|
|
|
| Topicos y Opiniones | |
| Por Isaías Medina-Ferreira | |
Tres micro relatosI. El Pleito de SiboneyAl abrir la puerta, la luz de la calle reveló su enorme cabezota como de dinosaurio que me miraba con ojos fosforescentes desde el fondo del cuarto. Medio atemorizado, tratando de acostumbrar mis ojos a la poca luz, di varios pasos hacia adelante y vi su espigado cuerpo avanzar tambaleante hacia mí, como si anduviera en zancos. Al interceptarme el paso, comprendí que iba a tener que pelear. “Yo que no ‘toy en forma pa’ estas vainas”; como pude, con resoplidos de fuego de caballo agitado, y luchando por tenerme en pie, mas por machismo que por deseos, alcé mis puños a ver si lo espantaba. Para mi sorpresa, lo vi a él hacer lo mismo y cuadrarse como yo. Avanzamos unas cuantas pulgadas más, como midiéndonos, y al encontrarnos fui el primero en lanzar un golpe que él me devolvió de forma automática y con tal fiereza que al abanicar de a poco caemos uno a los pies del otro. De pronto, usando el poquito de fuerza que conservaba, con el corazón en la boca, cerrando los ojos le asesté un puñetazo brutal que lo hizo saltar en pedazos por toda la habitación. No supe qué me golpeó, pero ahora que despierto en el piso frío, nadando en un fango hecho de un líquido amarilloso ligado con sangre, comida a medio digerir y vidrios rotos; cuando veo la sangre seca en mi mano derecha hinchada como si la hubiera picado una cacata, lo comprendo todo. Me siento y miro a mi alrededor y en la pared, que veo girar como tiovivo burlón, se destaca el marco de caoba de casi 3 pies de ancho, que va desde el piso hasta el cielorraso, donde sólo queda el cartón marrón con manchas de sangre. Siento que mi cabeza se explota mientras el carrusel en que navego, que apaga y prende sus lucecitas de colores con intermitencia creciente, se acelera, y mi estómago, asaltado por miles de sapitos perversos que lo aguijonean con sus diminutos falos que secretan un jugo amargo-amarillo-verdoso que sale por mi boca, debilita todo mi cuerpo y me hace sudar frío, lo que me obliga a buscar refugio en el cemento agradable del piso que me abraza de nuevo resignado.II. La duda de Siboney Todo comenzó por una curiosidad aplazada y por complacer a mi ahijado, el hijo del compadre Miguel Ángel, quien siempre me vivía hablando de las cosas extraordinarias que se podían hacer en la Internet. Yo, que por el afán de ocultar mi ignorancia le hacía creer que entendía de esas cosas diciéndole “ya lo sé, mi ahijado”, y que hasta ahora me había zafado de complacerlo alegando que no tenía tiempo, por fin acepté hoy su invitación para quitármelo de encima. “En la Internet está todo, padrino Sibo”, me repitió Enerito. “Vamos a teclear su nombre, a ver qué dicen de usted... a ver, a ver... ah, aquí está: ‘In Memoriam. Que en paz descanse el alma del Sr. Siboney Osiris Yépez Mendoza, vecino de Junquito-Mao, Provincia Valverde, República Dominicana, fallecido en la paz del Señor la semana Santa del año 2000. Sus hijos, Monchy y Mateo, sus nietos Chavo, Florinda y Doroteo, y su viuda Doña Bárbara, lo recuerdan con amor en éste el duodécimo aniversario de su sentida muerte...’”. ¿Será coincidencia o en realidad estoy muerto? En medio de la niebla inmensa que me rodea busco explicación de Enerito, pero ya no está. Tampoco está mi cuerpo. Sólo mi pensamiento está y estas pelotas de playas con números grandotes que saltan y rebotan a mi alrededor como astronautas en la luna y que me siento obligado a leer en voz alta: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1597, 2584, 4181, 6765, 10946… ojalá y sea sólo un sueño como otras veces.III. El incendioAnte la mirada asombrada de los curiosos, la cuadrilla de bomberos se resignó a observar desde la acera cómo a su cuartel con todo y camión-cisterna adentro lo consumían las voraces llamas del incendio…Isaias Medina Ferreira http://www.maovalverde.com/contact/isaias-medina-ferreira.html Comentarios (11)
