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08
2008
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Topicos y Opiniones
Por Isaías Medina-Ferreira   

El Informe Mitchell

El Informe Mitchell, esperado por minutos por los amantes del béisbol por la promesa que traía consigo de enderezar un deporte que parece estar minado hasta el tuétano por el uso de las sustancias químicas ilegales, además de llegar casi como dos décadas después de ser clamado con urgencia, resultó ser más de lo mismo y en lugar de traer soluciones origina más preguntas que las que contesta.

Aunque debo admitir que quizás es muy temprano para vaticinar el alcance que tendrá el mismo, la realidad es que su impacto inmediato deja mucho que desear, tanto por su limitación como por lo complejo del problema.

Lo primero es que el informe revela poco o casi nada que no haya sido del dominio público, si bien no confirmado, por lo menos comentado en voz alta por todo aquel que aunque sea de lejos esté familiarizado con el popular pasatiempo. Cierto, el informe menciona a jugadores de la talla de Roger Clemens, Andy Pettite y Miguel Tejada como abusadores de los esteroides, entre otros, pero eso ya se sabía hace mucho tiempo.

Por supuesto, a ninguno de los nombrados, excepto aquellos que lo han admitido o han sido agarrados in-fraganti, se les ha probado la acusación. Por tanto, al no existir bases para condenar a muchos de ellos, la situación seguirá en el mismo limbo. Mucho bla-bla-blá, muchos rumores y nada de sustancia.

Cuando me refiero a que llega tarde, quiero decir que a pesar de que los rumores del uso de esteroides y hormonas de crecimiento datan de hace mucho tiempo, las autoridades, el sindicato de jugadores y, más que nada, los dueños de equipos, se hicieron de la vista gorda siempre y cuando los batazos kilométricos y las hazañas sobrehumanas de los jugadores siguieran atrayendo fanáticos y atiborrando las graderías de los estadios. Al final, debido al furor desatado por el libro de José Canseco y bajo presión del Congreso de los Estados Unidos que amenazaba con tomar cartas en el asunto, el Comisionado Selig decidió hacer algo que callara a los críticos.

El ex senador Mitchell, escogido para encabezar la investigación por su reputación de tener mano dura, y ser incorruptible e imparcial, señala que el uso de esteroides en las grandes ligas es de “amplio alcance”. ¿Cuán amplio? ¿Qué significa “amplio alcance”? ¿Envuelve el 50% de los atletas como señaló el difunto Ken Caminiti (la primera víctima conocida dentro del béisbol cuyas complicaciones de salud se ligan directamente al uso de esteroides) o el 85% que señala Canseco en su libro? Nadie sabe a ciencia cierta y el Informe Mitchell no arroja ni una chispa de luz en ese sentido.

Por el contrario, con nombrar unos 90 jugadores como posibles infractores, el Informe Mitchell complica la situación, sobre todo por lo limitado de las fuentes usadas para llegar a sus conclusiones. A saber, sus hallazgos se limitan casi por completo a las evidencias que el gobierno federal había acumulado en el caso Balco y los nombres que proveyeron Kirk Radomsky y Brian McNemee.

Siendo extensamente comentado, según lo percibe el público, que los implicados son muchos más que los señalados en el Informe Mitchell, los cuales, repito, son inocentes hasta prueba contraria, aquellos cuyos nombres no aparecen en dicho reporte de seguro que están de pláceme por no ser el nombre de su proveedor Radomsky o McNemee.

Y esto trae a colación otro de los aspectos de la limitación de la pesquisa del ex senador: su autoridad no le permitía obligar a los jugadores a declarar so pena de perjurio por lo que una abrumadora mayoría de ellos se negó a cooperar con la investigación.

Aunque el informe hace recomendaciones al comisionado Selig, la realidad es que sumado al complicado panorama de las relaciones laborales entre jugadores, sindicato y propietarios de equipo, muchas de las drogas usadas no son detectables por medio de pruebas convencionales (existiendo la posibilidad de que sean aún más sofisticadas en el futuro). Esto significa, que a menos que se usen pruebas más radicales, la cultura de las drogas en las Grandes Ligas de Béisbol, no podrá ser erradicada fácilmente. Es más, a menos que en el futuro se use la agresividad que usa el Comité Olímpico Internacional, pocas medidas serán satisfactorias.

