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20
2008
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Topicos y Opiniones
Por Isaías Medina-Ferreira   

Adiós a Rolando

 Había llegado el momento acordado. Los rostros de pesar mezclados con orgullo infantil lucían resignados. Rolando “no podía seguir viviendo con nosotros” habían sentenciado nuestros mayores. Varios meses habían pasado desde que lo encontráramos patas arriba y desplumado entre los arbustos de Papa-Juan y Mama-Gloria, nuestros vecinos. Entonces, la única señal de que vivía eran los movimientos lentos y desfasados de sus patas de palo y las prolongadas bocanadas de aire que inhalaba desesperado por su pico que abría como tijeras. Con un gotero le administramos unas cuantas gotas de agua que pareció apreciar. Su recuperación fue lenta y demandante. Desde que lo encontramos no hubo para nosotros otro centro de atención que Rolando. Atrás habían quedado las peleas, las enemistades y hasta los juegos. Todos nos desvivíamos por el derecho a reclamar propiedad de quien con el tiempo se transformó en un hermoso ejemplar de plumaje gris, con pescuezo verdoso que despedía brillo variopinto al tocarle el sol. Mimos, arroz, maíz, agua... nada le había faltado a Rolando en su dichosa existencia entre “los charrasqueados”, como nos gustaba llamarnos al grupito de traviesos que componíamos. Como habíamos convenido, a las diez de la mañana de un día soleado y agradable, lo retiramos de la jaula y lo pasamos de mano en mano en un ritual que semejaba más un velorio que el regreso glorioso de un hijo a su hábitat natural. Al soltarlo, con aleteos inciertos, sobrevoló unas tres veces nuestras cabezas, como si se despidiera y nos mostrara sus habilidades aeronáuticas. De repente, se disparó hacia arriba como un cohete; entonces, en un giro inexplicable, con la misma velocidad, cambió de rumbo y se dirigió en picada hacia donde estábamos. En una secuencia desgarradora, primero vimos las plumas que se desprendían de sí al estrellarse contra el tendido eléctrico y acto seguido, el sonido seco, ¡plof!, que despedía su cuerpo al ser aplastado por la rueda del carro de pasajeros que pasaba.


Isaias Medina Ferreira
http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html

Comentarios (4)Add Comment
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escrito por Mustonen, abril 05, 2008
Comentario de Pablo Mustonen:

Había llegado el momento acordado. Los rostros de pesar mezclados con orgullo infantil lucían resignados. Rolando “no podía seguir viviendo con nosotros...

Isaias:
Que tierna narración la de Rolando, plasma toda la ingenuidad de los niños de nuestra época, creo que Rolando fué el renacer de "mi pájaro bobo", gracias a ti regresé a mis tiempos de niño, cuando correteaba por las inmensas sabanas de nuestro querido campo, en donde las aves eran abundantes y no conocíamos la maldad. Lamenté el final, pero tu narras la muerte de tu Rolando con la ingenuidad que en ese instante llevaba dentro de tu corazón. Que belleza.
Ah, te envié mis felicitaciones pero al parecer no llegó a su destino, he tenido muchos problemas con la energía eléctrica. Te adjunto a mi querido pájaro bobo, para que lo compares. Un abrazo de hermano
Pablo
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escrito por Plinio Cruz-Alvarez, noviembre 23, 2007
Tantas cosas quisiésemos decir pero solo nos atrevemos a musitar, gracias hermano y que sigan deslizandose esas plumas.
Sentimos que mientras hayan Pablos e Isaiases, tendremos poesia en Mao.
Saludos y otro abrazo.
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escrito por ING. TONY RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, noviembre 22, 2007
La verdad me siento muy apenado, pués hasta estos días, fue que me dí cuenta que el tiempo que no se aprovecha es tiempo perdido y he perdido mucho tiempo; ya que antes no me habia concentrado tan directamente en los escritos del Sr. Isaias Medina, pués solo si veía un titulo agradable o que me llamara la atención iba y leía la columna.

Hoy he visto "El Adios a Rolando" y entre solamente para ver si conocia a esa persona o ver quien fue que falleció, y me encuentro con tan provechoso, agradable, argumentado y tan bien redactada y narrada historia.

Isais Medina, le felicito, es usted un valor no cuantificable de nuestro pueblo.

Ing. Tony Rodríguez
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escrito por moncito, noviembre 22, 2007
Vaya ironia! Un muy bien logrado cuento. Intenso y con un final bastante inusitado y triste, que obliga a uno a tejer preguntas que van mas alla de la historia y se extienden a lo humano. Después de tantos mimos, se suicidaria Rolando ante la posibilidad de un futuro incierto? Fue un simple accidente producto de una pirueta juguetona en la que perdio el control Rolando? Felicidades Sr. Ferreira. He leido todo lo que hay publicado suyo en Maovalverde.com, y le confieso que me impresiona su versatilidad y manejo del lenguaje. A los compueblanos de Mao que tomen nota, pues estamos frente a un talento que es un tesoro escondido. Que bueno que es nuestro! Felicidades en el 125 aniversario.
Moncito deesde Holanda.

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