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Topicos y Opiniones
Por Isaías Medina-Ferreira   

Fatal apatía

Cuando en Alemania primero vinieron por los comunistas, yo no protesté porque no era comunista. Luego vinieron por los judíos, y yo guardé silencio pues no soy judío. Entonces vinieron por los sindicalistas y tampoco protesté pues no era sindicalista. El apresamiento de católicos tampoco me afectó, pues yo era protestante. Entonces vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que me defendiera”. Esta es una reflexión del ministro protestante Martin Neimoller al caer Alemania bajo el dominio Nazi.

 Algo similar dijo James Baldwin, autor y activista de raza negra hace aproximadamente 36 años en los momentos difíciles del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos: “Si estamos al tanto, entonces debemos pelear por tu vida como si fuese la nuestra, pues si te quitan la tuya en la mañana, vendrán por nosotros en la noche”.

Las citas son adecuadas para llamar la atención a nuestra familia hispana ante su apatía y desorganización frente a los problemas sociales y políticos que confrontamos en esta otra patria donde nos desenvolvemos. Sé que lo que escribo puede sonar a sermón; no obstante, voy a tomarme ese riesgo para tratar de alertar algunas conciencias dormidas. Ojalá y pueda.

Bajo el nombre genérico de Latinos o Hispanos, unidos más o menos por lengua y costumbres, aunque disímiles en muchos aspectos, somos una raza con más en común que lo que nos diferencia. Algunos de nosotros estamos mejores que otros, social y económicamente; tenemos diferentes niveles de educación, y sí, como en toda sociedad, tenemos la misma carga de antisociales, haraganes, charlatanes e indeseables, así como también mucha gente buena, trabajadora, de alta moral y honestidad. Al final del día, sin embargo, todos somos parte del grupo de los últimos inmigrantes llegados en masa a esta tierra y en su mayoría expuestos a los mismos acosos raciales, a los mismos malentendidos y, querámoslo o no, medidos por la misma vara. En otras palabras, no importa cómo ni cuándo hayamos llegado, ni el lugar que ocupemos en la sociedad, estamos todos en el mismo bote.

Son iguales para todos los riesgos que experimentamos cuando permitimos que se legisle en nuestro nombre acerca de seguro social, de Medicare, de la educación que deben recibir nuestros hijos, de los derechos de la mujer; cuando se mandan nuestros hijos a la guerra, cuando se coartan las libertades civiles y cuando se eligen jueces y funcionarios dispuestos a cerrar las fronteras; y si pudieran sacar a quienes estamos acá legales, sacarnos.

Vivimos en una sociedad totalmente politizada, pues todo lo que se mueve a diario—el precio del arroz, del petróleo, del azúcar, de la ropa, de la matrícula escolar, de los cuadernos para nuestros estudiantes, ¡todo!— es producto de la política. Y sin embargo, seguimos tan ajenos a la política como si todo lo que nos rodeara fuese extraño y lejano.

Lo cierto es que alguien está tomando decisiones por usted, cuando teniendo la oportunidad de tomar las riendas de su destino, se la cede a otro, con el riesgo de que no le gusten los resultados y tener que “fumarse” un tabaco que tuvo la oportunidad de rechazar cuando fue su turno de decir un contundente ¡NO! ¡Somos, o muy bondadosos o bien tontos! ¿No somos más poderosos cuando nos hacemos oír, cuando rechazamos lo que no nos gusta, cuando ejercitamos la libertad de que nadie decida por nosotros?

Amparados por la lucha de miles de hombres y mujeres—algunos de los cuales murieron en el proceso— al llegar a este país hemos encontrado una sociedad en progreso, donde se ha logrado hacer ciertas conquistas sociales, las cuales han hecho nuestra llegada a ella más aceptable. Precisamente este mes se cumplen 50 años de que las escuelas en Arkansas fueran integradas, lo cual requirió que el presidente Eisenhower enviara el ejército para proteger a los 9 muchachos con que se llevó a cabo el “experimento”. No debemos olvidar que nuestros primeros embajadores en las Grandes Ligas del béisbol: Felipe, Marichal, Manny Mota, Ricardo Carty, etc., fueron víctimas de discriminación abierta. Y no fue hasta 1964 cuando se comenzaron a garantizar los derechos de todos, principalmente de los negros, después de miles de muertos y humillaciones. Hoy esas conquistas están en peligro de ser borradas y existe el peligro de que las fuerzas negativas que lograron mantener a oscuras la sociedad puedan imponerse de nuevo, con el consiguiente traumatismo que se deriva de ello.

