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| Topicos y Opiniones | |
| Por Isaías Medina-Ferreira | |
Lo que satisface… lo que irritaPor fin, aunque lamentablemente más tarde de lo necesario, se va Alberto Gonzales, y no puedo ocultar mi satisfacción. Lo irritante es que el Sr. Gonzales, siendo el primer hispano que llega a la posición de Procurador General de los Estados Unidos, será recordado precisamente por introducir acciones que semejan más a las represivas que se tomaban en una de las pasadas dictaduras militares de cualquier país de Latinoamérica y no como un destacado servidor público, orgullo de la raza. Alberto Gonzales, por ser sumiso, servil y leal al amigo y mentor, vergonzosamente descuidó su adherencia al deber de ejecutar sus obligaciones con integridad, independiente de banderías políticas, y eso le ganó el repudio general tanto de su partido como del opositor. El señor Gonzales puede que sea una tremenda persona. Eso no está en entredicho. Lo que sí hay que admitir es que su ejecutoria, su connivencia, siendo a veces él el actor principal, con los métodos de una administración que se destaca por su secretismo y su ambición expresa de extender el poder del ejecutivo más allá de donde permiten las leyes, lo pusieron en una posición indefendible. El único culpable de la caída de Alberto Gonzales es Alberto Gonzales. No creo ni por asomo, que el Sr. Gonzales haya sido víctima de su apellido y descendencia hispana. Alberto Gonzales representó mal a la raza y por ello no merece nuestras condolencias. ¡Váyase en paz, mi compadre; váyase en paz! Como sabrán, los llamados conservadores me intoxican y me sacan de quicio, sobre todo cuando tergiversan, o tratan de tergiversar, la realidad para servir a sus fines inmediatos, siempre egoístas e insensibles. Pero lo que en realidad me irrita al grado superlativo es su aire de superioridad, lo cual los hace comportar como si fueran realezas. Ah, también, por supuesto me molesta su desdén por la verdad, su hipocresía, su uso de la religión como escudo para avanzar una agenda de opresión, su “homofobia”, que dizque crean más en los derechos de quien no ha nacido que en los derechos de quienes están vivos; su crueldad, y por supuesto, su codicia sin fin. No viven en la misma realidad que vivimos la mayoría de seres normales. Pero primero a lo de realeza. Todos sabemos de las características camaleónicas de Mitt Romney y su insinceridad cuando se trata de adelantar su carrera política. Este Sr. cambia de posiciones frente a los temas políticos, con la frecuencia que una prostituta cambia de “parejo”. Pero si los cambios de posición en Romney son irritantes, es su autovaloración, muy por encima de la valoración real, y su desdén por quienes no son de su círculo de ricos, lo que más molesta. Sucede que, como todos los que quieren guerra, Mr. Romney parece que considera que ésta debe ser llevada a cabo por los hijos del vecino; los hijos de Machepa. El susodicho tiene 5 varones, pero ninguno está peleando en la guerra de Irak, la que su padre apoya con tanta vehemencia. Nada en contra de esos muchachos que al parecer son buenos ciudadanos y útiles a la sociedad en otros renglones. Lo que irrita es que al preguntársele a Romney por qué si él cree tanto en la guerra, ninguno de sus hijos está en el servicio militar. La respuesta, irrespetuosa a las familias que sí tienen familiares allí, fue: “(…) mis hijos están sirviendo a su patria con tratar de elegir a su padre a la presidencia…”. Shu, Che, me jiede a mierda y creo que es usted, como diría un viejo de mi pueblo, Mao. Otro de los temas que dizque es caro a los conservadores, es el de los valores familiares. Según los conservadores, en el centro de las amenazas a esos valores está la homosexualidad, la cual condenan y viven atacando en público como una monstruosidad y aberración sólo menos salvaje que la bestialidad, hasta el extremo de querer exilar al Polo Norte (o Sur), a todos esos “diablos dañinos; atracadores de menores” y negarles todos los derechos humanos, que según ellos, aunque son derechos inalienables y congénitos de todo ser humano, sólo deben estar disponibles para la gente “decente”. Pero ¿qué sucede?: a menudo quien más condena es el más condenable y otro de esos “puristas”, “homofóbico” de primera, el Senador Larry Craig, de Idaho, fue agarrado en junio de este año (cosa que hasta ahora no se había difundido) “con los pantalones abajo” (en sentido casi literal) y arrestado en el aeropuerto de Minneapolis por “indecencia pública”; o sea, solicitar sexo a un policía secreto en un baño público del aeropuerto. Es bueno recalcar que cuando sucedió el acontecimiento, el “honorable Senador” se declaró culpable de los cargos. Hoy él los niega, como niega que sea “gay”. En realidad, ¿a quién le importa si es o no gay? Ese no es el punto central que preocupa. De lo que se trata es que un hombre poderoso, que en público condena la homosexualidad y barre el piso con esa parte de la ciudadanía y hasta legisla para negarles derechos, y en privado lleva una vida tan licenciosa como la que condena, no merece ocupar una posición de poder, sino repudio por su hipocresía. El Sr. Craig se une a una lista creciente de hipócritas republicanos recién capturados con las manos en la masa (o en bolsas ajenas) que completan Mark Foley, Jeff Gannon (alias Jim Guckert), Ken Mehlman, y el pastor Ted Haggard. Lo que cabe preguntar es: ¿qué está pasando en el Partido Republicano, el partido de los “pulcros” y “elegidos de Dios”, con tantos lobos disfrazados de ovejas? ¡Quítate la máscara, trompa e’ puerco! Isaias Medina Ferreira http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html Comentarios (0)
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El señor Gonzales puede que sea una tremenda persona. Eso no está en entredicho. Lo que sí hay que admitir es que su ejecutoria, su connivencia, siendo a veces él el actor principal, con los métodos de una administración que se destaca por su secretismo y su ambición expresa de extender el poder del ejecutivo más allá de donde permiten las leyes, lo pusieron en una posición indefendible. El único culpable de la caída de Alberto Gonzales es Alberto Gonzales. No creo ni por asomo, que el Sr. Gonzales haya sido víctima de su apellido y descendencia hispana. Alberto Gonzales representó mal a la raza y por ello no merece nuestras condolencias. ¡Váyase en paz, mi compadre; váyase en paz! 