sabía muy bien decir que NO en otras situaciones, pero en ésta, volaba por encima el fantasma del rechazo, del desamor, temía tanto perder el cariño de su marido que “tragaba” con todo. Desde ese punto de vista, le “compensaba” continuar como estaba: podía más su MIEDO al rechazo que su propia necesidad de afirmación.Presión LaboralEn este segundo ejemplo. Álvaro es un técnico informático de 30 años. Su pareja desde hace un tiempo se queja de que nunca le ve. Aunque, su horario de trabajo es hasta las 5:30 p.m. en realidad nunca lo haces antes de las 8:00 y, a veces, se queda más tarde. Últimamente, hasta se lleva trabajo a la casa y se pasa los fines de semana encerrado con sus papeles. La realidad es que acepta trabajos y más trabajos que le mandan sus jefes, sin negarse nunca a ninguno. A la larga se ha creado un círculo vicioso: su jefe se ha acostumbrado a que él siempre acepta lo que le encomienden y le pone “cara rara” si Álvaro muestra algún signo de insatisfacción.¿Por qué lo hace?Álvaro no ha sabido parar a tiempo. El momento en el que debería de haber dejado claro que ya no podía aceptar más trabajos le pasó, seguramente alimentado por temores a no ser ascendido. Como en toda empresa, en la suya hay un alto grado de competitividad y él mantiene la idea de que, cuando haya que ascender a alguien, le tocará a él. También hay un componente de temor a defraudar o al “qué dirán” si se queja él siente que disminuirá la imagen que los jefes tienen formada de él. Puede más su miedo a perder la imagen que tienen de él que su propia vida privada.El Amigo VividorManuel suele salir los fines de semana con un grupo de amigos. Entre ellos, hay uno, Pedro que es considerado por todos como “vividor”. “Casualmente”, nunca lleva dinero para pagarse lo que consume y, casualmente, siempre pide los tragos más caros. Sus estrategias son desaparecer directamente a la hora de pagar o decir frases como “¿No te importa pagarme el trago hoy? He dejado el dinero”. El problema es que Manuel tiene la sensación de que siempre le toca a él pagar lo de Pedro. Los demás se las ingenian para no caer en la trampa y, al final, él es el único que termina pagándole todo.¿Por qué lo hace?En este caso, hay una clara falta de estrategias por parte de Manuel. No sabe cómo zafarse del tema ni se atreve a enfrentarse directamente a Pedro. Uno de los problemas es que, de una forma u otra, la situación siempre le llega de improviso y no ve el momento de reaccionar. Seguramente, también en Manuel se presenta el temor a “quedar mal” o a perder la amistad de su amigo.Los Amigos de grupoRosa tiene 17 años. Los sábados suele salir con gente de su clase. El plan que siguen es siempre el mismo: beber mucho hasta emborracharse, bailar toda la noche y, de vez en cuando, tomar alguna pastilla. A Rosa no le gusta ese plan, le gustaría hacer algo diferente de vez en cuando o que estén en espacios más tranquilos. Se ve en un dilema; o sigue con el plan de sus amigos o se queda sola y sin salir. Alguna vez ha intentado sugerir otra actividad, pero se ha encontrado con un coro de voces burlonas, que la tachan de “sosa” o “vieja”. Por ello, suele optar por hacer lo que los demás quieren.¿Por qué lo hace?Lo primero es que Rosa tiene una falta de opciones, debido seguramente, a que carece de información y conocimientos sobre otro tipo de gente, grupos con intereses más afines a los suyos etc. Así, se ve en la necesidad de continuar con sus compañeros de clase. Pero lo más importante, tal vez, es el miedo a ser rechazada, no aceptada, no querida. La imagen que da a los demás le importa mucho, “no quedar como la única sosa”. Hay también, como en el caso anterior, una falta de habilidad para decir las cosas de manera segura. Así, es difícil que desarrolle estrategias para decir NO, porque para irse siempre le compensará más el “quedar bien”, con sus amigos que atreverse a decir NO QUIERO O NO ME GUSTA.Estrategias de conducta para afrontar situacionesLas personas que hemos presentado en los casos anteriores son muy diferentes entre sí en lo que respecta a edad, profesión, intereses y motivaciones. Pero tienen en común una cosa: no saben o les cuesta decir NO en algunas situaciones de su vida.Respuesta asertiva elementalSi queremos dejar claro que NO deseamos o NO podemos hacer algo, debemos de incluir dos cosas: a) Decir claramente qué es lo que no vamos a hacer y b) Explicar las razones por las que actuamos así. Toda negación debería de ir acompañada de una breve explicación y no dejar lugar a malentendidos y ambigüedades.La persona que posee como convicción principal la idea de que: “Es necesario obtener la aprobación y el cariño de todas las personas relevantes para mí” Tendrá estos comportamientos típicos: No expresar opiniones y deseos personales. Evitar conflictos aunque otras personas violen sus derechos. Gastar mucha energía para lograr la aprobación de los demás. Refrenar sentimientos (Positivos y/o negativos). Un análisis realista de su necesidad, le podría hacer llegar a las siguientes conclusiones: No puedo gustar a todo el mundo. Igual que a mí me gustan una personas más que otras, así también les ocurre a los demás. En el caso de que alguna persona que me importa, no apruebe algo de mi comportamiento, puedo decidir si lo quiero cambiar, en vez de estar lamentándome de mi mala suerte. ¿Realmente pierdo todo su cariño si dejo de actuar como le gusta? En el caso de que realmente fuera así ¿Es una catástrofe? ¿Dejo de ser yo por el hecho de que alguien ya no me apruebe? Intentando gustar a todo el mundo, no hago más que gastar excesiva energía y no siempre obtengo el resultado deseado. Puedo determinar lo que yo quiero hacer, más que adaptarme o reaccionar a o que pienso que las otras personas quieren. Tengo que determinar si el rechazo es real o si estoy interpretando precipitadamente reacciones de los demás; y si este rechazo fuera real, debo de ver si se basa en una conducta inapropiada por mi parte o no. En el caso de que no fuera inapropiada, puedo encontrar a otras personas con las que pueda exhibir esta conducta. Amigas y amigos lectores con este artículo queremos decir que como seres humanos tenemos que decir NO en algunas situaciones y si no sabemos decir NO es la hora de APRENDER y de enseñar a nuestros hijos/as a decir NO cuando tengan que hacerlo. Recordándole que cuando decimos NO es porque tenemos la convicción de que algo atenta contra nuestros valores morales y éticos. Hasta la próxima entrega. Agradeciendo la lectura a nuestros artículos de los amigos/as lectores y sus comentarios.
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