jul
20
2008
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La carrera magisterial, segunda parte PDF Imprimir E-Mail
Por Santiago A. Peña T.   
Entre 1978 y 1979, Mao y la región  luchaban con fervor, por hacer realidad la instalación de un centro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la cual era una vieja y anhelada demanda. Todos los sectores de la sociedad se mantenían involucrados en la demanda de este propósito. La insistencia y argumentaciones con miras al logro de esta meta eran tales, que se daba como un hecho, aunque sin la certeza del tiempo. La mayor incertidumbre  la constituía el lugar de instalación, que se disputaba encarnizadamente entre las dos provincias vecinas, Valverde y Santiago Rodríguez.

Ante esas expectativas y las dificultades que representaban los estudios en Santiago, decidí esperar; involucrándome en la demanda por la instalación universitaria, como casi todos los jóvenes de entonces. La espera por suerte, no fue por mucho tiempo. Mediante la resolución 097-79, del honorable Consejo Universitario de la UASD, se autoriza la instalación del  Centro Universitario Regional del Noroeste con sede en Mao,  y una extensión en Sabaneta, provincia Santiago Rodríguez.

Las actividades docentes se iniciaron a principio del mes de Noviembre del año 1979. Me correspondió el honor de ser de los estudiantes  fundadores del Centro Universitario Regional del Noroeste (CURNO). Era aquel, un momento difícil para el país, que trataba de recuperarse de la embestida del Huracán David, que había dejado a su paso, muerte, destrucción y desolación. Nuestra región sufrió severamente el azote de este devastador fenómeno natural.

Fundamentalmente se inició impartiendo la carrera de Educación a nivel técnico, en sus diferentes menciones, introduciendo con el grado de licenciatura la Educación Mención Desarrollo Agrícola y Rural. Como la mayoría, esta última fue la opción seleccionada. Como carrera pedagógica vinculada a la extensión agrícola, se perfilaba como una alternativa de dejar las aulas, pues como siempre, este trabajo es duro, nunca bien pagado y al parecer de un futuro poco prometedor. Ello, a pesar de su importancia y de la onda satisfacción que embarga a los que nos ha tocado la oportunidad de ejercerla, haciéndolo  con responsabilidad y dedicación. No digo vocación, porque este es un atributo sublime, que no todo el mundo tiene la virtud de poseerlo de manera expresa. Y ante la escasez del mismo, la responsabilidad y la dedicación en el ejercicio de cualquier tarea, podrían ser su sustituto perfecto.

Con el apoyo rotundo de Doña Altragracita, directora de la escuela donde trabajaba, después de una apretada semana de trabajo, los viernes y sábados se convirtieron en largas jornadas que se prolongaban desde el inicio hasta el final del día en las calurosas aulas del CURNO. Pero eso no importaba, la mira esta puesta en la meta que se buscaba alcanzar.

Durante la estadía en el CURNO, este fue escenario de eventos importantes, tanto desde el punto de vista académico, como desde otros aspectos. No se puede olvidar aquel sábado de cuaresma del 4 de abril de 1981, cuando se producían movilizaciones en el interior del centro universitario -repleto de estudiantes- situación ante la cual, acudieron fuerzas militares y policiales que le rodearon, agrediendo a tiros y bombas a estudiantes indefensos, que solo hacían uso de su derecho a la protesta, por la presencia de buques norteamericanos en tierra dominicana. Entre las diez y las once de la mañana, la bala de un fusil  M-16 disparada por un guardia, atraviesa la fría hoja metálica de una persiana, para luego penetrar en la cabeza  de la estudiante esperanceña Ángela Guzmán, que buscaba refugio dentro de una aula.

Un elevado porcentaje de los matriculados en el CURNO para la época, estudiaban la carrera de Educación, y muchos de ellos ya eran maestros en ejercicio. Por lo tanto, una de las más profunda crisis que haya afectado al magisterio dominicano, en lo que tiene que ver con cancelaciones selectivas e injustificadas, no podía ser ignorada en este escenario. Efectivamente, la cancelación de más de un centenar de dirigentes de la Asociación Dominicana de profesores (ADP), diseminados por toda la geografía nacional, se sintió duramente en el CURNO y toda la región. En sentido particular, el magisterio y la sociedad maeña lo sintieron en carne viva, con la cancelación de las destacadas educadoras y dirigentes sindicales Rita Peña y Rosa Francia Mena.  De ambas había sido discípulo, en el nivel básico y  bachillerato respectivamente. Con poco tiempo en el magisterio, alrededor de tres años (dos en el campo y uno en la ciudad), ya ocupaba un lugar de principalía en la dirección municipal del sindicato, la Secretaría de Organización. Rita era entonces la Secretaria General, Rosa Francia, si mal no recuerdo, Encargada de Finanzas. A pesar de lo novel,  segundo en el mando, me tocó entonces en mucho, con las orientaciones de estas y otros dirigentes, ser la cabeza visible –para lo cual no vacilé- en la ardua y prolongada lucha por la reposición de los cancelados.

No faltaron, a través de terceros, una que otra amenaza de cancelación, emanadas de las autoridades locales de entonces, lo cual se convirtió en una práctica por iniciativa particular, o acatando las orientaciones de los superiores. Fueron momentos de mucha tensión e incertidumbre en el magisterio local y nacional. El CURNO fue escenario de movilizaciones y protestas durante un largo tiempo por esta causa. Muchos docentes de la universidad respaldaban tales protestas.

El profesor que nos impartía en ese momento la asignatura Didáctica General, era Ángel Hernández, joven muy preparado e inquieto. En la Secretaría de Educación –que me parece ha sido la única ves ha sido dirigida por un ingeniero electromecánico- estaba al frente  de   uno de sus departamentos clave,  la Dirección de Currículo. Es decir, era un funcionario importante del ministerio. Sin embargo, esto no fue óbice para participar en la multitudinaria marcha (pacífica, pero no en silencio) efectuada un sábado, que recorrió las calles principales de la ciudad en demanda de la reposición de los dirigentes cancelados en todo el país, sin importar  las amenazas e intentos  de agresiones por parte de las fuerzas represivas del momento. Con el Dr. Ángel Hernández me correspondió luego trabajar,  cuando este  ocupaba las funciones de Sub Secretario de Estado de Educación, Encargado de Asuntos Docentes, en el momento que estaba al frente de la Dirección Regional de Educación.

Beber en la fuente del conocimiento al navegar por los contenidos de cada asignatura día por día, semana por semana, mes tras mes, representaba una acogedora y gratificante experiencia, que nos llevaba al análisis y comparación de la práctica, la realidad y las fundamentaciones teóricas. Cátedras desarrolladas la mayoría de las veces por experimentados profesores, con excelente dominio y totalmente compenetrados con las temáticas tratadas. Entre los tantos, recuerdo aquel profesor, que con excelentes condiciones docentes, llegó a impartirnos una asignatura sobre la sociología de la zona rural. Humilde, amable, respetuoso, al parecer de ingreso reciente en la universidad, pero con dominio absoluto, compenetrado  y con vivencias sobre la temática.  Sobre todo identificado con la realidad del campo y la necesidad de cambio. Nadie pensaría, que hoy, Roberto Reina, sería el Rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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