Nosotros tenemos mucho que perder si sigue el asalto a los derechos civiles, si no hay reforma inmigratoria, si se pasan leyes que nos haga vulnerables al abuso de oficiales racistas, si los derechos reproductivos de la mujer no son amparados por la constitución, si se nos impone la agenda religiosa de la ultraderecha. Quizás dentro de nuestro egoísmo creamos que nada de eso nos toca directamente. Sin embargo, lo ganado por los derechos civiles del negro hoy nos favorece, aún no seamos negros; lo mismo que, aun no simpaticemos con la agenda feminista, ha logrado el feminismo para el avance de la mujer en general.

No hay igualdad si no se respeta el derecho y se maltrata por el color de su piel o por su estrato social o lugar de procedencia, a uno de nuestros semejantes; somos todos prisioneros si se encarcela injustamente a uno de nuestros semejantes; cuando se deporta a uno de nuestros hermanos, que busca las mismas oportunidades que hemos buscado nosotros a nuestro debido tiempo, y no tratamos de buscar soluciones para que ello no ocurra, somos todos culpables… somos todos verdugos.

En el 2000, muchos hispanos se dejaron embaucar con el truco de los valores familiares y los valores religiosos, y votaron por Bush. Dominado por un grupo de racistas, su gobierno ha sido un verdugo para nuestros hermanos hispanos. Si bien las persecuciones desatadas se centran por ahora en los indocumentados, latente está la guerra a toda la raza, pues a ninguno de los retrógrados del país le cae en gracia el crecimiento extraordinario que estamos experimentando y que ellos puedan eventualmente convertirse en minoría. Es por eso que están usando todos los métodos a su alcance para restringir nuestro crecimiento. Medidas como las de poner más obstáculos para alcanzar la ciudadanía, son tendentes a lograr esa meta.

En cada elección se juega el futuro de nuestros hijos. Por eso debemos ser entes activos para tratar de influenciarlas. Debemos entender que lo más duradero que hace un presidente es nombrar los jueces federales y sobre todo los de la Suprema Corte. Si se nombran jueces activistas, conservadores y desalmados, como los que decidieron las elecciones del 2000, como hemos visto, los cambios son radicales y tienden a dar un viraje a las manecillas del reloj que tarde o temprano nos llevarán a tiempos menos placenteros. Tiempos donde ser negro o no-anglosajón era a veces hasta un delito.

Nuestros hijos merecen un futuro de libertad, de igual acceso a la justicia, de igualdad de oportunidades para conseguir empleos, para estudiar, para no ser blancos del racismo estúpido o ser juzgados a priori, por el lugar de procedencia de sus padres, o por el apellido.

Por eso tenemos una obligación de envolvernos en política para mantener la causa del progreso, del triunfo de la ciencia sobre el oscurantismo, de la justicia en lugar de la arbitrariedad vestida de ley y de dar un salto cualitativo hacia la consecución del respeto a nuestro voto, de que ningún partido lo dé por ganado de antemano si no ha hecho esfuerzo para ello. Tenemos derecho a ser respetados. Pero el respeto se gana

Ya han comenzado a perseguir a nuestros semejantes. Lo mejor que hacemos es prestar atención y darles nuestro apoyo, pues mañana podrán venir por ti o por mí. Sería ideal si ello nunca llegara a suceder; pero de suceder, ¡Qué bueno sería contar con un apoyo fraternal! Debemos envolvernos y dejarnos sentir. Lo primero es inscribirse y votar: ¡el voto es un gran ecualizador social!

Isaias Medina Ferreira
http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html
Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Moncito, enero 02, 2008
Palabras sabias las suyas, Sr. Ferreira. Un micro-estudio del inmigrante, dondequiera que este. Cuanta verdad dice. Es un placer leer lo que usted escribe: se aprende, pero también disfruta uno de una prosa clara, fluida y coherente en sus apreciaciones. Como he dicho en otras ocasiones: que bueno que sea de nuestro pueblo! Dios le de larga vida y salud.

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