| Del desacuerdo al insulto |
|
|
|
| Topicos y Opiniones | |
| Por Isaías Medina-Ferreira | |
|
Raramente están dos individuos, o grupos, cien por ciento de acuerdo sobre un asunto determinado, pero ¿debemos insultarnos por ello? A veces no importa que los individuos o grupos estén del mismo lado del tema. Siempre habrá discrepancias, aun sean pequeñas, las cuales se ensancharán en la medida que entren en juego las experiencias, el nivel de conocimiento de las partes, la complejidad del tema y hasta el contexto cultural que sirva de fondo a los involucrados. Y no olvidemos en añadir los intereses personales de cada bando, los cuales son a veces un mayor obstáculo en lograr consenso que cualquier otra incidencia. Y es que nada es simplemente blanco o negro. La verdad absoluta no existe, precisamente por esa variedad de factores que inciden en un asunto determinado, muchos de ellos a veces contradictorios y fuera de nuestro control. Como animales sociales, tenemos la necesidad de dar a conocer lo que pensamos; o, lo que es lo mismo, tenemos la necesidad de intercambiar ideas. Esto en cierta medida ha permitido nuestro avance como sociedad. Es ese intercambio diario, si podemos articular nuestra posición con claridad, el que nos permite negociar, atraer aliados, o nos permite defender nuestra posición con éxito. No hay nada errado en el desacuerdo. El desacuerdo es bueno, por la oportunidad que nos brinda el debate civilizado de dilucidar ideas, ejercitar la mente, aprender, fortalecer nuestras posiciones y hasta cambiar curso, si es necesario. En otras palabras, es saludable sostener debates, no importa cuán doloroso resulte a veces para nosotros convencernos de que después de todo nuestra posición y nuestra verdad, no estaban bien fundadas y fueron incapaces de sobrevivir el menor asalto. Convencerse de ello y aceptarlo no es fácil. A veces ni siquiera es aconsejable claudicar y renunciar a nuestra posición. ¿Razón? Nuestra versión de la verdad, la cual a lo mejor obedece a estrategias diferentes, aunque escoja un camino diferente para perseguir y alcanzar un ideal anhelado, podría ser más efectiva. Las discrepancias políticas en muchos casos, sólo difieren en la metodología a seguir. Por eso, si estamos plenamente convencidos de algo, debemos defenderlo hasta las últimas consecuencias. Por otro lado, hay circunstancias en que tampoco debemos perdernos y ser intransigentes: siempre debemos tener la mente abierta y entender que si hay que claudicar momentáneamente, hasta que nos ilustremos más sobre un tema en particular, pues debemos hacerlo, y volver a la carga en el futuro, cuando hayamos atesorado más y mejores elementos de juicio. La obstinación porque sí, la que crea nuestro ego como mecanismo de defensa, no es buena, a menos que tengamos base amplia para diferir o para aferrarnos a una idea u opinión. ¿Cómo vamos a negar la ley de la gravedad, por ejemplo, si es tan obvia y no tenemos otra ley convincente para oponerla? Si bien es saludable debatir ideas, es definitivamente un obstáculo mayúsculo en nuestro desarrollo como seres humanos convertirnos en “busca faltas” patológicos, siempre calculando cómo vamos a contradecir lo que digan los demás, no importa cuán insignificante o sólido sea el argumento. Está bien cuando en una reunión alguien se convierte en “abogado del diablo”, buscando el lado opuesto de las cosas para mantener vivo un debate, pero en la vida real, ser un espíritu de contradicción, porque sí, nos convierte, en vez de entes activos, en reactivos o en una especie de veneno que nos daña a nosotros mismos, sobre todo. El avance de las comunicaciones ha dado la oportunidad de expresarse a muchos que no tenían voz, y eso es bueno. Lo malo es cuando hacemos mal uso de esos canales de expresión. Cada día, ya sea en la radio, o en los foros de discusión de Internet, noto que la gente en vez de debatir ideas, prefiere insultar a alguien con quien no esté de acuerdo. A veces de una forma cobarde, agazapados detrás de un seudónimo, dejamos escapar los más burdos insultos, lo cual es doblemente reprochable. Caso ilustrativo: alguien me envía un correo-e en el cual lo primero que me dice es CALLATE QUE TU NO SABES LO QUE HABLAS, y esa persona se ofende porque la ignoro y no le contesto. ¿No se da cuenta que ha cerrado las puertas para que podamos sostener un diálogo normal? Como decía al principio, siempre habrá personas que no estén de acuerdo con un punto de vista determinado. En mi caso, comprendo que soy sólo un humano en evolución, que aprende a diario y que no soy infalible; por lo tanto no me