jul
20
2008
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Topicos y Opiniones
Por Isaías Medina-Ferreira   

¿Cuál es la religión de Dios?

Escribo esta columna a sabiendas de que transito terreno minado. Y la escribo porque soy un hombre libre, por un lado, y porque así como los religiosos consideran una obligación dar a conocer su convicción, yo que también he dedicado horas y horas a pensar en lo que escribo, me creo en el deber de expresar mis conclusiones u opiniones. O sea, nada de lo que digo es improvisado o producto de una rebeldía trasnochada: lo he rumiado por años. Lo que sí puedo asegurar es que mi intención no es atacar a las religiones, ni mucho menos ofender a los creyentes. Mi propósito es más noble: ser fiel a mí mismo.

 La religión —como los mitos y las leyendas (1) —, es parte esencial de la condición humana y ambas transitan tomadas de las manos. A través de la historia, la religión ha sido refugio de serenidad, de paz, y arma de bien y esperanza para muchas almas. Paradójicamente, ha sido también escudo de vicios, escalera para alcanzar a vivir vida privilegiada, refugio de parásitos sociales, arma de explotación del hombre por el hombre, un espejismo de consuelo, semilla de conflictos y altar de corrupción.
    
Hay constancia de muchos varones y mujeres que han hecho honor a su fe religiosa haciendo el bien y luchando por la justicia social. Los hay por miles, siendo el caso más notorio de nuestros tiempos el de la Madre Teresa de Calcuta. También los ha habido bien intencionados que han causado daño por obedecer al dogma eclesiástico por encima del bien social. Viene a la mente el caso del Cardenal Bernard Law, de Boston, un hombre intrínsicamente bueno que por lealtad a su iglesia no supo manejar el escándalo de los curas pederastas dentro de su arquidiócesis y con ello causó dolor a decenas de familias.
    
En su lado más oscuro, recordamos la religión como freno al avance científico y como arma de explotación, de dominio de conciencias y de resignación forzada en nombre de la “voluntad de Dios”. La persecución de Galileo Galilei es ejemplo notorio de lo primero. La cristianización de nuestra América Latina es un ejemplo de lo último: el indio y el negro buenos, los que obtendrían los beneficios de ir al paraíso, eran los que se doblegaban y no se rebelaban contra la “autoridad”, y se comportaban de acuerdo a la “voluntad divina” de resignación ante la vida que el Creador, según los conquistadores, les había destinado. Tan poderoso fue el lavado de cerebro, que todavía hoy día oímos decir que debemos vivir la vida “a lo que Dios quiera” o “a la voluntad de Dios”. Que “si Dios quiere”, haremos esto o aquello. Dios siempre quiere, por eso le dio libre albedrío a la humanidad. Lo que debemos es dejar de utilizar a Dios para justificar nuestra haraganería o dejar en sus manos lo que es esencialmente humano y depende de nuestro esfuerzo, pura y simplemente. Dios no es culpable por lo “negro de nuestro destino”, ni lo que nos pase a diario, lo cual se puede resumir con uso rudimentario de física: a toda acción, corresponde una reacción de la misma magnitud.
    
Nunca he podido entender las peticiones de los atletas previo a las competencias para que Dios les ayude a vencer, como tampoco entiendo las gracias elevadas a Dios por parte del vencedor después de terminado un partido sea de béisbol, básquetbol o fútbol. ¿Toma Dios partido en cosas tan frívolas? ¿Favorece Dios a unas de sus criaturas sobre otras? ¿Le importa a Dios si ganan los Patriots, los Jets, los Red Sox, las Águilas Cibaeñas, las Chivas de Guadalajara, los Leones de Ponce, el Real Madrid o los Yankees de Nueva York? ¿Se vende Dios al que haga más promesas o rece más? ¡Vaya sandeces! Los verdaderos creyentes debieran poner el grito al cielo cuando Dios es trivializado de tal manera.
    
