La carrera magisterial, tercera parte PDF Imprimir E-Mail
Por Santiago A. Peña T.   

La escuela Sibila, se convirtió en mi escuela. En  este centro educativo, además de docente, fui discípulo, de él, de la comunidad y de su entorno. Aun novel, encontrarme con aquella pléyade de maestras, forjadas la mayoría bajo la rígida formación de las  Escuelas Normales, con amplia experiencia y duras batallas en el quehacer docente, me sirvió de aprendizaje. Pero Sibila, como oficialmente siempre  ha estado designada, no obstante los diferentes nombres con que se le conoce, ha sido y constituye escuela para muchos, incluso, para los que nunca asistieron a ella. La Pericles Bienvenido Disla, como siempre quiso Doña Altagracita que se llamara, o escuela de los Cajuiles como la conoció mucha gente, constituye un símbolo para los sectores que están a su alrededor y para el municipio de Mao. La referencia obligada al orientar a alguien del pueblo o de otro lugar, que no supiera  como llegar a una dirección determinada, era “la escuelita verde”. Durante mucho tiempo ocurrió así –todavía no ha desaparecido- a pesar de que su color verde fue cambiado por amarillo, en una jornada nacional para pintar de este color todas las escuelas del país en el año 1997. No sé, si porque este era uno de los colores del partido que gobernaba entonces.

En Sibila fui bien recibido por aquel cuerpo docente constituido por un personal femenino en su totalidad. Además de la Directora doña Altagracita Rodríguez de Fernández, Siria Jiménez de Castellanos, Lilian Reyes de Sanavia, Milagros Zapata de Rodríguez. Victoria Rodríguez y Nubia Espinal, fueron jóvenes con las que compartí por poco tiempo La escuela fue creciendo, otras y otros fueron llegando y pasando, a lo largo de los 22 años que permanecí allí.  Doña Aracelis Bernard (fallecida), Juana Rodríguez y Dulce Francisco de Sosa. Además, Rita Duran, Juana Ventura, Lidia Disla, Isidro Robles, Miladys Cruz, Luz Hermida Medina, Rosa Gloria Rosario,  Carmen Almonte (mi esposa), Cecilia Minaya, Doña Zunilda Colon y Zunilda Minaya. En Educación  Física, el legendario Alejandro Acevedo (ido a destiempo),  Luis Disla y Carlos Gómez. Algunos de los citados, todavía permanecen en la escuela. La historia de la escuela Sibila, no puede dejar de mencionarse a Rosa Herminia Durán, “Mujer”, -la cual estaba cuando llegué- quien limpió y cocinó en la escuela por mucho tiempo, antes de ser designada como conserje, incluso siguió trabajando después de ser jubilada. Y qué decir de la preocupada Amelia de Jesús Minier, quien de madrugada venía desde Hato Nuevo, para retirarse al terminar el día?

La escuela de Sibila, nunca contó con una planta física a la altura de las exigencias. Cuando llegué (1978), su infraestructura principal de 4 aulas, había sido construida al inicio de los 60, como parte de la campaña electoral del partido Unión Cívica, en las primeras elecciones democráticas después de la caída de la tiranía. Contaba además con una casita alquilada, propiedad de los vecinos del lado, que aportaba dos aulas. Al llegar, en la búsqueda de espacio para satisfacer la demanda de la población, fue alquilado un nuevo local (El Madrigal), ubicado muy próximo al cruzar la calle Santa Cruz. Era un bar, cuya parte delantera me sirvió de aula, y la enramada de atrás fue habilitada para dos cursos, aunque hubo momentos en que sirvió para tres.

A pesar de que  la escuela solo impartía docencia hasta 6to curso -aun sigue siendo así- al inicio de la  llamada década perdida, que también terminó siendo la década en la que la educación dominicana atravesó una de sus peores crisis, la matrícula de la escuela alcanzó su clímax, al sobrepasar los mil estudiantes, en tan solo 9 mal llamada aulas. Se constituyó  la segunda en población del municipio, hasta que fue construida La Gachén. Entonces, se comenzó a impartir docencia en el patio, albergado en la sombra de “los cambrones”, cargados de “jibijoa”. Esta situación obligó a que la comunidad educativa, con el emprendimiento que siempre caracterizó a la directora, se embarcara en la ambiciosa construcción de 5 aulas.  Un sin número de actividades y acciones pro recaudación de recursos y búsqueda de apoyo, se llevaron a cabo. Ante esta situación, asumí  un importante rol,  pues, desde que llegué, tanto la dirección como todo el personal docente, me trataron con mucho respeto, llegando a gozar de un amplio espacio de participación, prácticamente convertido en el asistente de la Directora. El Madrigal, que siendo un lugar de diversión se convirtió en escuela, fue escenario nuevamente de fiestas pro recaudación de fondos para la construcción, lo que  trajo a muchos comunitarios agradables añoranzas,