molesta la crítica, a menos que sea una necedad que carece de seriedad. Es más, la mayoría de veces, el trabajo de un comunicador exige sugerir, no decir, y presentar el ángulo controvertido de un asunto, porque es necesario para que el tema se debata, y que cada quien saque sus propias conclusiones. Todos tenemos el derecho a decir lo que nos de la “santa gana”, a disentir y hasta a hacer el ridículo, si es lo que preferimos, porque al fin y al cabo, si vamos a preocuparnos por lo que piensen los demás, nunca nos expresaríamos. Lo que sí dice muy poco de nosotros como seres humanos es cuando decidimos interferir en ese derecho sacrosanto de los demás a expresarse y los insultamos por ello. Si no tenemos algo de valor que añadir a una conversación, ¿por qué no quedarnos callados? En nuestro medio, la comunicación ha alcanzado un grado tal de deterioro, que a veces comenzamos hablando de los candidatos a ocupar puestos públicos y terminamos “mentándonos la madre”; y es que cuando no tenemos argumentos convincentes para contrarrestar al contrario, cometemos el craso error de atacar la persona, no el tema que se discute. Yo comprendo que a veces es difícil, cuando está uno acorralado, no echar manos de lo primero que aparezca para defenderse; es un impulso de supervivencia, típico del reino animal del que somos parte. En el caso de las ideas, sin embargo, creo que debiéramos pensar antes de hablar y si no vale la pena lo que vamos a decir, si no es edificante, debiéramos poner en nuestra mente la figura de un hombrecito o mujercita de sólo pulgadas de largo con la piel arrugada, verde, que se arrastra por el suelo en cuatro patas, como los lagartos. A lo mejor esa imagen nos haga desistir de decir algo insultante que nos rebaje a nosotros mismos a ese nivel, no al contrario, y nos ayude a caer en cuenta de que nuestro cerebro ha evolucionado hasta otra dimensión, aun en nuestra corteza cerebral queden todavía vestigios de lagarto, y que nuestra conciencia y raciocinio deben encumbrarnos a esferas mayores que las que pueda alcanzar el reptil. El desacuerdo nunca debe ser motivo de enemistad e insulto, sino un vehículo idóneo para adelantar ideas y aprender. Los debates son buenos, pero deben mantenerse a un nivel de respeto que encumbre a las partes. Comentarios (5)
![]() escrito por Dayanara Reyes, junio 03, 2007
Querido Isaías, totalmente de acuerdo contigo. Lo que pasa es que queremos estar con Dios y con el diablo. Muchas personas tienen miedo de expresarse y ser auténticos por miedo al que dirán y se someten a posiciones ajenas. Esto es muy frecuente en casos generales y en los medios de comunicación. Siempre será mejor decir que fracasé porque alguien me dijo que lo hiciera de tal o cual manera y no porque yo asumí esa posición. Otras, como bien dices, quieren ser los abogados del diablo. ¡Los seres humanos somos tan cambiantes! El debate es bueno siempre y cuando haya respeto. ¡Excelente artículo!
escrito por W.M., junio 02, 2007
Isaias,gracias por su comentario en mi sección, es un gran honor para mi que usted lea y aprecie lo que con humildad escribo, porque aunque usted no sabe que admiro la manera en que hace cada articulo suyo, porque cada entrega suya en esta su sección le da deseos a uno de que salga rapidamente la que sigue ya que todas son muy interesantes y sirven de ejemplo a seguir.
Mis respetos. Gracias y esperamos que usted siga por mucho tiempo con nosotros! Wendy Moronta Escribir comentario
|
|







Rosa Idalia: La razón por la que siempre trato de dar respuestas a los comentarios que hacen sobre mis escritos obedece a que:
(1) Considero que es una cortesía hacia el comentarista;
(2) Siendo éste un medio interactivo, tenemos la oportunidad de aclarar o expandir sobre un tema determinado.
Evaristo Moreta: Leo a todos los demás columnistas de la página y creo que exhortarlos y alentarlos con mis comentarios a que sigan su esfuerzo es algo positivo que va en beneficio de todos, el escritor y el medio que sirve de vehículo de comunicación. No, de ninguna manera me cualquierizo, como dice, ni persigo el figureo. ¿No cree que es bastante figureo que tenga yo una columna, con foto y todo? Para escribir se necesita no sólo preparación, también se necesita coraje y determinación. Eso de "cualquierizarme", como dice, ¿de dónde saca una idea tan singular? ¿Por qué... porque tengo la humildad y el buen juicio de reconocer lo bueno que mis colegas están haciendo el trabajo que han emprendido? Hay críticas que valen la pena... De todos modos gracias por darme la oportunidad de ofrecer mi punto de vista.