ago
08
2008
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El Perdon PDF Imprimir E-Mail
Por Francisca Paniagua   
Amigos lectores en esta nueva entrega he querido compartir con ustedes un tema que a mi me apasiona. Tomando en cuenta que estamos en cuaresma el cual es un tiempo de reflexión, encuentro consigo mismo y por tanto un tiempo propicio para despojarnos de todo lo que interfiere en la búsqueda de nuestra felicidad, paz, amor y tranquilidad espiritual. Esto podemos conseguirlo perdonando y dejarnos perdonar.


    En los comentarios de prensa y radio, tras cada atentado terrorista se repiten las preguntas: “¿Cómo vamos a perdonar? ¿A caso se puede olvidar esto?” Y se confunde, a veces, el perdón con el olvido, tanto por parte de quien pide justicia como de quien se siente llamado desde su creencia a practicar el perdón. Hay que aclarar los términos. Perdonar no es olvidar lo ocurrido. Perdonar no es renunciar a que actúe la justicia.

    No se puede poner en duda la importancia central del perdón en el mensaje cristiano; pero es aún más evidente la dificultad de perdonar. La vivimos a diario y la presentamos como obstáculo cada vez que nos hablan del perdón. Pero es menos corriente hablar de la dificultad de perdonarse a sí mismo y, para que poder hacerlo así, de la necesidad de saber dejarse perdonar.

    ¿No será más difícil perdonarse a sí mismo que perdonar a los demás? ¿No radicará la incapacidad de perdonar a otras personas en el hecho de que no acabamos de perdonarnos a nosotros mismos? ¿No será más difícil creer en el perdón y, por tanto, dejarse perdonar, que perdonar a los demás? Si nos cuesta perdonar a otras personas, ¿no será porque no nos perdonamos a nosotros mismos ni nos dejamos perdonar por Dios?

    Voy a reflexionar brevemente en estas líneas sobre la necesidad de aprender a perdonarse a sí mismo y dejarse perdonar.

    La reflexión parte de la experiencia que se expresa en la frase “yo pienso que he hecho mal a alguien”. Ese “yo pienso” . Es de alguien que tiene conciencia de haber faltado, hiriendo a otro.

    El que yo haya hecho mal a alguien, portándome mal con esa persona, por ejemplo, es algo ocurrido en la cotidianidad de la vida. Pero ese hecho transforma la cotidianidad y convierte mi vida en una realidad sellada por la culpa. Después de haber infligido un mal a otra persona yo ya no soy el de antes. Ya no soy, sin más, una persona corriente. Soy alguien que ha cometido un mal que otros no han cometido.

    Ese sujeto, que se percata de su falta y la vive como culpa, tiene el peligro de quedar encerrado en el círculo de la culpabilidad de modo patológico. Ese yo, situado en medio de un nudo de relaciones personales, al darse cuenta de que ha roto algunos de esos lazos, sufre al verse así separado  de las otras personas por su propia culpa. Se trata de un yo puesto en crisis; se remonta a un momento del pasado en que tiene conciencia de haber hecho lo que no debía hacer, de haber vulnerado así a terceras personas, haciéndolas sufrir. Unos llamarían a esto remordimiento. Otros hablarían de mala conciencia. Otros, de sentimientos de culpabilidad. En todo caso, estamos ante un fenómeno que siempre ha sido objeto de preocupación en moral: la conciencia de culpa.

    Tratamos de reflexionar sobre ese sujeto encerrado en su culpabilidad o, como habría dicho Kierkegaard, “replegado sobre sí mismo”. Se encuentra como aprisionado por su propio pesar acerca del mal cometido. ¿Será tan sólo una impresión suya o será efectivamente que ha hecho algo malo y se ha hecho así malo a sí mismo? En todo caso, lo está pasando mal al tener esta conciencia. Y es lo que expresa al decir ante otros: “pienso que he hecho mal a alguien”.

    Cuando estoy a solas conmigo mismo, me brota la frase “pienso que he hecho mal a mi amigo”, se gesta en mi interior un primer paso de la culpabilidad. Estoy diciéndome a mí mismo, a solas, que algo ha sido hecho mal y que “he sido yo” quien lo ha hecho. Ha ocurrido algo que no debería haber ocurrido y “he sido yo” quien ha desencadenado ese proceso.

    La otra persona, herida por mí, padece a causa de ello, es el sujeto pasivo de un sufrimiento infligido por mí. Aun en el caso de que no se haya dado cuenta de que he sido yo, desde mi perspectiva ya está cambiada la relación con esa persona, que pasa de ser un “tú” a ser un “él” o “ella”. Se ha debilitado la relación.