![]() escrito por moncito, diciembre 02, 2007
Sr. Ferreira, debo decirle que no pude si no explotar la risa al leer el del incendio. A que bomberos se le quema su propio cuartel si no a una balsa de inutiles? Quiero una vez mas felicitarlo por su imaginacion y su forma de usar el leguaje; me parece clasica su forma de describir la vomitadera del personaje: "Siento que mi cabeza se explota mientras el carrusel en que navego, que apaga y prende sus lucecitas de colores con intermitencia creciente, se acelera, y mi estómago, asaltado por miles de sapitos perversos que lo aguijonean con sus diminutos falos que secretan un jugo amargo-amarillo-verdoso que sale por mi boca, debilita todo mi cuerpo y me hace sudar frío, lo que me obliga a buscar refugio en el cemento agradable del piso que me abraza de nuevo resignado". Quienes nos hemos emborrachado, podemos apreciar lo que usted describe con maestria. Gracias.
escrito por PabloMustonen, diciembre 02, 2007
El ron Siboney era (es) uno de los rones más fuertes, recuerdo que me regalaban dos cajas del más duro que era el "caco rojo". Esa vaina era una cosa seria y siempre lo dejábamos para el final. No recuerdo ningún otro de efectos tan rápidos y mortales. Las "nimitas" que volaban sobre nuestras cabezas eran enormes y el malestar estomacal duraba una eternidad. Solo Isaias es capaz de narrar esa odisea con la gracia contagiante y magistral como solo el puede hacerla. Y hablando de frases cortas me gustaría saber quién fué el autor de este pequeño verso:
" La luna en el mar riela y en tus ojos las estrellas". Saludos Pablo escrito por I. A. Medina, noviembre 30, 2007
"Conciencia maeña", gracias por ese reconocimiento que sinceramente creo no merecer pero que me inspira a ser mejor, pues a pesar de que a veces pienso que estoy tirando semillas al aire que se esfuman con el viento, usted me está diciendo que no, que algunas de esas cosas que digo alcanzan oídos atentos, que esperan siempre lo mejor de mi. Trataré de no defraudarlo y de siempre hacer el mejor esfuerzo, aun cuando no tenga ánimo, pues no sabe uno quien está en las gradas observando. Gracias por leer mis cosas, las cuales escribo con mucho júbilo, en espera de informar y abrir diálogos, y en las que prima más que nada el respeto a la inteligencia del lector. Muy agradecido. Siga leyendo, por favor.
Isaías escrito por La Conciencia Maeña, noviembre 30, 2007
Isaias,
Usted es uno de esos valores maeños que debemos tener en nuestras mentes, su talento es inigualable y es comparable con los grandes personajes de nuestra sociedad maeña. Yo le deseo todo lo mejor en su vida, y espero que Mao sepa valorar todo lo que usted hace por nuestra juventud. Espero poder seguir leyengo más sobre sus trabajos, se que usted tiene mucho que dar. Saludos La Conciencia Maeña escrito por I. A. Medina, noviembre 29, 2007
Dionisio, muy buen observador usted y su amigo. Sí, los números que aparecen siguen la secuencia de Fibonacci. Gracias.
Johnny Vargas, ¿el hermano de Sergio y Kaky? Gracias por su participación. Ya le contesté en otro comentario. Gracias Luis por su comentario. Los cuentos seguirán. Isaías escrito por I. A. Medina, noviembre 29, 2007
Amigo Johnny, la historia se origina en la imaginación; podría ser parte de un futuro libro; Siboney se faja con el espejo que refleja su figura al regresar a la habitación oscura borracho...
