| Competencias para gestión escolar, concepto general (I) |
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| Por Santiago A. Peña T. | |||
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El término competencia, interpretándolo en sentido estricto, referido al desempeño de una función, ha de entenderse, partiendo de lo expresado en la Vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española, como pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado. Es decir, se puede señalar, que cuando una persona está preparada, capacitada para realizar o desarrollar una tarea determinada, podríamos considerarla como competente para la ejecución de esa función.
Los autores señalados, citan entre otros, varios conceptos de otros autores sobre el término competencia, con la acepción ya indicada:
Se entiende actualmente la competencia, como un conjunto integrado de conocimientos, capacidades, representaciones y comportamientos movilizados para resolver problemas profesionales (Posner 2000). Pero ser competente, no solo se limita a estar preparado mediante la adquisición de conocimientos teóricos, de métodos, estrategias y procedimientos, que se convierten en rutinarios, para el desempeño de una tarea o función. En ese orden, señala la citada autora que, ser competente significa resolver problemas o desarrollar proyectos en tiempo oportuno, movilizando conjuntamente el saber realizar, con los saberes conceptuales pertinentes, para obtener resultados de calidad, indicando que una característica de las competencias es su capacidad de transferibilidad hacia otras situaciones o procesos de acción, ya que no se pueden considerar como un saber válido exclusivamente en tareas rutinarias o específicas. Termina expresando Posner al respecto, que ser competente supone la capacidad de ver, analizar e intervenir en un mundo complejo en el que se interrelacionan aspectos estrictamente técnicos, con aspectos culturales, sociales, éticos, políticos y tecnológicos. Boyatzis (1982), en Vásquez Tapia(2004) define la competencia como una característica subyacente, que puede ser un motivo, un rasgo, una habilidad, un aspecto de la imagen personal o de su rol social, o bien, un cuerpo de conocimientos utilizado por la persona; mientras que LeBoterf (1997) por su parte, considera que las competencias movilizan, integran y orquestan los recursos (saber hacer, saber actuar o las actitudes) que posee una persona de manera pertinente a cada situación en particular. Las competencias constituyen una combinación de recursos y sólo se evidencian en acciones o comportamientos. Según la Organización Internacional del Trabajo, la competencia laboral constituye una capacidad efectiva para llevar a cabo exitosamente una actividad laboral plenamente identificada, agregando que esta no es una probabilidad de éxito en la ejecución del trabajo, sino una capacidad real y demostrada. Señala este organismo especializado, que la competencia se orienta a conseguir una mayor calificación, flexibilidad y acreditación de los trabajadores, en un entorno que nos exige la actualización constante y el aprendizaje a lo largo de toda la vida (Agudo y Mamolar 2001). En cada caso, se enfatiza, que poseer una competencia, o ser competente para algo, implica eficacia y eficiencia, la competencia debe ser demostrada en la práctica, en el momento oportuno y ante situaciones imprevistas, en el uso apropiado y racional de los recursos disponibles, tanto materiales como humanos. Competencia implica actuar, hacer, implica logros, implica calidad, no justificaciones ni lamentaciones. Desde luego, como señala Posner, la competencia debe estar apegada a los principios éticos y morales que rigen la profesionalidad y todo quehacer social, pues mal se podrían violentar estos principios, en base a desarrollar competencias que vulneren la dignidad humana. La competencia profesional o laboral, de acuerdo a los diferentes conceptos expuestos, requiere de habilidades, conocimientos, destrezas, desempeño, etc., aplicadas al trabajo. Lo que no se especifica bien, es el origen y la forma de adquisición de esas cualidades y características. Sin embargo, (García y Poblete 2003), al respecto, presentan el siguiente gráfico, que consideran como integrador del concepto de competencia, dejando implícito el tipo de contenidos que debe involucrar: En el centro se sitúan los valores, de los que provienen las actitudes y motivaciones, que conjugadas con los conocimientos, habilidades y destrezas, convergen hacia los puestos de trabajo y al entorno laboral, conformando un todo, que da lugar a las competencias. La Universidad de Deusto, dentro de su marco pedagógico, define las competencias como "el conocimiento, la capacidad, habilidad o destreza adquirida, que da lugar a un buen nivel de desempeño y actuación" (Poblete, 2000, en García y Poblete 2003), concepto que puntualiza lo ya reiterado, cuando se refiere a buen nivel de desempeño y actuación. Del libro Competencias para la gestión escolar, situación en la Rep. Dom., publicado por el autor (2006)
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El uso del término competencia con el contenido específico señalado, y que nos interesa tratar, fue aplicado por primera vez por McClelland en el año 1968 (García y poblete 2003), quien investigaba sobre variables que llevaban a un buen desempeño en el trabajo de las personas. Según estos autores, a mediados de la década de los setenta, en plena crisis en Gran Bretaña, se cuestiona el criterio de cualificación en la formación profesional, ya que difícilmente es garantía de empleabilidad y se retoma el concepto de competencia como conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y destrezas que son capaces de garantizar un desempeño eficaz. En Estados Unidos, Canadá y Australia se desarrolla este concepto y desde la pasada década se trascienden las competencias laborales, pasando a ser consideradas como competencias profesionales que se aplican a la formación personalizada, así como a la evaluación para la tutoría ("coaching") y ayuda al desarrollo personal y profesional, amén de la selección de personal, descripción de puestos y perfiles profesionales.
