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| Topicos y Opiniones | |
| Por Isaías Medina-Ferreira | |
El suplicio de la Madre TeresaSiempre he sentido admiración por los hombres y mujeres que siendo consecuentes con sus creencias e ideales, no importa su naturaleza, han sacrificado su vida por ellos. Aunque, pese a mi educación con los padres jesuitas, confieso no ser muy religioso y que muchas veces cuestioné los actos públicos de ambos, seguí y llegué a respetar y a admirar grandemente tanto la convicción y entrega a su ministerio del Papa Juan Pablo II como de la Madre Teresa de Calcuta.De Juan Pablo II, la figura pública, consideré que sus decisiones políticas eran muchas veces retrógradas y extemporáneas. Mi postura frente a la Madre Teresa, era un poco más compleja. Si bien consideraba su trabajo y entrega encomiables; dentro del contexto social los consideraba inadecuados, pues la caridad es muy limitada en su alcance. La caridad reviste, además, una actitud paternalista y es como la aplicación de una “curita” en un sistema que más que nada clama por una operación mayor que engendre la equidad social para así lograr evitar de raíz precisamente la situación que aquella busca paliar. Sin embargo, aún con mis reservaciones, admiraba la intención y a la persona detrás de las obras. El 11 de diciembre de 1979, la Madre Teresa fue a Oslo, Estocolmo, a recibir el premio Nóbel de la Paz. ¿Cómo no admirar lo que la galardonada dijo en esa oportunidad, lo cuál con su trabajo ella avalaba, y era como un galletón sin manos a los creyentes de pantalla?: “No es suficiente para nosotros decir ‘yo amo a Dios’, pero no amo a mi vecino… [Si desde que murió en la cruz] Dios se convirtió en el hambriento, en el desnudo y en el que no tiene hogar”. Y añadía, “esa hambre de Jesús es la que ustedes y yo debemos encontrar y ayudar a aliviar”. Y siendo en esa ocasión casi navidad, dijo: “… Cristo está en todas partes: en nuestros corazones, en el pobre que encontramos, en la sonrisa que irradiamos y en la sonrisa que recibimos”. Era la mujer que está a un paso de ser canonizada como santa, un icono de abnegación y serenidad. Lo que nadie sospechaba era lo que sólo sus confidentes sabían: la terrible lucha interna de la Madre Teresa con su fe; fe que en vida ella manifestó como pocos humanos con su trabajo abnegado con los más pobres y olvidados de Calcuta, pero de la que ella misma dudaba. Un nuevo libro de sus cartas, “Mother Teresa: Come Be My Light,” (o traducido libremente: “Madre Teresa: Ven sé mi luz”), revela las laceraciones de un alma desgarrada por su deseo intenso y su necesidad de creer en Dios y sus dudas al no sentir la presencia de éste. Esas dudas, causas de un inmenso dolor interno, duraron por más de 5 décadas, según revelan las cartas que una vez ella pidió fueran destruidas a lo que sus superiores se opusieron. En una de sus misivas escribe la mujer que tanto admiramos por su entrega incondicional a su ministerio: “Si algún día llego a ser santa, seré una santa de la ‘oscuridad’”. Y en otra escribía: “Si no hay Dios, el alma no existe. Y si el alma no existe, entonces Jesús tú tampoco eres verdadero. Cielo, ¡qué vacío!” Podría sorprender tanto la franqueza, por provenir de una institución generalmente muy celosa con el manejo de sus asuntos internos como la Iglesia Católica, como la en apariencia inoportuna publicación del libro de marras. ¿Por qué salen a la luz pública esas expresiones tan íntimas precisamente escritas por una persona que está a punto de ser declarada santa? ¿No podría interpretarse como hipocresía de la mayor cuña alabar en público a un ser superior, Dios, del cual íntimamente uno tiene dudas de su existencia? El editor y compilador de las cartas, no es un detractor de los muchos que tenía y tiene la Madre Teresa, sino el reverendo Brian Kolodiejchuk, quien es además el postulador de Teresa para la santidad y el encargado de recoger todos los documentos relacionados con su vida y trabajo. Es un acto de honradez del reverendo Kolodiejchuk dar a conocer tanto los tonos claros como los oscuros de la beatificada Teresa. Defendiendo la publicación de las cartas, dice el reverendo Kolodiejchuk refiriéndose a las tribulaciones de Teresa, que esos vacíos de fe son algo tan normal para los santos como para las personas comunes. Y añade: “… el amor real requiere compromiso, fidelidad y vulnerabilidad. Si la Madre Teresa no estaba sintiendo el amor de Cristo, lo natural hubiese sido abandonarlo. Sin embargo, ella estaba en pie para Jesús a las 4:30 cada mañana y hasta le escribía a éste ‘tu aprobación es todo lo que anhelo’; lo cual es un ejemplo poderoso, aun si no hablamos en términos religiosos”. Aunque las revelaciones de las debilidades de la Madre Teresa podrían ser festín para los ateos y no creyentes, y causa de flaqueo para los creyentes, creo que deben ser sólo un recordatorio de que aun los santos flaquean, y en lugar de minimizar la estatura de Teresa, la aumentan. Después de todo, los santos son seres humanos, y, aunque el caso de Teresa ha sido el más prolongado e inconcluso, pues se fue a la tumba con sus dudas, la historia registra que no ha sido el único dentro de los religiosos que después han sido canonizados. Lo que hace a la Madre Teresa más admirable aún es que mientras más fuertes eran sus dudas, mayor era su entrega a su apostolado. Su extraordinario trabajo con los pobres de Calcuta neutraliza sus dudas y encumbra su persona por encima de la mayoría de los mortales. En el sacrificio sin condiciones por alguien radica el verdadero amor, no en lo que andemos pregonando por ahí. ¡Por sus hechos os conoceréis!Isaias Medina Ferreira http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html Comentarios (0)
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