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Ventana
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Por Wilson Moreta Tremols
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Tuve la oportunidad de tener en mis manos un proceso hace ya algún tiempo en que el origen del conflicto, no era nada más y nada menos que una agresión despiadada de un hijo hacia su madre. La situación fue tan difícil que la madre tuvo que ser internada en un centro de asistencia debido a los golpes y maltratos recibidos de su hijo. Lo más contradictorio de todo esto es que a pesar de estar golpeada salvajemente de sus labios no salía ni siquiera una palabra de maldición para su hijo y sólo se limitaba a decir que DIOS lo perdone. Hoy he visto en televisión una situación similar. El otro día revisaba uno de los libros que personalmente más me gusta de las Sagradas Escrituras. El libro del Eclesiástico o Siracida, traducido al griego en el año 245 antes de Jesucristo por Jesús, hijo de Sirac, judío de Jerusalén, en los tiempos en que reinaba en Egipto Ptolomeo Evergetes, hijo de Ptolomeo Filadelfo. He tomado del capítulo 3 algunos de sus versículos, en los que se plantea cómo los hijos deben relacionarse con sus padres y ello a pesar de que ustedes lo saben, lo quiero reflexionar para que lo tengamos todavía más presente. “Escuchen, hijos, los preceptos de su padre y háganlo si quieren salvarse.
Porque Dios quiso que el padre sea honrado de los hijos y vindica y confirma la autoridad de la madre sobre ellos.
Quien ama a Dios alcanzará el perdón de los pecados, y se abstendrá de ellos; y será oído siempre que lo ruegue.
Como quien acumula tesoros, así es el que tributa honor a su madre.
Quien honra a su padre, tendrá consuelo en sus hijos y al tiempo de su oración será oído.
El que honra a su padre vivirá larga vida; y da consuelo a la madre quien al padre obedece.
Quien teme al Señor, honra a los padres; y sirve, como a sus señores, a los que le dieron el ser.
Honra a tu padre con obras y con palabras y con toda paciencia;
para que venga sobre ti su bendición, la cual te acompañe hasta al fin.
La bendición del padre afirma las casas de los hijos; pero la maldición de la madre las arruina hasta los cimientos.
Hijo, alivia la vejez de tu padre y no le des pesadumbre en su vida; y si llegare a volverse como un niño, compadécelo y jamás lo desprecies por tener tú más vigor que el; porque la beneficencia o caridad con el padre no quedará en el olvido.
Así la justicia será el fundamento de tu casa, o edificio; y en el día de la tribulación habrá quién se acuerde de ti; y como en un día sereno se deshace el hielo, así se disolverán tus pecados.
¡Oh cuán infame es el que a su padre desampara! ¡Y cómo es maldito de Dios aquel que exaspera a su madre!”
Wilson Moreta Tremols http://www.maovalverde.com/contact/wilson-moreta-tremols.html
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