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| Topicos y Opiniones | |
| Por Isaías Medina-Ferreira | |
Los líos de la administración Bush¿Cuánto tiempo tomará a los Estados Unidos desatar los líos tanto domésticos como internacionales creados por George W. Bush? Sus errores son como una letanía de incompetencia y deshonestidad que incluyen desde asaltos a la Constitución, menosprecio y politización del sistema judicial, descuido del medio ambiente, creación de un déficit extraordinario y asalto a la ciencia, hasta enemistarse con casi todas las naciones del globo, entre otros. Según los entendidos, se necesitarán décadas para enderezar dichos daños y algunos son irreversibles.Hay quienes aseguran que ésta ha sido la peor administración en toda la historia del país. Mientras lo anterior es difícil de calibrar con precisión, porque puede ser un juicio hijo de la subjetividad, lo que sí es cierto es que el presente Bush es quizás el más temerario (¿o imprudente?) de todos los presidentes en la historia de los Estados Unidos. El único que viene a la memoria en tiempos recientes es, por supuesto, Richard Nixon. Pero parece ser que Bush, quien según la oposición nunca fue siquiera electo popularmente, ha sobrepasado al Sr. Nixon, quien decía “cuando el presidente hace algo, eso significa que no es ilegal”. Como Nixon, esta administración es notoria por tergiversar y adaptar la verdad para servir propósitos políticos inmediatos. Sucedió una y otra vez con la invasión a Irak. Ha sucedido con reportes científicos, como los provenientes de la NASA, los cuales han sido cambiados cuando se han referido a los posibles daños del calentamiento global, habiéndosele prohibido incluso a uno de sus científicos, al Dr. Hansen, hablar en público a menos que su discurso no fuese de antemano corregido por la Casa Blanca. Sucedió también con el saliente Médico General, Richard Carmona, a quien se le prohibió hablar en público de las células madres. Es notorio también el afán de mantener secretos, negándole acceso de sus acciones hasta al Congreso. Hasta el culto excesivo a la personalidad ha sido cultivado en esta administración. Los discursos de Bush sólo son pronunciados frente a sus seguidores, en los que hasta los aplausos son controlados (como en los espectáculos de televisión) por medio de señales de mano o de letreros que dicen “applause”). Sabemos que hace un par de años Bush no participó en la convención de la NAACP (National Association for the Advance of Colored People; o sea, la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color) porque el campo de Bush no pudo conseguir la seguridad de que los allí reunidos le dieran por lo menos tres ovaciones de pies durante su discurso. Según lo que hemos aprendido de las declaraciones recientes del Dr. Carmona frente al Senado, él llegó a recibir órdenes de que en sus discursos el nombre de Bush apareciera por lo menos tres veces por página. ¿Sólo en los países del tercer mundo? ¡Qué va! Por otro lado, la terquedad de Bush, lo que sus seguidores llaman determinación, resolución y arrojo, parece a veces irracional e improcedente. Muchas de sus decisiones, como lo ha demostrado su lealtad incondicional a ciertos subordinados y aliados, como es el caso de su apoyo a rajatabla a Alberto Gonzales, aun a sabiendas de que sus acciones no sólo perjudican su presidencia, sino al país, dejan a muchos observadores, aun de su propio partido, boquiabiertos. La semana pasada, en su afán de querer obstruir a como diera lugar las pesquisas del Congreso en lo relativo al despido de nueve abogados federales, el Sr. Bush, alegando privilegio ejecutivo, desafió una vez más el mandato de esta rama del gobierno que constitucionalmente tiene poder comparable al ejecutivo y por consiguiente tiene todo el derecho a investigar acciones que se sospeche sean criminales. En forma característica de la administración Bush—creando un precedente que la mayoría de los versados en derecho constitucional consideran inquietante—, ésta ordenó a una de las llamadas a testificar, Harriet Miers, a que no se presentara frente al Congreso. Aunque la otra involucrada, Sara Taylor, se presentó a la cita, ésta se negó a cooperar alegando el consabido privilegio ejecutivo, que aun siendo legal—para permitir que el presidente pueda hablar abiertamente con sus colaboradores sin que estos sean responsables de las acciones políticas que deriven de estas conversaciones—, la misma no es constitucional y toma segundo plano cuando de hacer investigaciones criminales se trata. Por supuesto, como es sabido, estas peleas de la administración Bush con el Congreso son nuevas porque por primera vez el presidente tiene una rama que cuestiona los “caprichos” e “impulsos” de este títere manejado por los intereses económicos que le colocaron en la Casa Blanca. Ya el Congreso no es el rebaño de ovejas complaciente, sumiso hasta la desvergüenza, que, bajo la excusa de combatir el terrorismo internacional, desafortunadamente le permitió toda clase de excesos durante sus primeros seis años, desde asaltos a la Constitución, notoriamente a la primera enmienda (derecho a asociarse) y a la cuarta enmienda (el derecho a la privacidad), hasta pelearse y granjearse la mala voluntad de casi el mundo entero, lo cual llevará décadas para deshacer. Afortunadamente, sólo queda un año de esta larga pesadilla. Preparémonos a oír durante los años por venir acerca de las barbaridades cometidas por el gobierno de un hombre para quien la enormidad de la tarea encargada excedía por mucho su vergüenza y su capacidad de manejarla. Isaías Medina-Ferreira http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html Comentarios (1)
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Lo felicito por este artículo
Leonardo