| Reverendo William Sloane Coffin, Jr. Parte II |
|
|
|
| Por Isaías Medina-Ferreira | |
|
Al cumplirse un año de su muerte (2 de 3) Parte II
Los obras de los hombres preclaros como el Rev. William Sloane Coffin, Jr., trascienden geografías y sus enseñanzas ya no se limitan a una raza, a una región o a un credo, sino que pasan a ser patrimonio de la humanidad. En esta segunda, y la tercera entrega que seguirá, dejaré que esa voz de trueno, la que a tantos inspirara, suene con la claridad sencilla y al mismo tiempo profunda que lo caracterizó. Como cronista, me limitaré a introducir cada tema. Por eso, lo que sigue podrá parecer a veces un mosaico de temas inconexos. Si bien sus creencias presbiterianas eran firmes, para Coffin, en principio todos los movimientos religiosos son inherentemente buenos. “Ciertamente, todas las religiones son diferentes. En el fondo, sin embargo, la mayoría cumple la misma función; o sea, buscan que las personas trasciendan de la preocupación por sí mismas a la entrega en amor por Dios y el prójimo. Demostrar amor a Dios amando al prójimo es un impulso que se encuentra con la misma intensidad en el Cristianismo, en el Judaísmo y en el Islamismo. Tenemos más en común que lo que nos separa. Por lo tanto, hace sentido que en el mundo fracturado en que vivimos, los religiosos pasemos del reclamo de la verdad a ejercer y practicar la función que la verdad debe jugar dentro de nuestras vidas… mi entendimiento del Cristianismo es que éste debe estar en la base de todo movimiento progresista que persiga la justicia y traiga un mayor grado de paz al mundo”, le decía a Bill Moyers en una entrevista. En la misma entrevista con Moyers, Coffin se refería a algo que lo disgustaba sobremanera: “Las personas indiferentes al dolor ajeno en puestos de mando me enojan; sobre todo de la manera que las grandes corporaciones y el gobierno de los Estados Unidos se comportan. Lo que me enoja es que sean tan insensibles, tan increíblemente insensibles… cuando uno ve personas indiferentes en lugares de mando, todos debiéramos estar bien enojados”. Según Coffin, el valor espiritual más digno de ensalzar era el amor y no el lado punitivo del Cristianismo. Para él, el evangelio social de Cristo, el Jesús de las Beatitudes y el del Sermón de la Montaña, era lo que debía guiar al Cristianismo. “La justicia está en el corazón de la fe religiosa y ésta requiere participación política. Cuando vemos a Cristo dar poder al pobre, desdeñar al poderoso y curar las heridas del mundo, estamos presenciando transparentemente el poder de Dios en acción”. En cuanto a la creencia en Dios: “Las verdades de las religiones son capturadas en un lugar más profundo de lo que permite la comprensión, la razón… como los sentimientos pueden ser traicioneros, la mente debe jugar un papel crítico en la vida religiosa; pero la mente sola no puede descubrir a Dios”. Su posición en cuanto a la superioridad de los Estados Unidos era: “Como nación, tenemos la noción de que somos no sólo la nación más poderosa, lo cual es cierto, sino que también somos la más virtuosa”. Sostenía que erradicar ese orgullo tan profundamente sentado en la psique del pueblo norteamericano, iba a requerir la espada de la verdad de Cristo. Refiriéndose al alegato de que los Estados Unidos son un país de paz que sólo usa la fuerza cuando es atacado, exclamaba: “Eso debe ser noticia para los Nativo-Americanos. También debe ser noticia para los negros; y también para los filipinos, los cubanos, los dominicanos, los haitianos y los nicaragüenses donde nuestros Marines han incursionado innumerables veces. Lo que quiere decir que ninguna nación, la nuestra o cualquier otra, está bien servida por la ilusión de la rectitud. Todas las naciones hacen decisiones basadas en sus intereses y entonces las defienden en el nombre de la moralidad”. Y añadía, “nunca se debe batallar contra la maldad como algo que surgiera totalmente fuera de nosotros… todos hemos pecado y caído”. Coffin fue crítico acérrimo de la proliferación nuclear y la política exterior de su país, sobre todo la invasión a Irak, acciones todas que consideraba nefastas y basadas en una supuesta superioridad moral que en principio es inaceptable. “Creo que soy un patriota americano que ama a su país lo suficiente para reconocer sus flaquezas”, decía respondiendo a quienes criticaban sus posiciones como antipatrióticas. “Lo que debemos recordar es que el derecho a disentir en una democracia no es antipatriótico; lo que es antipatriótico es la sumisión ciega a una política mala y errada”. En cuanto a la proliferación nuclear y la venta de armas, cuyo mercado es dominado en más de la mitad por los Estados Unidos, sostenía: “Cuando la Unión Soviética colapsó, tuvimos la gran oportunidad de acabar con la proliferación nuclear. Debimos tomar la delantera, aceptar inspecciones, entonces invitar al mundo a hacer lo mismo y hacer tratados que llevaran al desarme total. No podemos pedir a los demás países que renuncien a tener acceso a las armas nucleares si no estamos dispuestos a hacerlo nosotros. ¿Cómo le dice un hombre gordo a uno flaco que renuncie a su comida, sin antes ponerse él mismo a dieta?... es también imposible que los países árabes vayan a renunciar a tener armas nucleares hasta que Israel no renuncie a las suyas… yo espero que la iglesia ejerza su función, se pare de frente y le diga al gobierno que es inaceptable que siga usando las armas para alcanzar metas en política exterior. Es también una inmoralidad utilizar la comida para recompensar o castigar a otros países”. Comentarios (0)
![]() Escribir comentario
|