Ing. Tony... eso es todo de El incendio. Un micro-relato es como una cápsula que comprime todos los elementos del relato con la menor cantidad de palabras. Creo que lo más memorable no es tanto lo que se dice, sino lo que se deja de decir o lo que se insinúa. En El incendio hay encerrada una gran ironía... ¿no es algo inusual que se le queme el cuartel a los bomberos, con todo y camión-cisterna, mientras ellos lo contemplan? ¿No abre eso una serie de interrogantes y hasta da lugar a la burla? Incapacidad, acto de terrorismo, explosión que los forza a salir huyendo, etc. El más famoso de todos los micro-relatos dice "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Sobre el significado de ese micro-relato de Agusto Monterroso se han escrito libros... Isaías escrito por Luis Santiago, noviembre 28, 2007
Destaca el poder de narrador del buen amigo Isaias, me gustaria seguir leyendo y enterandome de la historia.
escrito por ING. TONY RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, noviembre 28, 2007
Señor Isaias, por que solo una fracción de "El Incendio", me gustaría leerla completa si esto es posible.
Ing. Tony Rodríguez escrito por Johnny Vargas, noviembre 28, 2007
Me Parece una historia muy intensa aunque corta... Me refiero al Pleito de Siboney... Y con que fue que le Golpeo ?
escrito por Johnny Vargas, noviembre 28, 2007
Como Se Origina esa historia ? Es Parte De Algun libro ?
escrito por Dionisio, noviembre 28, 2007
Profesor, hace mucho que no le escribia, aunque siempre leo sus escritos, que son fuente de ensenanzas. Usted ha demostrado con sus bien logrados relatos que hasta la pelea de un borracho con un espejo y su vomitadera pueden ser elementos artisticos si son propiamente moldeados. Un amigo que leyo las historias dice que en el del sueno los numeros que usted utiliza son la famosa secuencia de Fibonacci (cada numero es igual a la suma de los dos precedentes). El incendio es cruel, ironico y hasta comico. Einstein decia que la imaginacion es mas importante que la inteligencia... Gracias por compartir sus cosas con nosotros.
Dionisio Escribir comentario
|
|






Todo comenzó por una curiosidad aplazada y por complacer a mi ahijado, el hijo del compadre Miguel Ángel, quien siempre me vivía hablando de las cosas extraordinarias que se podían hacer en la Internet. Yo, que por el afán de ocultar mi ignorancia le hacía creer que entendía de esas cosas diciéndole “ya lo sé, mi ahijado”, y que hasta ahora me había zafado de complacerlo alegando que no tenía tiempo, por fin acepté hoy su invitación para quitármelo de encima. “En la Internet está todo, padrino Sibo”, me repitió Enerito. “Vamos a teclear su nombre, a ver qué dicen de usted... a ver, a ver... ah, aquí está: ‘In Memoriam. Que en paz descanse el alma del Sr. Siboney Osiris Yépez Mendoza, vecino de Junquito-Mao, Provincia Valverde, República Dominicana, fallecido en la paz del Señor la semana Santa del año 2000. Sus hijos, Monchy y Mateo, sus nietos Chavo, Florinda y Doroteo, y su viuda Doña Bárbara, lo recuerdan con amor en éste el duodécimo aniversario de su sentida muerte...’”. ¿Será coincidencia o en realidad estoy muerto? En medio de la niebla inmensa que me rodea busco explicación de Enerito, pero ya no está. Tampoco está mi cuerpo. Sólo mi pensamiento está y estas pelotas de playas con números grandotes que saltan y rebotan a mi alrededor como astronautas en la luna y que me siento obligado a leer en voz alta: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1597, 2584, 4181, 6765, 10946… ojalá y sea sólo un sueño como otras veces.