sep
05
2008
Today
Reverendo William Sloane Coffin, Jr. PDF Imprimir E-Mail
Por Isaías Medina-Ferreira   

Al cumplirse un año de su muerte (1 de 3)

El día 12 de Abril de 2006 falleció en el Estado de Vermont, Estados Unidos, el Rev. William Sloane Coffin, Jr. ¿Quién? Podría usted preguntarse con justeza, pues el ministro presbiteriano, ardiente defensor de los derechos humanos, contaba a la hora de su muerte con 81 años, y su activismo apasionado había mermado durante los últimos años de su fructífera vida. Aunque fue un crítico acerbo y elocuente de la invasión a Irak y el cristianismo tergiversado de George W. Bush y sus aliados, sus fuertes batallas las había librado mientras ocupaba la posición de Capellán en la Universidad de Yale, en los años 50 y 60, tiempo en que se distinguió por su oposición activa a la guerra de Vietnam y su apoyo incondicional al movimiento de los derechos civiles, siendo el primer ministro religioso blanco en hacerlo, durante los cuales fue organizador de los llamados “freedom rides”, o sea, “recorridos para la libertad”, lo que le costó ir a la cárcel en varias ocasiones.

Entre los eventos memorables de su distinguida carrera están: haber sido agente de la CIA, soldado en la Segunda Guerra Mundial, Capellán no sólo de Yale, sino de Williams College y Phillips Academy. Por más de diez años fue ministro de la Riverside Church (Iglesia de Riverside) en Manhattan, NY. Quienes asistían a sus disertaciones en ese tiempo, recuerdan que su sermón más memorable fue el que dijera a raíz de la muerte de su hijo, quien pereció en un accidente. Él se negaba a aceptar que la muerte de éste o la ocurrencia de cualquier otra tragedia, fuese la voluntad de Dios. “Dios”, dijo en esa ocasión, “está llorando también”. El Dr. Coffin sostenía que las miles formas en que los humanos nos herimos unos a los otros no son culpa de Dios. “La maldad es generalmente resultado del abuso de la libertad que Dios generosamente nos ha legado”. Al salir de Riverside Church, Coffin pasó a ser presidente de la organización SANE/Freeze (que hoy se llama Acción por la Paz), la más grande organización por la paz y la justicia en los Estados Unidos. Durante sus años como ministro y Capellán, el reverendo Coffin compartió su lucha con líderes de la estatura de Martin Luther King, Jr., Desmond Tutu, Nelson Mandela, Rose Styren y Olaf Palmer. El Reverendo Sloan, de la tira cómica “Doonesbury”, está inspirado en su persona. Su reputación de hombre cabal fue tal, tanto en su patria como a nivel internacional, que cuando el personal de la embajada estadounidense en Teherán fue secuestrado, en 1979, Coffin fue uno de cuatro ministros a quienes los estudiantes iraníes permitieron que fueran a celebrar las navidades con los rehenes. El Dr. Coffin escribió varios libros, entre ellos “Credo”, una compilación de meditaciones que es como su testamento final.

Al perder el movimiento progresista mundial una voz tan resonante y respetada como la del Dr. Sloane Coffin, creo una obligación, por la frescura e inteligencia de sus creencias y enseñanzas de valor universal, darlas a conocer, aunque sea sólo en renglones borrosos, a fin de que sean difundidas y conocidas entre nuestros futuros líderes, esperando que su pensamiento se convierta en enseñanza obligada para todo aquel que añora un mundo menos desigual, en que las masas de pobres tengan las oportunidades que les permitan vivir una vida con dignidad. Aunque obviamente este escrito y las acciones del reverendo Coffin se refieren a la realidad norteamericana; en general, las aspiraciones de sus enseñanzas no tienen fronteras, pues se refieren a cuestiones universales, como la creencia religiosa, la paz y la justicia social.

Como era creencia de don Pedro Henríquez Ureña, el gran intelectual nacido en nuestra República Dominicana, para el Reverendo Sloane Coffin, la sed de justicia debía preceder cualquier otra preocupación humana. “Justicia, no caridad”, decía, era la respuesta para vencer las causas de la pobreza. “Muchos de nosotros estamos más que dispuestos a responder a las injusticias”, añadía, “siempre y cuando no tengamos que confrontar sus causas. Es ahí la gran falla de la caridad. Las limosnas a las personas necesitadas son genuinas, una respuesta necesaria a la injusticia, pero no confrontan sus causas. Es por eso que muchos empresarios y líderes gubernamentales de hoy están promoviendo la caridad, la cual se necesita desesperadamente en una economía cuya prosperidad se basa en el crecimiento de la desigualdad. Primero, estos líderes se autodenominan expertos en materias económicas y lo prueban al sacar el máximo de ventajas de la economía. Entonces promueven la caridad como si fuese trabajo exclusivo de la iglesia, diciéndonos a nosotros los clérigos, cállense y bendigan la economía como una vez bendijeron nuestros portaaviones.”

Cuando en la década de los 80, debido a las reducciones de impuestos para los más ricos, como está sucediendo ahora, comenzaron a aparecer a lo largo de los Estados Unidos los desposeídos sin viviendas que dormían bajo los puentes, en las estaciones de trenes subterráneos, o en los parques, las iglesias y otras organizaciones caritativas tuvieron que organizar refugios y preparar comidas para la gran cantidad de hambrientos que surgieron. En esa oportunidad, el Dr. Sloane Coffin afirmó: “Las iglesias tienen que dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y refugiar al que no tiene techo. Pero (los políticos) deben recordar que la respuesta a la falta de viviendas es hogares, no refugios. Lo que los pobres necesitan no es ‘caridad al detalle’, sino ‘justicia al por mayor’”. Y añadía, parafraseando las palabras del profeta Amós: “Dejemos la justicia correr como agua, y la rectitud como un arroyuelo que nunca se agota”.

Hombre de convicciones profundas, Coffin creía que la iglesia debía volcar sus enseñanzas morales en la política. “En las Escrituras”, decía, “no hay una respuesta puramente espiritual a la esclavitud; ni tampoco una respuesta puramente espiritual al dolor del pobre… en tiempos de opresión, sin embargo, si no traducimos nuestra fe en acciones políticas, corremos el riesgo de lavarnos las manos como Pilatos.” Su visión era que los ministros de Dios deben de dejar de contar historias de la Biblia desde el púlpito y sacar los regalos espirituales de las Escrituras, relacionarlos con la vida y los asuntos cotidianos, y actuar como Cristo lo hacía. (Continuará)

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