jul
20
2008
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Topicos y Opiniones
Por Isaías Medina-Ferreira   

Más vale un “gallo de pelea” que una fémina

“Allá en el rancho grande” es una de esas canciones a las que es fácil añadir estrofas improvisadas y que por su ritmo ranchero sencillo era una de las favoritas de los mozos que nos reuníamos alrededor de las fogatas a cantar en nuestros tiempos de excursiones. A mediados del siglo pasado, el Dr. Alfonso Ortiz Tirado, un mejicano con voz de tenor, grabó una versión de esa canción que en parte decía, “mi mujer y mi caballo, se me murieron a un tiempo; mi mujer Dios la perdone, el caballo es lo que siento”. Esa estrofa, si bien es jocosa, delata una triste realidad: el concepto denigrante que se tenía y se tiene todavía hoy día de la mujer.

Ese concepto troglodita y cavernario sobre las mujeres, si bien ha disminuido en parte, como sabemos por el aumento de los “feminicidios” y de la violencia doméstica, no ha desaparecido del todo y es práctica cotidiana en muchas partes del mundo; pensamos en países del África, América Latina y otros como Afganistán, este último escenario hace un par de años de la lapidación de Amina, la mujer de 29 años condenada a morir apedreada porque tuvo un hijo fuera de matrimonio. Y al padre de la criatura, ¿qué cree usted que le hicieran? Absolutamente ¡NADA!

Ese concepto denigrante de la mujer, aunque no tan pronunciado, está también presente y latente en otras naciones, incluyendo a los Estados Unidos que tanto le gusta enarbolar la bandera del avance en materia de derechos civiles, libertad e igualdad.

Al mencionar al Dr. Ortiz Tirado, quien era un exquisito cantante, y decir que era mejicano no lo hago con sentido pernicioso hacia nuestros hermanos aztecas, sino para ilustrar una actitud que por ser lugar común se consideraba parte del folclore. El ejemplo bien pudo haber sido dominicano, boliviano o venezolano, pues el concepto es universal. Esa estrofa jamás la volví a oír en otras grabaciones de la canción de marras.

Por supuesto, la actitud denigrante en las canciones hacia las mujeres no ha cesado (los “raperos” son famosos en eso), pero por lo menos la sociedad en conjunto se ha vuelto más “hipócrita” y uno es más cuidadoso al hablar o menos “tolerante” de los abusos, y muchos gobiernos, por presión de los constituyentes, se han visto forzados a pasar legislación para la protección femenina.

Es algo sobreentendido, que ninguna figura pública sea tan obtusa para atreverse a expresar su antifeminismo a la vista de todos. Aunque sea por guardar las apariencias, un legislador no puede ser tan seboruco como para negarles protección legal a las víctimas de violencia doméstica. ¿O si?

Aunque parezca increíble, debo confesar que estaba equivocado, pues la legislatura de Carolina del Sur derrotó no hace mucho un proyecto de ley para convertir la violencia doméstica, cuyas víctimas son en su mayoría mujeres y niños, en un crimen. Lo que sí se aprobó fue un proyecto que convertía en crimen las peleas de gallo; es decir, que la vida de un gallo de pelea tiene más valor en Carolina del Sur, que la vida de una mujer. Si eso es vergonzante, lo peor es que un integrante del comité que rechazó el proyecto de criminalizar la violencia doméstica, dio a entender que las mujeres merecen ser maltratadas, porque, según dijo el flamante “servidor público”, “yo no entiendo cómo una mujer no puede dejar a un hombre que la maltrata”. O sea, la legislación es innecesaria, las mujeres se pueden defender por sí mismas.

Y no es que defienda las peleas de gallos—las cuales ni me van ni me vienen y de hecho están prohibidas en una gran mayoría de los estados de la nación estadounidense—, o que apoye la crueldad a los animales. Es simplemente que la protección a la vida humana debe ser prioridad o que ambos, animales y humanos, pueden ser protegidos, sin que haya exclusión mutua. Sentido común, creo yo.

Ese divorcio con la realidad es lo que causa pánico acerca de los llamados políticos conservadores. Ese desdén por la suerte de los demás, principalmente por los más débiles en la sociedad, la mezquindad, el elitismo y el egoísmo que los caracteriza, mientras por otro lado viven cacareando su religiosidad y cristianismo, debe meternos miedo.

Fíjese usted en el récord de los conservadores: siempre están en contra de las oportunidades que permitan subsistir o avanzar a los más débiles. Cuando no es buscando negarles derechos en las cortes, ensanchando con su poder el abismo entre ricos y pobres, y negando los programas sociales que den a estos últimos un chance a la igualdad o al avance, es creando leyes que llenan las cárceles precisamente de los miembros más vulnerables de la sociedad, aquellos que por su situación son más propensos a delinquir. Para esos también, —las llamadas minorías: hispanos y negros, en su mayoría— se ha creado, y los conservadores siempre persiguen con ahínco establecerla donde no existe, la pena de muerte. Es una forma fácil de quitar de en medio, y seguir avasallando, a las mayorías pobres.

Es por eso que ningún pobre debe equivocarse: hay que siempre negarle el voto a esa gente desalmada, sin compasión.


Isaias Medina Ferreira
http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html
Comentarios (1)Add Comment
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escrito por M.P, julio 23, 2007
HAERMANO MUY BUEN ARTICULO, ME GUSTO BASTANTE

MARGARITA PAULINO

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