Resulta una incógnita para mí, además, la imagen de un Dios vengativo y caprichoso, lleno de ira, presto a descargar castigos a dos manos por los exabruptos de sus hijos. ¿Por qué temer a Dios, si su amor es incondicional, y de infinita bondad? En vez de darse a querer, el Dios de ciertas gentes parece disfrutar más con que se le tema; ¿es esa la imagen de un Dios bondadoso, lleno de amor incondicional hacia sus hijos?

Todo lo anterior lo que parece indicar es que la religión es algo subjetivo, muy humano, que nada tiene que ver con Dios, que se presta mucho al fanatismo fantasioso e irreal y a la manipulación por parte de unos cuantos vivos.

Mientras unos van a la religión honestamente en busca de consuelo, algunos aprovechan esa vulnerabilidad y la explotan para bien particular, para vivir bien a costa de los demás, azuzando el fanatismo ciego que convierte el sentimiento religioso en un acto reflejo que responde ciegamente a las interpretaciones amañadas de las enseñanzas religiosas de un ministro determinado, a quien muchas veces le interesa más lo que pueda atesorar para sí que las almas que pueda salvar para el Señor. Un caso ilustrativo de esto último recuerdo que se dio en Mao: el padre Fioroni, de la finca, le decía a sus feligreses en confesión “si quieres ver a Cristo Rey, vota por Balaguer”. ¿Qué les parece?

Lo anterior, para una persona inteligente, sino fuera por lo dañino que es, resultaría risible; pero para una persona de poca sustancia gris e impresionable es un “mandato divino”, porque lo dijo el “padre”. Y he ahí uno de los grandes peligros de las religiones, porque es de entre los impresionables de donde éstas se nutren mayormente, prendiendo allí donde hay más desesperación.

Es para atraer a esos desesperados que éstas han establecido una competencia brutal entre ellas. En ese sentido, lo primero que hacen es contraponer una religión contra otra, llegando a extremos de matar en nombre de una creencia particular, lo cual, en mi forma simplista de ver las cosas, entra en contradicción, y derrota la intención, de alabar a un Ser superior que decimos es bueno y puro, y hacedor de todas las cosas, sobre todo de nosotros sus hijos, su obra maestra, hechos a su imagen y semejanza. ¿Cuál es la verdadera religión?, es una pregunta vieja sin solución, porque depende de qué lado del puente estemos. Lo que sí es cierto es que desde siempre las religiones han estado enfrascadas en una carrera proselitista desbocada, que a veces linda en el borde de lo inhumano.

Las contradicciones dentro de las creencias religiosas es tal, que como sabemos, en la humanidad no han faltado las guerras “sagradas”. La guerra entre católicos y protestantes en Irlanda, por ejemplo, y las guerras constantes entre los musulmanes y los judíos, ¿no son una atrocidad dizque en nombre de Dios? ¿Es que hay un Dios diferente para cada sector de la humanidad? Tampoco han faltado las purgas de los no-creyentes; todo en nombre de Dios.
    
La religión como arma política es otra de las desgracias de que ha sido víctima la humanidad. Casi siempre la religión ha coqueteado con el poder y al servir al opresor y convertirse en cómplice para avasallar a grupos humanos más débiles, ha mostrado su lado más repulsivo. Como ya he dicho, Irlanda del Norte fue escenario de una revuelta de años entre católicos y protestantes, todo por la hegemonía política. La conquista completa de América utilizó la religión católica para “civilizar” al indio y apaciguar al negro esclavo. Uno de los ejemplos más vergonzosos del uso de la religión como arma política sucede en los países musulmanes quienes la usan para oprimir a las mujeres y a sus ciudadanos más vulnerables. ¿Sería la intención de Allah que una parte de sus hijos esté para ser sirviente de la otra? Cabría añadir que aunque no en un extremo tan vergonzoso, la religión Católica en su dogma es casi tan machista y recalcitrante.