Con mucho esfuerzo y sacrificio, la construcción fue llevada a la altura de techo, pero ya las fuerzas se agotaban. Entonces se inicia una nueva etapa. Para llamar la atención de las autoridades se efectuaron marchas, paralizaciones y otro tipo de protestas, hasta culminar en una paralización indefinida de la docencia. No se hizo esperar la acostumbra presión y chantaje de las autoridades educativas y gubernamentales, para detener la lucha, sin dar respuesta a las demandas. La comunidad en pie de lucha, solo desistió ante la presencia del Director general de la Oficina de Desarrollo de la Comunidad (hoy, Dirección General de Desarrollo de la Comunidad), en la época (1984), con los materiales para la terminación de la construcción. Finalmente la obra se hizo realidad, pero no fue tan fácil, la comunidad debió seguir aportando la mano de obra. Sin embargo, esto no resolvió la precariedad y obsolescencia  de la infraestructura de la escuela, solo la palió, el madrigal continuó en uso. Por casi dos décadas la escuela continuó funcionando así, tiempo en el que no faltaron las demandas por la construcción de una planta física apta para la docencia.

La directora de la escuela fue jubilada en el año 1986. Para ese tiempo, por decisión de ella, con el apoyo del personal y con el visto bueno de las autoridades educativas, había sido liberado de una tanda de docencia, para acompañarle en la dirección.  Prácticamente por consenso del personal se entendía que debía pasar a la dirección de la escuela, pero esto no bastaba, hubo un llamado a concurso por parte de la Secretaría de Estado de Educación. Deposité los documentos correspondientes, para sorpresa de todos, alguien más de la escuela los depositó, pero finalmente, me presenté solo al concurso. En el mes de julio  asistí a la sede de la Secretaría de Educación para someterme a las pruebas correspondientes, siendo designado en agosto del mismo año.

Aun que de hecho, la responsabilidad de la escuela desde hacía tiempo estaba sobre mi,  la situación comenzaba a ser diferente. Dirigir un centro educativo, en medio de las precariedades que presentaba la escuela, con una sobredemanda de la población, procedente de sectores urbanos marginal, se torna complicado. Amen de la complejidad que implican las interioridades de cualquier escuela, en procura de la armonía, el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles materiales y humanos, para ofrecer una educación de la mejor calidad posible. La reforma educativa introducida a partir de 1992, significó la exigencia de una amplia gama de nuevas competencias por parte del director de escuela, para lo cual, en principio no se le comenzó a dotar de la preparación adecuada.

Fue en el año 1998, cuando logré la oportunidad de prepararme en el área de la gestión escolar. La Secretaria de Educación inició un programa de capacitación de directores de escuelas, con un curso de Post Grado en Gestión y Administración de Centros Educativos, en la PUCMM.

El nuevo enfoque micro político, de las organizaciones escolares, para entender y analizar la complejidad de la función del director de escuela, lo sitúa entre los extremos. Bacharach, 1981, los considera gestores intermedios  que deben responder a sus administradores superiores, y rendir cuentas ante los padres como clientes y ante otros sectores sociales. De ahí que, a menudo, los directores se enfrenten con el intento de satisfacer imperativos políticos y administrativos simultáneamente. Desde luego, esto implica   mantener  el equilibrio y la armonía interna  para  responder a las demandas de su personal, y hacer viable los propósitos de su función.

Hasta el año 2000, es decir, durante 14 años estuve dirigiendo la Escuela Sibila. Con entereza, dedicación, y sobre todo con mucha responsabilidad. Siempre con la frente en alto, entregado a la función, con mucho respeto a los compañeros, pero con la firmeza suficiente para reclamar el cumplimiento del deber y demandar ante las autoridades el cumplimiento de su rol. La relación amplia y abierta con la comunidad, el contacto directo y permanente con las autoridades, y la vinculación con los demás compañeros directores, constituyeron durante ese tiempo un puntal que me permitió conocer con más amplitud la magnitud y complejidad del problema educativo. Esta interacción, también hizo posible el cultivo de  amistades profundas y sinceras.

En el año 1994, recibí el título de Lic. En Derecho, de la Universidad Tecnológica de Santiago, UTESA. Pero, no todo fue trabajo y estudio. Cuando se llevan inquietudes, siempre se buscan nuevos horizontes y alternativas, que conduzcan a la satisfacción de las mismas. Decido  incursionar en la política partidaria y llego a uno de los partidos de la tradición  en la nueva etapa de la democracia dominicana. Llegué al Partido Revolucionario Dominicano en el año 1987, cuando este partido estaba en crisis, después de culminar el gobierno del Doctor Salvador Jorge Blanco. Siempre había sido un simpatizante del PRD, pero no miembro, ni mucho menos activista, pero en ese momento entendí que era el tiempo del Doctor José Francisco Peña Gómez.  Mi contacto para la incursión en el activismo político fue el Profesor Francisco Cabral. Llegué  con gran fervor, me entrego por lo que considero una mejor causa. Entonces, uno se  hace su propio espacio, como político y profesional. Como consecuencia del desgaste que obliga a la rotación  de los partidos tradicionales en el gobierno, por  la insatisfacción de los requerimientos de la población, le toca el turno a  tu partido.


Junio2007

 

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