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| Vivencias | |
| Por Pablo Mustonen | |
El Sapo BogaertApreciado hoy por sus ancas sabrosísimas, fue introducido al país como comedor de alimañas. Como para esa época no se conocían los insecticidas, fue necesario importarlos desde Trinidad-Tobago, para que a medida que se reprodujeran, sirvieran como control biológico y así evitar que la gran variedad de insectos y alimañas dañaran las cosechas.Su nocturno y eterno croar era un agradable sonido a nuestros oídos. Era prohibido tocarlos y estos se multiplicaron en tal magnitud que llegaron a extenderse por todo el país. Hoy hay que criarlos en lagunas artificiales y su precio es enorme; los amantes de sus ancas se los disputan entre sí y cada día son mejores cotizados. Recuerdo una vez que llegó uno de los tantos primos de los que estudiaban en los E.U.A y entró a la casa con una docena de estos los que traía bien amarrados, con un cordel. Los introdujo en una lata llena de agua y al don Eduardo Bogaert verlos, preguntó: "¿para qué son esos animales?"; el primo le contestó: "para comerlos". Echando pestes casi lo saca a patadas de la casa. Luego, un poco más controlado, enciende el "Jeep" y le ordena que traiga los "sapos" y pide que le indique la dirección de dónde había obtenido la preciosa carga. Al llegar al lugar le sugirió devolverlos a su hábitat natural, no sin antes obligarle a comprometerse a que nunca más tocaría aquellos valiosos anfibios. Desde ese instante supimos que estos batracios eran casi "sagrados" y que desde ese entonces su peso se cotizaba en oro. La verdad que estos horribles seres cada noche una labor extraordinaria y dejaban los arrozales limpios de gusanos, mariposas, larvas dañinas, etc. Eran expertos cazadores y ágiles nadadores. Su reproducción es ovípara y la hembra pone sus miles de huevos en una especie de cinta blanca gelatinosa, que al tocarla produce una rara sensación en las manos. Cada vez que encontrábamos una de estas "cintas" en estado de peligro, tratábamos de moverla a un sitio más conveniente. Hoy sus ancas son un plato gourmet y se le ha cambiado el nombre; unos les llaman "maco pepén" y otros "i", su precio y demanda, es comparable a los cangrejos y langostas de Nueva Inglaterra, en el nordeste de Estados Unidos. A pesar de los recuerdos que me traen, me encantan sus ancas fritas al "ajillo" acompañadas de un buen vino tinto. Su sutil carne es muy agradable al paladar, ojalá no desaparezcan. Amén. Pablo MustonenComentarios (4)
![]() escrito por Dory, diciembre 29, 2007
El comentario es bueno, pero tambien es una alerta para que todos hagamos un esfuerzo para salvar y conservar esa especie, que buena observacion, la de que ellos exterminaban las plagas de los cultivos eso lo hace aun mas valiosa para la gricultura pues les brindan una ayuda a los agricultores evitando tener que usar pesticidas no organicos y tambien pueden ser una fuente de ingresos para aquellos que quieran dedicarse a la cria y venta de esos batracios. Ayudemos a preservar el planeta y nuestras aguas utilizando el control de plagas organico y si esa especie es tan buena para exterminar plagas, tratemos de cuidarla y preservarla para beneficio de la agricultura. Gracias por el articulo, Feliz 2008 a todos Mao
escrito por Isaías, diciembre 28, 2007
Estoy celoso: la MP ni siquiera para insultarme hace un comentario a lo que escribo. Pa' Pablito, que además le gustan las ancas de sapo, para él sí hay atención. No te apure pajarita; aigún día ajoican blanco...
escrito por MP, diciembre 27, 2007
Pablito nunca comeria anca de rana,pero te felicito buen articulo
Margarita Paulino escrito por Isaías, diciembre 27, 2007
El Sapo Bogaert va por el mismo callejón del Pájaro Bobo. ¡Qué pena! Buen trabajo, Flaco. Sigue pa'lante. Salud.
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