Las religiones, todas, difunden la creencia de ser la verdadera expresión de Dios y sus misioneros no se cansan de explicar los sucesos catastróficos como un envío del Señor en castigo por tal o cual falta humana o no pertenecer a “nuestra” religión, cualquiera que sea la nuestra o la ajena. Cuando Ariel Sharon, entonces primer ministro de Israel, tuvo un derrame cerebral hace unos años, la reacción inmediata de un líder palestino fue que en ello estuvo la mano de Allah como retribución a “la carnicería que Sharon ha cometido en contra de los palestinos”. Según la interpretación de Pat Robertson, ministro evangélico estadounidense, ese fue su castigo por “devolver la Franja de Gaza a los palestinos”. Otro ejemplo ilustrativo de lo subjetivo de las religiones y de cómo la utilizan los falsos profetas para defender sus intereses personales, sucedió a raíz de la tragedia hace un par de años en las minas de West Virginia, Estados Unidos, lo cual llevó al ministro Cristiano Fred Phelp, de Kansas, a decir que esto era un aviso al país por negarse a incinerar a todos los homosexuales. Los desastres de Katrina y de 9/11 arrancaron también palabras absurdas de Pat Robertson y Jerry Falwell (este último fallecido no hace mucho) que los catalogaron como avisos de Dios a los no creyentes.

Sin dudar del fervor religioso de esos ministros, lo que no entiendo es cómo puede uno creer en un Dios omnipotente, todo amor, y al mismo tiempo pensar que ese mismo ente de bondad causara un derrame cerebral a Ariel Sharon en el 2006. ¿Por qué esperó Allah tanto tiempo para “hacer justicia” causando un derrame cerebral a Sharon? ¿Qué hacía Allah mientras los palestinos, que de seguro son también sus hijos, sufrían de parte de ese “malvado”? Por otro lado, en cuanto a Pat Robertson, no hace sentido que un Dios bueno y compasivo decida quemar a casi 3,000 inocentes en Manhattan, o a ahogar a un solo sector de la población en New Orleans, entre los que sin dudas había muchos creyentes. ¿De qué lado está Dios? Y no me digan que Dios sabe lo que hace o que las cosas de Dios sólo él las sabe, pues esas no son más que frases hechas, caminos trillados que sirven de escapatoria a los predicadores, frases que utilizan para apaciguar a los tontos.

En cuanto a Phelp, ¿cómo puede explicarse que el castigo de Dios por haber Massachusetts admitido el matrimonio entre homosexuales, sea matar a una docena de mineros en West Virginia? Parece un poco arbitrario, ¿no? Si la controversia de los matrimonios entre homosexuales comenzó en Massachusetts, es allí donde cabría el castigo, no en West Virginia. Es como si patearas a un perro porque alguien te robó la cartera o te chocó el carro. No hace sentido. Una de tres: o Dios no es lo que profesan sus ministros, o todas las religiones carecen de sentido, o los mensajeros de esas religiones están despistados, no saben de qué hablan, o sí saben y manipulan la verdad para servir propósitos humanos funestos. Es tarea de cada quien explorar esas posibilidades y, con mente abierta, sin fanatismo, sin sentimentalismos lacrimógenos y con mucha objetividad, sacar sus propias conclusiones; no simplemente aceptar lo que se nos tira como verdadero porque haya sido la creencia de nuestros ancestros.

(1) De ninguna manera insinúo que la religión se deba encasillar entre los mitos y las leyendas.

Isaias Medina Ferreira
http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html


Comentarios (6)Add Comment
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escrito por moncito, noviembre 22, 2007
Otro tema espinoso que usted trata con buen juicio y cuidado. Gracias.
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escrito por wilson moreta, octubre 05, 2007
HE SEGUIDO CON MUCHA ATENCION SU REFLEXION. LE FELICITO.
FIJESE QUE CUANDO LAS COSAS SE ENFOCAN CON MADUREZ, FUERA DE PREJUICIOS, CON RESPETO Y CRITICA RESPONSABLE, EL APORTE ES RECIBIDO AUN POR LOS QUE PUEDAN ESTAR EN DESACUERDO, CON TODO SU DERECHO, DE UNA MANERA DIFERENTE.
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escrito por Isaías, octubre 04, 2007
Gracias Papo, Julio y Miguel de Jesús...

