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| Vivencias | |
| Por Pablo Mustonen | |
BubulaRecuerdo cuando llegó, era una enorme chatarra con cuatro desiguales y "zapatonadas" ruedas. No había forma de distinguir su color indefinido, tratábamos de adivinar entre el verde y el azul.No sé si fue Ñeño su primer conductor. Su ruta era desde Sibila hasta la Finca Bogaert y costaba unos cuantos centavos. Se movía lentamente; más bien trotaba y relinchaba. En las bajadas y para ahorrar combustible la ponían en neutro, si alguien deseaba montarse a mitad del trayecto del "ahorro" debía correr a la misma velocidad que el viejo artefacto llevaba y con la ayuda del "piche" que desde su interior te extendía la mano, dando un acrobático salto, caías casi de bruces al lado del conductor . Los domingos la ruta se extendía hasta el balneario “Brisas del Mao” y era mi día preferido, las bebidas eran repartidas desde que entrábamos, alguno que otro muchacho tenía un "pote" embolsillado y lo compartía con sus "camaradas". En uno de cada tres viajes había que dejarla descansar, echarle unas cuantas latas de agua a su sobrecalentado y humeante radiador, esto molestaba a quienes esperábamos por la "rebelde", perdíamos la paciencia y decidíamos irnos a pies. La maldecíamos cuando casi llegando a nuestro destino, el "chatarrón" nos alcanzaba. ¡Qué furia! Grrrr.... Cuando nos montábamos, debíamos saber elegir el asiento y hasta llegamos a conocerlos uno por uno. A mi me pasó una sola vez, al levantarme de uno de sus asientos, repentinamente y sin esperarlo apareció la clásica "L" que te hace el resorte de un asiento en mal estado, repentinamente y sin esperarlo, había perdido mi pantalón "dominguero"; me dieron ganas de llorar y cobrar por lo menos el costo del remiendo, pero sabía que ese reclamo no tendría oídos para ser escuchado y me resigné a lo sucedido. Lo que no faltó fue el "boche" que me dieron al día siguiente. Qué mala suerte... Por aquel mamotreto pasaron todos los mecánicos y nadie pudo dar, como decíamos en esos tiempos, "pie con bola"; los "maestros" no podían diagnosticar la leve tos de su motor, que luego se convirtió en una crónica tuberculosis y esta enfermedad la llevó a la tumba. Creo que fue al maestro Andrés, que una vez trató de salvarla y cuando le abrió el radiador, este lo bañó en un sucio y oxidado vapor, dejándole el antebrazo derecho inutilizado por largos días, la quemadura fue tal que ni el cristal de "sábila" lo curaba. Los mecánicos festejaron su "muerte". Nosotros los transeúntes la lamentamos. Sí, antes de que en Mao hubiera conchos, existió “Bubula”. Con todas sus faltas, ¡qué útil nos era! ¡Eso era vivir! Pablo Mustonen Comentarios (2)
![]() escrito por Dionisio, noviembre 28, 2007
Mao tiene en Isaias y Pablo a dos narradores de primera. A veces no entiendo la indiferencia que muestran los maeños ante estos dos talentos. Dicen que nadie es profeta en su tierra. Gracias.
escrito por Isaías, septiembre 25, 2007
Te la comiste, Pablo. La Bubula era todo un show... me imagino que para empujar ese armatoste era un lío mayor. ¡Pa'lante, Flaco!
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