La obra inconclusa del Dr. Martin Luther King, Jr.Cada 15 de enero, desde su asesinato en Menphis, Tennessee, USA, tanto políticos como comentaristas celebran su cumpleaños ensalzando los valores morales del Dr. Martin Luther King, Jr. Resaltan su creencia en el “sueño americano”, en iguales oportunidades para todos, y, más que nada, su esperanza de que algún día niños blancos y negros, o de cualquier raza, sean juzgados, no por el color de su piel, sino por el temple de su carácter.
Como tantos héroes del pasado, creemos una obligación honrarle y para ello hemos escogido un día. Pero como acontece con Duarte, con Bolívar, con Martí, Albizu Campos, y tantos otros de los prohombres de la humanidad, nuestra intención no pasa de ser un ensayo en futilidad. No hacemos justicia al hombre y su legado y nos quedamos en las meras palabras y el simbolismo hueco que por estar henchidos de emoción acallan nuestra conciencia, aun sea pasajeramente. Llega ese día que hemos esperado con anticipación, nos ponemos el uniforme dominguero, y reburujados con enemigos de los ideales del homenajeado, ensayamos postrar nuestra frente ante su grandeza, y al pasar el día guardamos de nuevo el uniforme y los sentimientos, los cuales olvidamos hasta que vuelva la oportunidad de sacarlos de nuevo para querer demostrar en público nuestro agradecimiento y nuestra admiración.
Detrás de esa voz que engrifa los pelos cuando resuena en “I have a dream” (“Yo tengo un sueño”) y tantos otros discursos que nos dan un ligero vislumbre de su personalidad, hay un hombre de convicciones complejas completamente dedicado a la justicia social, de profundo convencimiento religioso, lo cual le permitió soportar el racismo y las persecuciones del FBI, y al fin murió mártir en nombre de sus convicciones. Un hombre que de estar vivo hoy seguramente se opondría a las barbaridades que se cometen en el nombre de la libertad.
Las celebraciones en memoria del Dr. King, o de cualquier hombre de su talla, me inquietan; como me inquietan la celebración del mes de los negros o la semana de la hispanidad o cualquiera de las celebraciones con que nos conformamos porque permiten a unos cuantos figurar resaltando virtudes del, o los, homenajeados en las que la mayoría de veces no creen y que están muy lejos de decidirse a imitar. Se es cristiano, imitando a Cristo; lo mismo que se es Duartiano imitando a Duarte, cada hora de cada día, de cada mes y de cada año, no recitando sus enseñanzas como loros en ocasiones especiales.
Si en realidad respetáramos su memoria, lo primero que debiéramos hacer sería conocer a cada uno de nuestros héroes con profundidad y convertirnos en sus discípulos, luchando por crear un mundo más justo, como ellos lo hicieron, cuidándonos de no coincidir con los que hubieran sido sus enemigos si ellos vivieran.
Para el Dr. King, su lucha fue constante, no cierta parte del año. Su convencimiento de que la justicia racial estaba ligada indefectiblemente a la justicia económica y la paz internacional, abarcan linderos que van más allá de su lucha por la igualdad para su raza. "Estamos envueltos en una revolución social”, decía. “Los males del racismo, la explotación económica, y el militarismo, todo está conectado, y no puede uno en realidad deshacerse de uno sin exterminar el otro”. Por eso condenaba la guerra de Vietnam y demandaba “cambios estructurales básicos en la arquitectura de la sociedad americana” a la vez que insistía que su sueño de una sociedad justa requería “una redistribución radical del poder económico y político”.
Una confrontación entre esas palabras y la realidad que vivimos nos indica que su sueño está muy lejos de verse realizado, que su obra sigue inconclusa, y que más que entre razas, la división mayor es entre pobres y ricos. Hay mucho porque luchar aún; una manera de honrar al Dr. King sería sacar enseñanzas de su lucha y adaptarla a la realidad de cada sociedad donde reinen las injusticias, para lograr llegar a la tierra prometida, pero con visión, día a día, no de la forma simbólica que impone la escogencia de un día de celebraciones vacías cuando lucimos orgullosos nuestras caretas y trajes festivos.
La figura de Martin Luther King, Jr., como la de Nelson Mandela, más que símbolos de lucha por la igualdad de las razas, son estandartes de la lucha por la libertad universal y los derechos humanos.
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Además como dice usted Isaias, MLK aprendio de otros que no tuvieron nada que ver con USA, asi que igual se aplica para nosotros tambien. Siga pa lante!!!
La conciencia maeña desde el exilio