Julio: las religiones son una extensión de nuestra espiritualidad y única salida a lo que intelectualmente somos incapaces de explicar o entender. Son parte de la humanidad y como usted dice son las varillas de la armazón que sostiene mucho de los valores morales que nos distinguen de las fieras salvajes. Los peligrosos son los mercaderes que se valen de la religión para embaucar o para dominar.

Miguel de Jesús... sé que te maltrataron, incluso usaron epítetos de desprecio y racismo contra tu persona, por las cosas que escribiste. Eso en parte me empujó a escribir este artículo, pues no puede uno callar porque dos o tres mal informados quieran silenciar el libre fluir de ideas. Cristo, la figura histórica, es el más grande líder que haya conocido la humanidad, pero fue humano, y como tal tuvo debilidades. Muchos que se dicen Cristianos quieren callar a todo aquel que las señale. Y ahí precisamente reposa el gran error: la intolerancia de muchos los descalifica para llamarse cristianos pues el cristiano no odia ni murmura ni busca faltas en sus semejantes. En última instancia, la intolerancia es la razón de los que no tienen razón.
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escrito por Miguel de jesus, octubre 04, 2007
Sin desperdicio su comentario lider,tome en cuenta que lo van a crusificar,como ha pasado conmigo,aqui los catolicos y evangelicos en su gran mayoria los son por tradicion no por una coviccion,incluso hay mucho miedo,y basta ya de eso,Dios es un ser infalible que vive dentro de nosotros,no el Dios con visos homosexual que nos quieren pintar,porque las iglesias estan llena de amanerados,lo cual no entiendo el porque,cuando las personas entran a las religiones pierden la voz varonil,hay personas que se me han acercado para pedirme que no escriba mas de las iglesias,pero me mantendre firme,haciendo uso de la vocacion democratica,senor Medina Ferreira ,lo felicito excelente articulo,ilustrativo,cultural,informativo y sobre todo humano,lo admiro lider....
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escrito por Julio3, octubre 04, 2007
Su artículo expresa muy bien lo que mucha gente piensa y tal vez no pueda expresar de manera tan elocuente como lo hace usted. En verdad no se puede refutar ninguna de sus afirmaciones. Al leerlo me viene a la mente la frase del actor Jack Nicholson en la película A few good Men "You want truth,
you can't handle the truth" (literalmente: "Quieres la verdad, no podrías soportar la verdad". La gran mayoría de la gente (el pueblo) no tiene
la capacidad de actuar acorde ciertas normas si supiera que no existen consecuencias a sus hechos y por eso nacen
las religiones, al menos es lo que pienso. Hombres sabios de la antiguedad, líderes que vieron la necesidad de controlar grupos de personas, ya sea por beneficio propio y otras veces para beneficio de la comunidad, crearon reglas, rituales y normas que dieron origen a lo que llamamos hoy religión y como consecuencia surgió todo este orden social que disfrutamos u odiamos, en algunos casos. Con sus defectos y virtudes las religiones son muy necesarias, porque no se puede negar que muchos líderes del mundo han forjado su educación y caracter gracias a la religión que los formó. El fanatismo religioso y la no tolerancia a otras religiones es lo que se debe evitar. El día que desaparezcan las religiones no seremos mas que animales en la selva, en donde solo sobrevivirá el más fuerte, por fortuna no veo que esto sucederá en un tiempo cercano. Ojalá y que mucha gente opine, pues es muy buen tema para escuchar opiniones diversas.
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escrito por Papo ( El de Genta ), octubre 04, 2007
He seguido relativamente de cerca este tema por unos 30 años y su exposicion es una de las mas objetivas e imparciales que haya conocido.

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