Respecto a intentar reparar la erosión de confianza causada por las acciones del pasado, ¿estaría dentro de lo posible que haya otra investigación más exhaustiva dando más poder al encargado de la misma para obligar la cooperación de más jugadores? Mientras tanto, a menos que los acusados puedan ser declarados culpables, con evidencias irrefutables, toda mención de sus nombres seguirá siendo pura especulación.

Y no niego que la nube negra de la duda que pesa sobre las cabezas de los implicados no sea un distintivo de indignidad de alto costo, pero siendo los hallazgos del Informe Mitchell tan limitados, hay que intentar buscar respuestas a estas grandes preguntas: ¿qué pasará con esos grandes nombres como Barry Bonds, Mark McGwire o Roger Clemens cuando llegue el turno de ser encumbrados al salón de la fama? Sin pruebas irrefutables, la Asociación de Escritores de Béisbol que tiene a cargo la elección, tendría una tarea ardua por delante cuyo resultado podría erosionar aún más la confianza en el juego. ¿Podría darse el caso de que todas las marcas establecidas dentro de los últimos 20 años, por ejemplo, o por lo menos durante la década de 1990, por considerarse sospechosas, lleven un gran asterisco y una gran anotación que diga: “logrado en circunstancias dudosas”? ¿Podría darse el caso, además, como se hizo con Pete Rose, que muchos de esos grandes nombres sean suspendidos de por vida del béisbol? No olvidemos, sin embargo, que Rose fue encontrado culpable de los cargos imputados en su contra. En el caso que nos ocupa, no hay nada concluyente al respecto.

Dentro del gran tollo en que lucha por estar a flote el béisbol de grandes ligas, sólo el tiempo dirá lo que se derivará del Informe Mitchell. De lo que sí podemos estar aseguro es que cualquier ruta que tomen las autoridades del béisbol para enfrentar el problema, será pedregosa. No obstante, alguna ruta tendrán que tomar y para bien del futuro del juego, no importa lo tortuosa que sea, deberán demostrar con acciones incuestionables que están dispuestos a enfrentar y resolver el problema con buena fe de una vez por todas. Tremenda responsabilidad.



Isaias Medina Ferreira
http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html

 

Comentarios (3)Add Comment
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escrito por Isaías, diciembre 25, 2007
Conciencia, tengo entendido, y no soy médico, por supuesto, que como es imposible trazar el uso de algunas drogas por medios tradicionales como pruebas de orina, se requeriría procedimientos invasivos, como pruebas de sangre, para probarlas; y es ahí donde la puerca retuerce el rabo: la batalla legal que eso conllevaría prácticamente paralizaría el deporte. Creo que si a los peloteros del pasado se les puede probar que usaron drogas para romper ciertas marcas, deben ser descalificados...
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escrito por La Conciencia Maeña, diciembre 22, 2007
Señor Isaias,
No cree usted que lo que el congreso y todas las organizaciones de la MLB lo que deben hacer es encargarse de que eso ya no ocurra más? A mi entender, si en la epoca que se estaban utilizando ese tipo de medicamentos los resultados se notaban, todo los atletas estarian haciendo uso de los esteroides porque no se iban a quedar atras. Tan solo porque dos entrenadores nombraron esos que aparecen en el reporte, ya solo quiere decir que esos son los culpables? NO, me parece que la lista es tan larga que podria afectar al beisbol en general, pero como le dije al principio, no es investigar quien los uso, es asegurarse que nadie haga uso de ellas ahora y que el juego sea limpio a partir de ahora.

Con señalar esos peloteros no se van eliminar sus numeros, por lo tanto, el juego que siga y que los demas peloteros no hagan uso de esas sustancias, ya que lamentablemente lo hecho hecho está.

La Conciencia Maeña desde el exilio
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escrito por Carlitos, diciembre 21, 2007
Sr. Medina, como usted dice es muy temprano para predecir lo que va a pasar en este rebulú, pero ¿vio el reto que Schilling le mandó a Clemens? Si aparecen dos o tres jugadores que no estén involucrados y comienzan a hacer ese tipo de presión... usted verá vaina.

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