    Pero cuando estoy considerando, desde mi perspectiva, esa relación debilitada, estoy conjeturando cómo se percibirá desde la otra persona. ¿Se habrá dado cuenta? ¿Lo sabrá? ¿Cómo reaccionará cuando lo sepa? En el reverso de todas estas preguntas, sin embargo, estoy yo mismo presente, mucho más que la otra persona. Me preocupa cómo me afectará a mí la reacción de esa persona cuando descubra que he sido yo quien le ha hecho mal. Aunque no lo tengo delante de mí en este momento, con mi imaginación conjeturo sus reacciones y la repercusión de éstas sobre mí.

  ALGUNAS RAZONES POR LO QUE NO PERDONAMOS

  •    Esa persona me hirió por tanto merece mi odio.
  •    Si la perdono esa persona me hará nuevamente lo mismo.
  •    Si perdono soy débil.
  •    Perdonar a esa persona equivale a darle la razón.
  •    Perdonar al que me hiere es cosa de tonto.
  •    Otras.
 

PRINCIPIOS QUE NOS PODRIAN LLEVAR AL PERDON

Perdonar es una elección, por lo que no tienes que perdonar o creer en el perdón, en cambio, esfuérzate por calcular las consecuencias de tu elección, sea la de perdonar o la de no perdonar, pero deja que tu corazón te ayude a decidir.  Piensa en los siguientes principios:

  •     Valora la posibilidad de modificar lo que piensas sobre el perdón.
  •     No valores el ser una persona que regale culpas.
  •     Elige ser feliz en lugar de siempre tener la razón.
  •     Proponte dejar de ser una victima.
  •     Convéncete de que aferrarte a pensamientos rencorosos es una forma de sufrir.
  •     Aferrarte a la ira no es saludable.
  •     Toma decisiones en base al amor y no al odio.
  •     Cuando guarda rencor te auto-castiga.
  •     Convéncete de que te mereces ser feliz.

BENEFICIOS DEL PERDON

  •     Te libera de odio.
  •     Cuando perdonas a otra persona te perdonas a ti mismo/a.
  •      Deja atrás los pensamientos rencorosos y por tanto deja de sufrir.
  •     Consigue la serenidad de espíritu.
  •     Comienza a descubrir el valor de bendecir a otra persona, orar por ella, así como lo haces por ti mismo.
  •     DISFRUTA DE LA FELICIDAD Y LA PAZ QUE TE PROPORCIONA EL PERDONAR.

HASTA NUESTRA PROXIMA ENTREGA.



 Lic. Francisca Paniagua, M.A.
http://www.maovalverde.com/contactos/colaboradores/francisca-paniagua.html

Comentarios (7)Add Comment
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escrito por estela lozano, abril 26, 2008
muy bien me encanto y la kiero mucho es una mujer encantadora
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escrito por Amauris De Js Espinal, abril 08, 2008
Profe,
Excelente articulo, ojala yo pueda tocar este tema con usted, pues seria de mucha importancia para nosotros entender este paso tan importante como el perdonar. Nuestros temperamento a veces son barreras para dar ese paso, creo que una charla sobre este tema seria mas que interesante.

Que DIOS la bendiga!!!
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escrito por dilcia miguelina inoa aguilera, marzo 24, 2008
El perdon es lo que necitamos no todos pero si una gran mayoria para poder vivir en paz con dios y nosotros mismo. Este comentario muy atinado para este tiempo de reflecion y recogimiento, profe como siempre exelente comentario
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escrito por ..., marzo 09, 2008
Eficaz... Inspirador ...

EL valor del perdón ...

Creo en un ser superior...

Pero no se si es el mismo que todos creen...

Y no se nada...

Demasiadas decepciones y desilusiones...

EN fin...

YO supe lo que es dar perdón...

Pero espero ansiosamente que alguien me perdone..

Si no voy a morirme... MUerta en vida...

QUé peor que eso...

Buen argumento...

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escrito por Humberto, marzo 09, 2008
Felicitaciones licenciada, su enfoque no necesita de comentarios.
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escrito por . Vianny R., marzo 06, 2008
Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar ,una ofensa, sabe amar.Querida profe exelente tema .
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escrito por Isaías, marzo 05, 2008
Errar es de humanos; perdonar es divino... muy buen enfoque, licenciada.

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